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Full text of "Cartas de un americano sobre las ventajas de los gobiernos republicanos federativos"

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LAS VENTAJAS 



IXE LOS 



GOBIERNOS REPUBLICANOS FEDERATIVOS. 



LONDRES: 

IMPRENTA fi»PAMOLA BE M. CAf.Vno, 
17, PREDBRICK PLACE, GOSWEtL ROAD. 

1826. 



THE NEW YORK 

PÜBLÍC LIBRAR Y 

158487 

A8TOR, UNQX ANO 
TILDEN F0UM0AT10N8. |' 



üQ^i^iBi&'ffiasKsaüt» 



Una casualidad puso en mis manos las at^fuiUa^ 
cartasj en las cuales se dcsenvuehen^ en la nnpug-^ 
nación que se hace al Sr. D* Juan Egaña^ tA9 
teorías presentadas por los autores del FederálistUy 
que sirven de base al sistema republicano federativo 
que se admira en Washington^ y que los habitan^ 
tes de -Méjico y de Goatemala han tenido el fili% 
acierto de introducir en su patria. Por lo mismo 
que este sistema es poco conocido^ importa mucho 
explicarlo bien^ remover las dudas que debe causar 
su novedad^ generalizar la persuasión de su bené-^ 
fico inflinjo^ y satisfacer á los argumentos de sun 
impugnadores^ demostrando sus ventajas. 

Pareciéndome su contenido de la mas alta tras^ 
cendencia para fijar unas ideasy que en el dia son 
muy necesarias á todo nuevo estado independien- 
te que quiera ser libre j y que exija constitucional^ 
mente de sus gefes que no contrarien la opinión 



II 

pública^ que por todas partes se va pronunciando á 
favor de la federación / he resuelto darlas á la luz 
pública^ animado de la dulce esperanza de ser útil 
á la causa de la verdadera libertad americana. 
Feliz me estimaré si los magnánimos promotores de 
la federación mejicana y goatemalteca^ que en el 
vuelq de su patriótico genio, salvaron los montes de 
dificultades y p: eocupaciones que presentaba el súbi- 
ta tránsito del despotismo imperial al establecimien- 
to del sistema federal, encuentran en este opúsculo 
nuevas razones de convicción para continuar tan 
grandiosa obra, y nuevos motivos de alegría al ver 
confirmados ya sus pronósticos en los progresos de 
orden interior, de prosperidad pública^ de crédito 
y gloria que se observan en los nuevos estados re-» 
publicanos federativos. ¡ Quiera el cielo que los de* 
mas del continente americano sigan tan noble ejem-^ 
pío, y sin desórdenes ni efusión de sangre, unifor* 
men, en lo posible, sus sistemas de gobierno con 

los de Washington, Méjico y Goatemala! 
Londres 1 f de julio de 1836. 

UN VERDADERO AMERICANO 
INDEPENDIENTE Y LIBRE. 



.índice. 



ooo 

FOL. 

Carta i. Necesidad de discutir <la cuestión relativa á 
las ventajas de los gobiernos republicanos fede- 
rales 1 

Carta ii. De la naturaleza de los modernos gobier- 
nos republicanos federados ••..••••••••• 6. 

Carta iii* Examen comparativo de los gobiernos re- 
publicanos federales entre sí, y los consolida- 
dos establecidos en las Américas ••..•• S3 

Carta iv. Se examinan los principios sobre los cuales 

se apoyan los impugnadores del sistema federativo. 55 

Carta v. Ventajas de los gobiernos republicanos fe- 
derativos *. t 80 

Carta vi. Se contesta á los argumentos con que se 
impugnan las ventajas de el sistema republica- 
no federativo, •.•••••• *• •#•••••• 102 

Carta vii. Se demuestra la excelencia de los gobier- 
nos republicanos federativos con los resultados que 
ofrecen los Estados-Unidos del Norte-América.». 131 

Carta viii. Continúa el asunto de la anterior* •••• • 156 

Carta ix. Breves observaciones sobre la constitución 

de Chile • »« 168 



CARTAS 



mm Qisi üsatiBiEaalüSKD 



SOBRE 



LAS VENTAJAS 



])E íiOa 



GOBIERNOS REPUBLICANOS FEDERATIVOS. 



CARTA !• 

NECESIDAD DE DISCUTIR LA CUESTIÓN RELATIVA A 
LAS VENTAJAS DE LOS GOBIERNOS REPUBLICANOS 

FEDERALES. 

Amigo mio: no se engañó V. en persuadirse que 
liabria de leer yo con ansia las Memorias políticas 
sobre las federaciones que el ciudadano D. Juan 
Egaña publicó en Chile en el presente año. Apenas 
llegó á mis manos el ejemplar que V. á tenido á bi^n 
' dirijirme, le devoré con ansia, creyendo encontrar 

B 



en esta producción literaria argumentos capaces de 
hacerme variar la opinión que tengo formada acerca 
de las sublimes ventajas de el sistema republicano 
federativo. Me indujo á pensar de este modo, el tono 
decisivo con que el Sr. £gaña ,, asegura haberse ana- 
9, lizado muy poco sobre las formas federativas en 
99 la época presente, siendo muy superficial ó su- 
99 cinto cuanto hasta aqui habia visto (*)." Pero ¡ ay 
amigo mío ! y cuan defraudadas quedaron mis espe- 
ranzas ! . . . . Y pues que V. se empeña en que le 
manifieste mis ideas en la materia, lo haré con la 
franqueza de nuestra amistad, con la concisión pro- 
pia del estilo epistolar9 y con el ardiente deseo que 
me asiste de contribuir al bien de nuestra patria, sin 
que por ello deje de tributar el homenage de mis 
respetos á las luces y patriotismo del Sr. Egaña. 

V. convendrá conmigo en que si es de la mas al- 
ta importancia para todo americano, conocer á fondo 
cual de los dos gobiernos merezca la preferencia; la 
solución del problema llama imperiosamente la aten- 
ción de los que miran con particular cariño los su- 
cesos de las nacientes repúblicas, y con mayor efi- 
cacia la de los que habiendo nacido, en sus territo- 
rios, nos interesamos altamente en su prosperidad y 
gloria. 



(*) Memorias políticas, ^. 1. folio 1. 



. Y asegurada ja la independencia ; proclamados los 
principios eternos de la moral pública; desengañados 
los enemigos, ó ' convencidos de su impotencia para 
hacernos retrogradar del noble fin que nos hemos pro* 
puesto con la revolución ; y erijidos gobiernos ci« 
mentados sobre las eternas bases de la ilustración y 
de la libertad, se hace preciso darles la perfección 
de que son capaces, la que- reclaman los sacrificios 
hechos, y la que deben recibir del influjo fecundó 
de las luces del siglo, y de la esperiencia de los 
que en el Norte-América^ bajo la dirección de Wash- 
ington, confundieron la sabiduría del mundo viejo, 
haciendo ver, con los efectos benéficos de su sistema 
político, que los hombres que en los siglos XVIll y 
XJX osan emanciparse de la autoridad de sus anti- 
guos señores, saben establecer gobiernos libres y vi- 
gorosos, y asegurar su prosperidad sin deberlo á la 
fuerza ni á la ciega combinación del acasos en una 
palabra, saben^ como dice el político americano Mr. 
Galatin, gobernarse á sí mismos. „ Abandonando 
„ los americanos los instriñnentos de la grandeza 
„ europea (decía el sabio Hamilton en un discurso 
dirijido el año de 1777 á la convención de Filadelfia) 
„ y enlazando los trece estados en una estrecha é 
„ indisoluble unión, llegarán á erijir un gran sistc" 
„ ma americano, superior al poder y á la influencia 
„ de la fuerza transatlántica: y el cual al fin fijará 



yy los términos de tas relaciones que deben mediar 
,^ entre el antiguo j el nuevo mundo (*)•" La se- 
rie de los sucesos acreditó la exactitud del vatici- 
nio, I y por qué no esperar igual resultado en las 
repúblicas erijidas sobre los territorios hasta aqui so- 
metidos al mando de la Península? 

Aunque las Américas ofrecen en su conducta una 
laudable circunspección y madurez, acompañadas 
de una marcha firme, sin los escándalos del egois- 
mo y de la apostasia, ni los crímenes que siempre 
abundan en las revolucioiíes ; con todo no dfrja de 
llamar la atención de los que miran con placer los 
progresos de la libertad del mundo nuevo, el ver 
que habiéndose adoptado por todas las nuevas nacio- 
nes el gobierno republicano, unos hayan preferido el 
federaly y otros el unitario consolidado. Esta di- 
vergencia en las bases, suscita dudas sobre el acier- 
to de la elección, y promueve las siguientes cues- 
tiones. ¿El federativo opone obstáculos al logro de 
la libertad y de la prosperidad de los pueblos 
que le han abrazado ? ¿El central unitario desem- 
})eña con mas presteza y seguridad estos objetos ? 
Vea Y. el tema que el Sr. Egaña definitivamente 
resuelve en favor de las repúblicas unitarias. 



(*) The Works of Uamílton, vol; 2, number xi. folio 79. 



5 



Y los datos en que se apoya, me preguntará V, 
¿ponen la victoria en sus manos, arrebatándosela á 
los que profesamos opuestos principios? Desde la 
carta inmediata procuraré satisfacer la curiosidad de 
y. con tanto mas placer, cuanto cuento que mi corres- 
pondencia no saldrá del estrecho recinto de auestra 
amistad. 

£s. de y. af»» Q. S. M. B. 

X. 

Nueva York, 
2 de Octubre de 1885. 



CARTA II. 

DE LA NATURALEZA DE LOS MODERNOS ck)BIERNOS 

REPUBLICANOS FEDERADOS. 

Mi dalce y apreciable amigo : al cumplir mí palabra 
ruego á Y. que se arme de paciencia disimulando 
mis errores ó corrigiéndolos, seguro de mi dócil de- 
ferencia á sus advertencias. 

I. 

,, La federación (según el Sn Egaña) (*)y es la 
,, unión y alianza política de algunos pueblos que 
,, reservan en sí parte de la soberanía, consignando 
yy otra porción en la representación general de los 
yy aliados.^^ Antes de pasar adelante, no puedo me- 
nos de observar el modo vago con que está conce- 
bida esta definición; y en prueba ruego á V. me 
diga de buena fe, si por ella ha conocido Y. el ver- 
dadero carácter de las modernas repúblicas federa- 
das ? . . . Son alianzas se dice de pueblos ! . . y 
yo pregunto, ¿ de pueblos enteramente independien- 
tes entre si, ó de pueblos que reconocen subordina- 
ción á una autoridad suprema por ellas establecida, 



(*) Memorias políticas § 1. fol. 1 



y á la cual están sugetos ? . . . De pueblos se aña* 
de, que reservan en sí parte de la soberanía^ con*- 
signando otra porción en la representación general 
de los aliados. ¿ pero cuál es la parte que se reser- 
van , 7 cuál la de que se desprenden ? La primera 
es la mas sublime, ó la última es la mas brillante 
de la soberanía, por yalerme de la oportunísima ex- 
presión de un distinguido diputado en las cortes . de 
Cádiz (*). 

El vacío que se advierte en la definición del Sr. 
Egaña, es tanto mas notable cuanto con solo recono- 
cer la. constitución Anglo-Americana y las de Méji- 
co y Goatemala, tenia lo bastante para reducir sus 
ideas al punto debido de claridad. „ La nación 
„ Mejicana, dice el art. 5. del acta constitutiva de 
„ 81 de enero de 1881, adopta para su gobierno la 
„ forma de república representativa federal ; cuyas 
„ partes integrantes, son estados independientes li- 
„ ftreí, y soberanos en lo que exclusivamente toca 
„ á su administración y gobierno interior.'''^ ... El 
gobierno de la república de Goatemala dice su cons- 
titución „ es popular^ representativo federal ;" cada 
uno de los estados que le componen, es libre é inde- 



(*) Pérez de Castro. Diario de las citadas cortes, toni. 8. 
fol. 123« 



8 



pendiente en su gobierno y. administración interior : 
(art. S y 9) decisiones que descubren la índole de 
1«8 repúblicas federadas^ sin dejar lugar á dudas. 

yy Estas, según Hamilton, son unas reuniones de 
yy sociedades, ó asociaciones de uno ó mas estados 
,, en uno solo (*). Según MontesquieU| la forma del 
n gobierno federal resulta del convenio de algunos 
yy pequeños estados, de hacerse partes de otro mas 
„ grande. Es una especie de aligación de socieda* 
„ des, que forman una sola capaz de recibir aumen- 
„ tos por medio de la agregación de otras nuevas, 
„ hasta afirmar la seguridad de todo el cuerpo so- 
„ cial .... Reúne en sí las ventajas del gobierno 
„ republicano, con toda la fuerza exterior del mo- 
„ nárquico (+)." 

Muchas de las impugnaciones que sufren los go^ 
biernos modernos federados de parte de los políticos, 
nacen en unos, de los resabios de la educación, del 
apego á las máximas de los maestros, y de la se- 
gunda naturaleza que forma en los hombres la de- 
pendencia servil en que siempre hau vivido : en no 
pocos del miedo á la libertad, y de las ideas que les 
sugiere una política media que intenta aligar cosas 
que por su naturaleza resisten la fusión : y en mu- 



(*) Hamilton's Works, tona. 2. fol. 59. 

(f) Esprít des loix. tom. 1. líb. 9. cap. 10. 



9 

chos de los estímulos del interés individual . . „ En 
,, el número de los obstáculos que á juicio de Hámilton, 
,, halló la constitución del Norte*América, ocupaban 
jy un lugar preeminente los intereses de cierta clase 
9, de hombres, que se oponen á toda innovación, 
„ recelosos de que pueda disminuirse el poder é in- 
yy fluencia de sus destinos; y la viciada ambición 
,, de otros que esperan medrar á costa de los desór- 
yy denes de su patria, ó elevar su fortuna á un gra- 
,, do mayor de esplendor .... No solamente los 
yy empleados del gobierno que consultan siempre los 
,^ dictámenes de su propia conveniencia, sino otros 
„ arrastrados por las ideas que equivocadamente se 
„ han formado sobre su importancia, ó porqne su 
„ ambición aprecia cosas poco compatibles con el 
„ bien general, se empeñan en persuadir al pueblo 
„ que no apruebe el establecimiento del régimen 
„ federaV* 

Los defectos que el Sr. Egaña atribuye á las re« 
publicas modernas federadas, dimanan de haber 
confundido este escritor las federaciones de pueblos 
soberanos y absolutamente independientes entre sí 
como fueron las antiguas, con las de los pueblos 
modernos, las cuales sin renunciar del todo á su so* 
berania, forman una nación sometida al mando de 
una autoridad soberana, en quien residen todas las 
funciones relativas al gobierno general. A esta clase 



M) 

corresponden las actuales, cuyo modelo remide en el 
Norte-América. Mi opinión se funda en los hechos 
históricos de Grecia y Roma que cita el Sr. £¡gaña 
para robustecer su opinión. Pero asi estos, como los 
á que se refiere de Alemania, Holanda y Suiza, no 
son aplicables á la cuestión del dia ; ya porque la forma 
de las federaciones de dichos pueblos se diferencia 
esencialmente de las de las repúblicas federales ame- 
ricsuias, y ya porque las costumbres presentes, que 
tienen la mayor influencia en la política, discrepan 
tanto de las de los griegos, romanos, alemanes, sui- 
zos y holandeses, como que empeñarse en acomodar á 
ellas nuestras instituciones, es lo mismo que si con el 
color de perfeccionar el buen gusto actual de Curo- 
ropa, se quisiera restablecer el uso de los trages usa- 
dos en la época del Cid. 

'^ Si los amigos ilustres de la libertad, prosigue 
„ Hamilton (*), hubieran llegado á creer que no era 
„ posible hallar modelos mas acabados de gobierno 
„ que los que conocieron los antiguos, habrían abau* 
„ donado su empresa. La ciencia política ha reci- 
„ bido grandes mejoras. La fuerza de ciertos prin- 
„ cipios se percibe en el dia mejor que en la anti- 
„ güedad. La división de los podjeres, la introducción 



(*) Id. Number ix. fol. 54. 



11 



jy de las balanzas legislativas, el establecimiento de 
,, tribunales compuestos de jueces independientes é 
,, inamovibles, y la representación del pueblo por 
yj diputados que forman las legislaturas modernas, 
„ son descubrimientos ó mas bien perfecciones que 
„ en nuestros días ha recibido la ciencia política, 
„ que acreditan las ventajas del sistema republicano 
„ y disminuyen ó corrigen sus defectos .... En una 
„ palabra, por estos medios se ha dilatado la órbita 
„ dentro la cual caminan los sistemas republicanos, 
„ ya sea con respecto á las dimensiones de cada es- 
„ tado, ó ya á la consolidación de ellos en una gran- 
„ de federación." 

A las consecuencias que naturalmente se deducen 
de lo referido, y que demuestran la impertinente 
comparación que se hace de las federaciones antiguas 
con los sistemas federados de las repúblicas moder^ 
nasy para demostrar las imperfecciones y desventajas 
de estos ; se agrega la fatal equivocación en que han 
incurrido los impugnadores, por no haber conocido 
la diversa naturaleza de las repúblicas^ y de las de-- 
mocracias. Las que llamamos repúblicas griegas y 
romanas eran democracias^ y las repúblicas actuales 
son verdaderas repúblicas. En las primeras todo el 
pueblo gobernaba y legislaba por si, y en las últimas lo 
ejecuta 'por medio de representantes ó poderhabien- 
tes: circunstancias que descubren la radical diferen* 



12 

cía de unas y otras, y la inexactitud con que se 
procede al cotejarlas entre si, para atribuirá las r^- 
públicas federativas los vicios esenciales de las demo^ 
eradas. No ha tenido poca parte en este error la 
fuerza de la autoridad de ciertos escritores célebres, 
que dejándose llevar de la terrible influencia de los 
gobiernos absolutos ó moderados, bajo los cuales vi- 
vieron, han exagerado sus bondades encareciendo los 
defectos de los republicanos, y atribuyéndoles, sin cri- 
tica ni discernimiento, las inquietas turbulencias de 
las democracias griegas, romanas é italianas. 

La federación anjicciimica, por ejemplo, una de las 
á que se refiere el Sr. Egaña, se compaso de las 
repúblicas griegas independientes entre si, y las cua- 
les, aunque reunidas bajo la autoridad de un consejo, 
conservaban el carácter de soberanas iguales. Sus 
funciones se reducían : primero, á proponer y decretar 
lo conveniente al bien de la Grecia : segundo, á ha- 
cer la guerra: tercero, a decidir en última instancia 
las disputas que se suscitaban entre las repúblicas i 
cuarto, á emplear toda la fuerza de la federación contra 
los díscolos: quinto, á admitir nuevos individuos en 
la liga : y sexto, á conservar la religión, guardar las 
riquezas del templo de Delfos y ejercer jurisdicción 
sobre cuantos iban á consultar al oráculo. Los an- 
ficciones eran diputados de unas ciudades absoluta- 
mente soberanas, que ejercían cierto poder sobre 



13 



ellas. De esta base imperfecta dimanó la debilidad 
de su autoridad, y de ella vinieron los desórdenes 
que al cabo arruinaron la federación. Los vocales 
que representaban á las ciudades mas poderosas, 
lejos de influir en la subordinación de ellas, tira- 
nizaban á las mas débiles y corrompían la integri- 
dad de sus poderhabientes. A este vicio debió Ate- 
nas haber sido arbitra de la Grecia por espacio 
de 62 años, y 29 Lacedemonia, á la cual sucedió 
Thebas en la dominación. 

Las ciudades que compusieron la liga acheoj de 
la cual habla el Sr. Egaña, al formarla se re- 
. servaron la jurisdicción municipal, el nombramiento 
de los empleados y una absoluta igualdad soberana. 
El senado, única corporación que los representaba: 
primero, hacia la paz y la guerra: segundo, nom- 
braba y recibía embajadores : tercero, ajustaba tra- 
tados de paz y de alianza : y cuarto, elegia un Pretor 
que mandaba las tropas, y con el consentimiento de 
diez senadores desempeñaba las funciones gubemati^^ 
vas en los recesos del senado. De la estructura de 
estas federaciones y de las modernas repúblicas fe 
derativasj deducirá V. cuan ridículo es empeñarse 
en calificar las unas por las otras. 

El mismo resultado produce la comparación que 
hace el Sr. Egaña con las federaciones europeas. 
¿Qué tienen de común la germánica y la helbética 



14 



con la americana que sirvió de modelo á las na- 
cientes repúblicas ultramarinas, y que ha llevado 
al grado de una sublime perfección los sistemas 
republicanos ? La confederación germánica , hija 
de la feudalidad, se compuso de representantes 
de la liga, independientes del emperador, que se 
reunían en una dieta^ la cual desempeñaba el poder 
legislativo, hacia la guerra y la paz, contrataba 
alianzas, acuñaba moneda y levantaba tropas. El 
emperador tenia el poder ejecutivo y el de detener 
el curso de los decretos de la asamblea. Dos tri- 
bunales, la cámara imperial y el consejo áulico, 
ejercían jurisdicción en las controversias relativas á el 
imperio, y en las que se suscitaban entre los miem- 
bros de la federación, quedando sujetos al juicio 
del emperador los excesos de autoridad ; y al de 
la cámara imperial y del comercio, las disputas que 
se promovían de resultas de el ejercicio de las 
atribuciones peculiares á cada poder. En una pa- 
labra : ^^a liga germánica era una' asociación de so^ 
„ beranosj y la dieta un cuerpo que los represen* 
5, taba-; forma que hacia del germánico un cuerpo 
„ débil, incapaz de dirigir la conducta de sus in- 
„ dividuos, expuesto á los ataques extrangeros y 
„ agitado con fermentaciones intestinas" (*). 



(♦) Hamilton and Madisson, number xíx. vol. 2. fol 132. 



15 



La federacifm suiza no merece nombre de repú' 
blica federada, porque no tiene tesorería ni ejército 
al servicio general, ni moneda común, ni signo al- 
guno de soberanía. .La situación topográfica, la 
pobreza individual, el miedo á los vecinos podero- 
sos, y los pocos motivos de discordia que hay en- 
tre los habitantes, á causa de la homogeneidad y 
sencillez de sus costumbres, mantienen la unión de 
los cantones. 

La federación bátaha, antes aristocrática que re- 
publicana, se formó de seis estados ó provincias 
absolutamente iguales entre si, compuesta cada un^ 
de ciudades, también iguales é independientes. El 
ejercicio de la soberanía de la federación residía en 
los estados generales, representados por cincuenta di- 
putados que nombraban las provincias: sus funciones 
eran vitalicias en unas, anuales, trienales y sexena- 
les en otras, y en alguna la duración del cargo era 
arbitraria. Facultades de este congreso : primera, 
hacer tratados : segunda, declarar la guerra y. la 
paz: tercera, levantar ejércitos y aprestar escua- 
dr{^s : cuarta, imponer tributos. Estos actos sobera- 
nos requerían, para su validez la aprobación de Jos 
constituyentes: quinta, nombrar y recibir embajador 
res : sexta, llevar á ejecución los tratados y alian- 
zas anteriormente contratadas : séptima, arreglar las 
casas de moneda, salvos los derechos de las provin- 



16 



cías : y octava, gobernar como soberano los territo- 
rios de él dependientes. Las primeras no podian : pri- 
mero, hacer tratados con extrangeros, sin el consenti- 
miento de todos: segundo, imponer i sus vecinos 
mayores derechos que á si propias.: y tercero, es* 
tablecer impuestos dañosos á ellas. Un consejo de 
estado, una cámara de cuentas, y cinco colegias de 
almirantazgo, auxiliaban las operaciones del go^ 
tierno federal. 

El Estatouder era el magistrado supremo en quien 
residía el poder ejecutivo, en cuyo goze entraba por 
sucesión hereditaria y no por la elección del pue- 
blo. Gomo Estatouder de cada provincia, primero 
nombraba los magistrados municipales : segundo, eje- 
cutaba los decretos de las provincias: tercero, presi- 
dia sus tribunales : y cuarto, concedía indultos ; y 
como Estatouder de la federación : primero, termi- 
naba las disputas que se promovían entre las provin- 
cias : • segundo, asistía á las deliberaciones de los eS' 
tados generales y á sus conferencias privadas : tercero, 
daba audiencia á los embajadores extrangeros y 
nombraba agentes particulares cerca de las demás 
naciones: cuarto, mandaba las tropas y entendía en 
todos los negocios militares: quinto, era almirante 
general y superintendente de la escuadra, presidia 
los almirantazgos, nombraba los oficiales, y establecía 
los consejos de guerra, cuyas sentencias no se lleva- 



17 



ban á efecto sin su aprobación. Por lo expuesto se 
hecha de ver que esta federación encerraba en sí el 
germen fatal de la imbecilidad, de la discordia entre 
las provincias, de la influencia fatal de los extran- 
jeros, de una existencia precaria en tiempo de paz, y 
de calamidades y desgracias en el de guerra. 

Desengañémonos, amigo mió, y con nosotros el Sr. 
£gaña y cuantos como él hablan contra las moder^ 
ñas repúblicas federales por no haber conocido bien 
su organización, que para formar juicio recto de sus 
ventajas ó desventajas, de sus vicios y de sus perfec- 
ciones, en vez de tomar por norma á los griegos y á los 
romanos, á los belgas, a los germanos y á los helbéticos, 
debemos hacerlo con los euiglo-americanos : esta na- 
ciotí, la primera que tras el océano proclamó la 
independencia, y a la cual, como á la Atenas moder* 
na, los pueblos que aspiren a asegurar la libertad, 
deberán acudir por las tablas sagradas, do están e&* 
critas por el dedo de la sabiduría, las bases eternas 
del gobierno republicano mas perfecto que han co- 
nocido los hombres. 

II. 
Si del examen de las federaciones antiguas, pasa- 
mos á el de las repúblicas federales constituidas en 
América bajo el pie de la que fundó el inmortal 
Washington, acabará V. de convencerse de la inopor- 
tunidad con que se aplican á las últimas los árgu- 

D 



18 



mentos tacados de. la aciaga forma de las primera» ;' 
convendrá V. en que estaba reservada á nuestra edad 
la gloría de resolver el problema que ninguna nación 
habia desatado, á saber, ¿cómo se confiarían al 
poder supremo las facultades que dimanan de la 
soberanía, necesarias para obtener los grandiosos ob" 
jetos que los hombres se proponen al reunirse en 
sociedad, sin despojar á los pueblos de todo el lleno 
de la que en ellos reside esencialmente ? Tan noble em- 
presa se ha conseguido por medio de los sistemas re- 
publicanos federativos. Mas si V. lo duda, veré de 
demostrarlo con el análisis de su organización. 

Veinte y cuatro provincias ó estados en Méjico y 
cinco en Goatemala situados en terrenos fértiles y 
dilatados, que rinden una varieded de frutos preciosos, 
cortados con rios que facilitan grandemente la mul- 
tiplicación y cambio de sus producciones, cuyos mo- 
radores reconocen un mismo origen, profesan una mis- 
ma religión, hablan un mismo idioma, y tienen una& 
mismas costumbres ; al emanciparse de la metrópoli, 
conociendo los daños que produce la arbitrariedad, 
resolvieron adoptar una forma de gobierno que pro- 
tegiera sus libertades con el menor sacrificio de sus 
derechos individuales. El sistema republicano me- 
reció la preferencia, pero recelosos del abuso que 
pudiera cometer algún dia el encargado del poder 
ejecutivo, 7 de que la representación nacional consti- 



19 



tuida del modo que lo esté en las modernas repúbli* 
cas hiciera degenerar insensiblemente al gobierno, y 
de que establecidas tantas naciones soberanas é inde- 
pendientes, cuantas fueran hasta alli las provincias, 
en vez de la concordia y de la combinación feliz 
de las fuerzas, resultarán choques y contradicciones 
que lisonjeando la ambición convirtieran á las mas 
poderosas en opresoras de las mas débiles, resultando 
una esclavitud mas vilipendiosa que la de que iban 
huyendo ; se convinieron en unirse entre si las pro- 
vincias de cada distrito antiguo, formando una na- 
ción regida por un gobierno que reuniera todas las 
ventajas de las repúblicas sin entorpecer la acción de 
las provincias mismas sobre los medios conducentes 
á labrar su prosperidad interior, y sin incurrir en los 
inconvenientes funestos de las democracias j en los 
males de las monarquías, ni en los desmanes del des* 
potismo : y estas dichosas cualidades las hallaron en 
las repúblicas federales. 

La experiencia, amigo mió, nos descubre los in- 
convenientes que un pueblo, justamente celoso de 
su libertad debe temer del sistema republicano cen" 
tral ; derivados de el modo con que se trasladan 
las facultades legislativas que residen en la nación, 
al cuerpo de diputados. Nombrados por los pue- 
blos, y revestidos con las funciones mas augustas y 
trascendentales de la soberanía, las absorben de un 



ao 

modo ial^ que no le queda de ella el mas mínimo 
resto al dueño originario : santos, ademas, é inviola- 
bles sin sugecion al poder ejecutivo, con el derecho 
terrible de hacer las leyes, de examinar la conducta 
de el gefe supremo y de los primeros funcionarios^ 
y de imponer contribuciones de sangre y de dinero, 
sin* dependencia en el ejercicio de sus deberes á los 
que los nombraron ; se convierten en una especie de 
soberanos invulnerables, expuestos por ello á los 
tiros envenenados de las pasiones. „ El poder le* 
„ gislativo, dice Madisson, en todas partes propende 
„ a extender la esfera de su actividad, y á sepultar 
„ á los demás poderes en el torbellino impetuoso de 
„ su rotación (*)." 

El deseo de evitar estos vicios, que ni son ideales 
ni exagerados, sugirió á los legisladores de América 
la idea feliz de combinar, por medio de Isl federación, 
el ejercicio de la soberanía de un modo que libres el 
poder legislativo, el ejecutivo y el judicial para el 
desempeño de sus respectivos atributos, quedaran 
dulcemente encadenados por el pueblo ; sirviendo de 
correctivo al primero, la parte de soberanía que reside 
en manos de sus contribuyentes, y á los últimos, el 
sagrado poder que desempeñan los diputados; resul- 



(*) Hamiiton's Works, tomo 3. folio 14. 



21 



tando de aqai, como sabiamente decia Jeffersoa, ,, us 
9, gobierno que imiiidiendo á ios hombres el perju» 
y, dicarse los unos á los otros, les deja en plena li« 
,, bertad para ejercer su industria y para gozar del 
„ fruto de su trabajo, sin arrancar de la boca del 
9, hombre el pan que ha ganado con su sudor (*X^' 

Una asamblea de ciudadanos representantes de cada 
estado ó provincia elegidos libremente por el pueblo 
en razón de su población, y amovibles cada dos años, 
desempeña el poder legislativo general de toda lare«> 
pública en unión con el senado compuesto de ciuda^ 
danos elegidos popularmente en cdda provincia amo« 
vibles cada cuatro años, y en los cuales se requieren 
cualidades superiores á las que se exijen en los di- 
putados. Un presidente nombrado por los votos reu« 
nidos de los estados en sus asambleas provinciales, 
amovibles cada cuatro años, ejerce el supremo poder 
ejecutivo general en toda la nación ; y un tribunal, su- 
premo de justicia, compuesto de ministros nombrados 
por el pueblo, desempeña las funciones judiciales en 
toda la federación, sin interrumpir las de los tribu- 
nales de los estados. 

Una asamblea, y un consejo ó senado de individuos 
nombrados popularmente ejercen en cada estado la so- 

(*) Discurso proDunciado eu 1801, al tomar posesión de 
la presidencia de la república. 



32 



berania provincial, solo en lo relativo al gobierno in- 
terior de cada uno. Un magistrado gefe del estado ó 
provincia, lleva á ejecución los decretos de la asam- 
blea provincial, los del congreso general, y los del 
presidente de la república: y un tribunal superior, 
cuyos ministros deben el nombramiento al pueblo, ad- 
ministran la justicia dentro de los términos del estado. 
Al congreso nacional, es decir, á la reunión de 
los diputados de todas las provincias ó estados, la 
cual representa á toda la naciorij corresponde: pri- 
mero, hacer las leyes generales para la república : 
segundo, arreglar los limites de los territorios de 
Jos estados, terminando sus diferencias: tercero, eri- 
jir en estados los territorios, cuando lleguen á poseer 
las circunstancias que la ley designa : cuarto, fijar 
los gastos generales de toda la república: establecer 
las contribuciones con que se hayan de pagar : arre- 
glar su recaudación y tomar al gobierno cuenta de 
su inversión : quinto, contraer deudas y establecer 
los medios de extinguirlas : sexto, decretar la guer- 
ra: séptimo, aprobar los tratados de paz y de 
alianza con otras naciones : octavo, habilitar los 
puertos para el comercio : establecer las aduanas : y 
hacer los aranceles para toda la república : noveno, 
señalar las fuerzas de mar y tierra, y la cuota de 
hombres con que debe acudir cada estado : décimo, 
formar las ordenanzas militares, inclusa la de la 



m 



milicia : undécimo, pennitir ó negar la entrada de^ 
tropas extrangerasy y la salida de las propias de los 
confines de la república: duodécimo, crear y supri- 
mir los empleos generales de la nación, y aumetitar 
ó disminuir sus dotaciones pecuniarias: decimotercio, 
conceder premios y recompensas á los buenos servi- 
dores de la nación, y decretar honores públicos á 
la memoria de los hombres grandes : decimocuarto, 
conceder amnistías é indultos : {decimoquinto, arre- 
glar el comercio con las demás naciones y el recí- 
proco de los estados de la federación : decimosexto 
determinar y uniformar el peso, ley y tipo de las 
monedas en toda la república: decimoséptimo, arre- 
glar los pesos y medidas de ella: décimooctavo, 
promover la ilustración general : decimonono, pro- 
teger la libertad de imprenta: vigésimo, fomentar la 
pública prosperidad: y vigésimo primero, dictar las 
leyes conducentes á asegurar la independencia de 
la república y su seguridad, a conservar la unión, 
la paz y el buen orden en los estados, á mantener 
9U mutua independencia, en lo relativo al gobierno 
interior, y á sostener la igualdad proporcional de 
derechos y obligaciones que todos tienen ante la 
ley. 

El senado compuesto de dos vocales por cada es- 
tado Jiombrados popularmente en ellos y amovibles 
cada tres años, tiene á su cargo : primero, la san- 



24 



cíon de bs leyes que hace el congreso : segundo, soste- 
ner la constitución : tercero velar sobre su cumplimiento, 
y sobre la conducta de los empleados destinados üI 
servicio general de la república : cuarto, aconsejar al 
poder ejecutivo en las dudas que le ocurran acerca 
del cumplimiento de los acuerdos del congreso : quin- 
to, interviene en los negocios que dimanan de las 
relaciones y tratados con otras naciones, en los del 
gobierno interior da la república, y en los casos de 
guerra ó de insurrección doméstica: sexto, llama el 
congreso nacional en ocurrencias extraordinarias : 
séptimo, propone en terna al presidente los sugetos 
que reputa dignos de ser embajadores, generales en 
gefe de las tropas de la república, para los grados 
militares de coronel arriba, inclusive para los destinos de 
tesorería general, y para los de . gefes de las rentas 
generales : octavo, declara cuando ba lugar á la for- 
mación de causa á los secretarios del despacho, á 
los individuos del cuerpo diplomático, al general en 
gefe, á los comandantes de los puertos y fronteras, 
á los gefes de rentas, y á los dependientes de la 
tesorería general por los crímenes cometidos en el 
ejercicio de sus encargos: noveno, cuando algún es^ 
tado reclama contra otro el haber traspasado ^ 
asiMsiblea legislativa los límites constitucionales, el se-r 
nado, previos informes, remite la demanda á dos de 
loB' estadps vecinos para su decisión ; y si no se con- 



25 



vinieren, se remite el negocio ' al congreso nacional 
para la última resolución : décimo, el senado nom* 
bra el tribunal que debe conocer en las causas de 
responsabilidad de los altos funcionarios: y tiene, 
undécimo, el derecho de reveer las sentencias det 
tribunal supremo de justicia en los casos de contien- 
da entre toda la república, ó en uno ú mas estados 
con alguno ó algunos de ella, con extrangeros, ó 
nacionales. 

Un presidente nombrado popularmente por los es« 
tadóS) ejerce el supremo poder ejecutivo de la re- 
pública por espacio de cuatro años, pudiendo ser 
reelegido. Sus facultades se reducen: primera, á 
llevar á efecto las leyes : segunda, á conservar el 
órdeñ interior y la seguridad exterior de la nación: 
tercera, á cuidar que se administre justicia coíi pron* 
titud : cuarta á declarar la guerra y hacer la paás : 
quinta, á nombrar los magistrados y los empleados 
civiles y militares, unos á propuesta del senado, 
ótrois á consulta del tribunal supremo de j usticia, y 
los subalternos libremente: sexta, dirije por si, en 
ciertos casos, y en otros de acuerdo con el senado, 
las relaciones mercantiles de la república: séptima, 
dirije la fuerza armada de toda la federación : ocia- 
va, cuida de la fabricación de lá moneda : novena, 
esriiendé en la inversión de los caudales jpúblicos: 
déeuna^ indulta los delincuentes : undécima, hace 

s 



26 



propuestas de ley : duodécima, concede ó niega el 
pase á las bulas pontificias : duodécima, nombra y 
separa libremente los secretarios del despacho : dóci* 
matercía, suspende ' la publicación de las leyes y 
decretos del congreso nacional, devolviéndoselos con 
sus observaciones para que los totne nuevamente en 
consideración: décimacuarta, suspende de sus des- 
tinos á los empleados de la federación y los depo^» 
nc con pruebas justificativas de sus excesos, de su 
ineptitud ó inobediencia: décimaquinta, concede pre- 
mios honorificos compatibles con el sistema: décima-^ 
sexta, dá al senado y al congreso nacional los in- 
formes que le pidiere : décimaséptima, en caso de 
conspiración ó traición contra la tepública ó de un 
próximo riesgo, el presidente puede arrestar á los 
presuntos reos poniéndolos luego á disposición del 
tribunal competente. 

Las facultades del congreso nacional y del presi- 
diente tienen las siguientes restricciones: primera, 
no pueden coartar la libertad del pensamiento^ de la 
palabra, ni de la imprenta : segunda, suspender 
el' derecho de petición : tercera, prohibir la eoií^ 
gracion de los ciudadanos y moradores de la repá^ 
bfica : cuarta, tomar lá propiedad agena : quinto, 
establecer vinculaciones, noblezas, pensiones y dis- 
tintivos hereditarios: sexta, permitir el uso del tO¥i. 
«nento, las confiscaciones y las penas atroces^ 



sn 



séptima, ^ óoncedec privilegios exclusivos : ootava, 
dar leje^ retroactivas de proscripción; novena, des- 
armar á algún pueblo ó persona : décima, in^pe-i 
dír las reuniones populares, allanar las cs^sa^ áíd 
los veciiios, y formar ,tribui\ales ó comisiones qspeciar 
ks para el conocimiento de determinados delitos, ¿. 
no ser en caso de tumulto, rebelión, ó ataque con 
fuerza armada á las autoridades. 

£1 poder ejecutivo de la república no puede ade- 
mas : primero, impedir ni embarazar las sesiones, del 
congreso: segundo, ausentarse de la república sin el 
consentimiento de este: tercero, arrestar á. algún ve-» 
ciño sino por cuarenta y ocho horas, pasadas las 
cnales debe entregarlo al juez: cuarto, mandar la 
fneraa armada sin el consentimiento del congreso: y 
quinto, tomar conocimiento en algún negpcio ju- 
dicial. 

Los diputados en el congreso, el senado y el pre- 
sidente tienen la iniciativa de las leyes, en cuya 
formación se procede con el mayor detenimiento y 
calma, discutiéndose los proyectos con ciertas for- 
malidades. Aprobada la ley por el congreso, se pasa 
al senado que le da ó niega la sanción, oyendo al 
poder ejecutivo, el cual también puede suspender el 
giro, devolviéndola al congreso con sus observado- 
oesi para que en vista de ellas se examine de nuevo* 
. Un tribunal supremo cerca del poder ejecutivo, x 



2S 



jueces subalternos en los estodos, administran la 
justicia con entera independencia del poder legisla- 
iiyo y del presidente. La elección de ^ los jueces, 
en ..una de las repúblicas, la. hace el pueblo, y ea 
o^ra el presidente, previa consulta del tribunal su- 
premo, cuyos ministros reciben su nombramiento : de 
las asambleas del estado a pluralidad de votos. El 
cargo judicial en la primera, dura tres años, y en 
la última es vitalicio. 

Una asamblea formada de ciudadanos elegidos po* 
pularmente, desempeña en cada estado el poder le- 
gislativo, limitado al gobierno interior de él mismo.- 
Sus facultades se reducen : primera, á formar y 
aprobar la constitución peculiar de cada estado: se- 
gunda, a hacer las leyes, ordenanzas y reglamentos 
correspondientes : tercera, á fijar los gastos municipales 
de cada estado y establecer las contribuciones nece- 
sarias para cubrirlos y para llenar la cuota que á cada 
uno le tocare aprontar para los gastos . generales de: 
la república: cuarta, á determinar la fuerza militar 
que deba haber en el estado en tiempo de . paz, 
crear la cívica, y aprobar el contingente de hombres 
que le tocare en caso de guerra : quinta, á elegir 
los tribunales que estimare del caso para la expedita 
administración de justicia, y crear los establecimientos 
científicos y económicos conducentes para promover, 
la ilustración y la prosperidad pública : sexta, . á 



39 



guardar y hacer guardar- las leyes que hiciere el con-' 
greso general: séptima, proteger la libertad dé im- 
prenta: octaya, entregar los reos de los demás es^ 
tftdos á los que los reclamaren legítimamente : norena, 
remitirá al congreso nacional nota exacta de la si- 
tuación política, civil y económica de el estado : décima, 
la mayoría de las asambleas legislativas de estos, pue- 
den reclamar ante el congreso sus resoluciones sin 
suspender la ejecución ; en cuyo óaso este las toma 
nuevamente en consideración, las examina y pro- 
cede' á deliberar con las mismas formalidades que 
hubiere observado en su primer acuerdo. 

En< Goatemala un consejo compuesto de ciudadanos 
elegidos por el pueblo, en razón de uno por cada 
territorio, ejerce en cada estado las mismas funciones 
que el senado cerca* del congreso nacional y del 
presidente de la república. 

£1 poder ejecutivo de cada estado jeside en un 
gefe nombrado por el pueblo, en cuyo cargo per- 
manece todo el tiempo que la peculiar constitución 
señalare, y ejerce en la provincia las funciones que 
el presidente de la república en toda la federación. 

El poder judiciario de los estados, se desempeña 
por los tribunales y jueces que señalan sus respec- 
tivas constituciones, quedando fenecidos hasta en la 
última instancia, dentro de sus territorios todos los 
pleitos que en ellos se promovieren. 



"90 



Aunque los estados son libres para árregliir sus 
constítucioues del modo que creyeren conveniente, 
no pueden apartarse un ápioe de las bases, digamos 
orgánicas, de la república, ni prescindir de lai leyes 
generales que el congreso nacional hubiere estable-^ 
cido para asegurar la independencia, la prosperidad 
y el poder de la nación. De aqui nace: pringo, 
que ninguna asamblea l^islativa de los estados pue- 
de, sin el consentimiento del congreso, imponer 
contribuciones, ni establecer derechos de aduanas y 
tonelage: segundo, tener tropas permanentes, ni bu- 
ques de guerra: tercero, hacer tratados y conre»* 
nios, y declarar la guerra á otras naciones: cuarto, 
entrar en transacciones con los demás estados : quin« 
to, fijar la fuerza de linea: y sesEÉo, detener el 
cumplimiento de los acuerdos del congreso general. 

Esta rápida descripción de la forma de los mo« 
dernos gobiernos federales americanos, nos descubre 
la diferencia que media entre ellos y las federado^ 
nes antiguas^ sin ofrecer inconveniente alguno ea el 
ejercicio de sus funciones. ¿Están en ellos confluí* 
didos los poderes ? ¿ Se favorece la anarquía ? ¿ No 
están equilibradas las fuerzas de estos, sin que pa- 
dezca la libertad individual, ni la seguridad de la 
nación? No se establece, como base, la obedien<»a 
á los decretos del cuerpo representante de la na- 
ción ? ¿ No están marcados con precisión los la- 



H 



7¿ 



31 



sos que unen las partes integrantes de la república, 
con el centro del movimiento de todas, al mismo 
paso que libres aquellas de las cadenas de una tn^ 
tela opresora y minuciosa, quedan en completa fran*' 
quicia para promover los ramos de la pública pros* 
peridadi ¿No hay correctivo para los vicios que 
pudiera producir la independencia de las provincias ? 
Analizando, amigo, las cosas, es como se logra 
conocerlas á fondo; en vez de que suscribiendo cie- 
gamente á la autoridad agena, dejándose llevar del 

influjo de los doctores sagrados y políticos que re-* 
prqeban todo lo que no favorece á sus malhadados 
intereses^ y mirando con ceño preventivo los inven? 
tos nuevos, sin mas fundamento que la novfdad que 
en si llevan, se consigue perpetuar, los errores. £S) 
linage humano seria mas feliz, si por desgracia no 
fuera victima de esta conducta aciaga, que si eco- 
i^omiza el trabajo de los debates científicos, conduce 

las naciones á la degradación y á la desgracia. 

Baste por hoy, y mientras me preparo para oon- 

teztar á los argumentos que el Sr. Egafia y otr#s 

escritores hacen contra las ventajas de los sistemas 

federales^ mande V. cuanto quiera a su af»» amig9 

y servidor Q. B. 8. M. X. 

Filadelfla • . y .,, 

ao de iiovietii]»re de 1886. 



CARTA m. 

EXAMEN COMPARATIVO D£ LOS GOBIERNOS REPUBLI* 

CANOS FEDERALES ENTRE SI, Y CON LOS CONSOLIDA* 

DOS O UNITARIOS ESTABLECIDOS EN LA AMERICA. 

Mi apreciable y dulce amigo: demostrada ya la 
falta de afinidad entre las federaciones antiguas^ y 
las modermas repúblicas federales ; me permitirá V. 
que las compare entre si, y con las unitariasy para 
conocer si las diferencias que existen entre ellas son 
de tal magnitud y trascendencia hacia el mal, como 
se supone. El cotejo de la federal anglo-america- 
na, con fas de Méjico y Goatemala, únicas que 
existen hasta ahora en el nuevo y el viejo mun- 
do, nos da las siguientes divergencias^ 

PRIMERA. 

EN LA ELECCIÓN DE LOS DIPUTADOS PARA EL 

CONGRESO. 

Anglo->americana — La asamblea legislativa de cada 
estade, señala la época, lugar y método de la elec- 
ción de los diputados para icl congreso nacional ; 
padíendo este alterar sus disposiciones. 

Mejicana. — La constitución general fija el día de 
las elecciones, su base, y las calidades de los elec- 
tores. El método de las elecciones queda á la dis- 
creción de las asambleas legislativas de los estado^ 



33 



Goatetnalteca. — La constitución general de la re- 
pública fija la base de la representación nacional, y 
el modo con que debe hacerse el nombramiento de 
los dipntados. 

• 

SEGUNDA. 

CALIDADES DE LOS DIPUTADOS. 

Anglo-americana. — Mayor de veinte y cinco años, 
siete años consecutivos de ciudadanía y de vecindad 
en la provincia que le elige. 

No hay diputados suplentes, y en cada vacante se 
se hace nueva elección popular. 
. Mejicana. — Veinte y cinco anos de edad, dos 
años por lo menos de vecindad en la provincia, ó 
haber nacido en ella. 

Hay diputados suplentes, eii razón de uno porcá* 

da tres diputados propietarios. 

Ooatemalteca. — Veinte y tres años de edad, y cinco 
años de ciudadanía. En los naturalizados se exije un año 
de residencia lio interrumpida en la provincia que le 
elige. 

Hay diputados suplentes como en Méjico. 



34 



TERCERA. 

BASE DE LA REPRESENTACIÓN NACIONAL. 

Anglo^Americana. — Un diputado por cada treinta 

mil almas. 
Mejicana. — Un diputado por cada ochenta mil almas « 
Goatemalteca, — Un diputado por cada treinta mil 

almas. 

CUARTA. 

FACULTADES DEL CONGRESO NACIONAL. 

Anglo^americana. — Decreta los gastos públicos y 
los de la deuda ; hace empréstitos ; arregla el comercio 
y los aranceles; establece las leyes de la naturaliza- 
ción ; acuña moneda, y castiga los falsificadores ; esta- 
blece postas ; abre caminos ; fomenta la industria y las 
ciencias ; define las of^sas contra los derechos d^e 
las naciones ; declara la guerra, y hace la paz ; forma las 
ordenanzas militares ; fija el número de tropas, de mar 
y tierra ; ejerce la legislación e inclusiva del distrito de 
Colombia, y hace todas las leyes conducentes á la 
prosperidad pública. 

Mejicana. — Concede ó niega la entrada de tropas y 
escuadras extrangeras en la república, y permite la 
salida de las nacionales. 

Crea y suprime los empleos públicos de la fede- 
ración, fijando sus dotaciones. 



36 



Concede premios y recompenséis por grandes ser- 
vicios. 

Concede amnistía é indultos, por delitos cuyo fallo 
toca á los tribunales de la federación. 

Admite las renuncias del presidente y vice-presi- 
dente. 

Protege la libertad de imprenta. 

Admite nuevos estados á la federación, y arregla 
sus límites*. 

Conoce de. la acusación contra el presidente y con- 
tra los ministros del tribunal supremo. 

Hace las leyes conducentes al bien y prosperidad 
publica. . 

Croa^ema/^eca.-^Concede ó niega la entrada de 
tropas y escuadras extrangeras en la república, y per- 
mite la salida de las nacionales. 
. Crea y supi^úpc los empleos públicos de la fede- 
racioU) figando sus dotaciones. 

Concede premios y recompensas por grandes 
servicios. 

:Concede amnistías é indultos, por delitos, cuyo fallo 
tocare á los tribunales de jia federación. 

Admite lasrenunqias d^l pr^sidei^te y vpce-predi dente, 
y ,la# de los jueces del .tribunal supremo de justicia* 

.Concede permiso para obtener pensiones, distinti-^ 
vos y títulos personales de otros gobiernos, siendo 
compatibles con el espíritu republicano. 



86 



Hace las leyes conducentes á asegurar el bien pú- 
blico. 

QUINTA. 

SENADO. 

Anglo'americana. — El cargo de senador dura seis 
años, renovándose por tercios cada año. 

Si hay alguna vacante en el tiempo del receso del 
congreso, el gobernador del estado, al cual perteae- 
cia el senador, nombra un suplente hasta que aquel 
se reúne. 

Para ser senador, ademas de la edad de treinta 
años, se requieren nueve años de ciudadanía, y ve- 
'tiindad en el momento de la elección. 

Bl jvice^presidente de la república preside el se- 
nado. 

Juzga las causas de crimen de estado, y falla al 
presidente de la república. Nadie puede ser conde- 
nado por él á no convenir las dos terceras parles de 
los senadores. 

Mejicana. — £1 cargo de senador dura cuatro años 
y se renueva por mitad cada dos. 

La legislatura . del estado provee la vacante. 

Para ser senador, adamas de la edad de tilinta 
años, se requieren dos años cumplidos de vecindad. 

Preside el senado el senador que el mismo elige. 

Es gran jurado en las causas contra el presidente 



8T 



de la república; lo es de los ministros del tribunal 
supremo, de los secretarios del despacho y de los 
diputados. La declaración de ha lugar á la forma" 
cion de causa se ha de hacer por las dos terceras 
partes de los votos. 

' Goatemalteca. — El pueblo y no las asambleas legis- 
lativas elige los senadores. 

Se renuevan cada año por tercios. 

AI tiempo de nombrar los senadores en cada esta- 
do, se elige un suplente que hace sus veces en ca- 
sos de imposibilidad del propietario. 

P&ra ser senador, ademas de la edad de treinta años 
se requieren siete de ciudadanía. 

■ 

El vice-presidente de la república preside el senado. 

Cuida de la observancia de la constitución. Es 
consejero nato del poder ejecutivo de la federación 
en ciertos casos, é interviene en las disputas que pue- 
dan suscitarse entre los estados por infracción de 
sus respectivas constituciones* 

SEXTA. 

PODBA EJECUTIVO. 

Anglo'americana. — El presidente le nombra el pue- 
blo. Para ello en cada estado un número de elec- 
tores, igual al de diputados y senadores, vota por eS' 
crutinio dos personas, una de ellas debe ser de fue- 
ra del pais. Se forman listas que pasan á manos del 



38 



presidente del senado, el cual las abre á presencia de 
este y del congreso, y los que reúnen mayor núme* 
ro de votos quedan elegidos presidente y vice-presi* 
dente* Sí no resulta mayoría, se toman los cinco que 
reúnen mas sufragios, y el congreso elige pojr escru- 
tinio entre ellos, votando por estados y no por di- 
putados. Si al cerrarse las sesiones del congreso no 
está liecha la elección, el vice-])residente toma el mando. 

£1 presidente hace la paz, con la aprobación del senado. 

Cuando se promueve discordia entre las cámaras 
sobre el día de su reunión, el presidente le señala. 

Mejicana. — Las legislaturas de cada, estado eligen, 
por mayoria absoluta, dos sugetos, y remiten al con- 
sejo de estado las listas, las cuales se abren á pre- 
sencia de la cámara de diputados, y el que reúne 
mayoria absoluta de las legislaturas, es. presidente y 
vice-prqsideiaLte. Si no la hubiere, el congreso elige 
entre los dos que reúnan mas votos. Paj(a este, acto deben 
concurrir la mitad de los diputados, y estar presentes 
las tres cuartas partes de los diputados de los estados. 

Declara la guerra y hace la paz, dando cuenta al 
congreso. 

Nombra ciertos destinos por si, otros de acuerdo 
con el senado, y otros á consuUa del tribunal iiupremo. 

Concede honores y distinciones. 

Dirije las relaciones diplomáticas. 

Indulta delincuentes. 



39 



Tiene la iniciativa de las leyes. 

Suspende y depone por tres meses á los empleados 
de la federación. 

Nombra y separa libremente á los secretarios del 
despacho. 

Goatemalteca. — ^Las juntas departamentales hacen 
la elección. El congreso nacional regula la votación, 
y el que reúne la mayoría absoluta ^e sufragios de los 
electores de los distritos, y no de las juntas, queda 
elegido presidente. Si no resulta mayoría, el congre^ 
so nacional vota entre los que reúnen cuarenta votos: 
si ninguno los reuniere, entre los que tengan quince: 
y caso de no reunirlos, entre los que tuvieren cual- 
quiera número. 

Concede honores y distinciones, de acuerdo con el 
senado. 

Dirige las relaciones diplomáticas, á consulta con 
el senado. 

Propone al congreso las amnistías. 

Suspende y depone por tres meses á los emplea- 
dos de la federación, de acuerdo con las dos terceras 
partes de los senadores. 

Nombra y separa libremente á los secretarios del 
despacho, de acuerdo con las dos terceras partes de 
los votos del senado. 

Manda el ejército y armada. 

Concede premios de acuerdo con el senado. 



40 



SÉPTIMA. 

PODER JUDICIARIO. 

Angío^americana. — El presidente nombra los jueces 
con aprobación del senado. 

Duran en su ejercicio mientras no lo desmerezcan 
por su conducta. 

Todos los crimgies se juzgan por jurados. 

Mejicana. — Las asambleas legislatiyas de los estado» 
nombran los del tribunal supremo, y los demás el 
presidente á consulta de este. 

Guatemalteca. — ^El pueblo nombra los jaeces. 

Los del tribunal supremo se renuevan por tercios 
cada dos años : los de los estados se mudan por pe^ 
riodos. 

Se mandan establecer los jurados cuanto antes 
fuere posible^ 

OCTAVA. 

SANCIÓN DE LAS LEYES. 

Anglo'americana. — Ningún proyecto de ley acep- 
tado, discutido y aprobado en las cámaras, tiene 
fuerza de tal, hasta que el poder ejecutivo le autori- 
za con su firma. Si este halla algún inconveniente 
en hacerlo, le devuelve, dentro de diez dias, á la cá- 
mara en donde tuvo origen, acompañado de sus ob- 
servaciones. Si á la cámara no le satisfacen, discute 



41 



de nuevo el proyecto, y aprobado segunda vez por 
una mayoría de las dos terceras partes de los votos, 
le pasa á la otra cámara con sus reflexiones ; y si 
en ella se aprueba por las dos terceras partes de los 
votos, recibe el carácter de ley y queda sancionada. 

OoaiemaUeca. — £1 senado tiene la sanción, y la da 
ó la niegii dentro de diez dias, oyendo previamente 
al poder ejecutivo. Solo la niega cuando la reputa 
contraria á la constituciou, ó no conveniente á la re- 
publica. Debe alegar las razones en que apoye su 
resistencia, para que la cámara de diputados vuelva 
á examinarla de nuevo. 

Ya ve y., por lo expuesto, que los puntos mas 
notables de disonancia entre las constituciones de 
las tres repúblicas /ederativas, no son de tal grave» 
dad que puedan alterar el equilibrio de los poderes 
ni perjudicar al logro de los grandes objetos que 
se han propuesto las naciones que las han adoptado. 
Sin embargo, á decir verdad, siento que los legisla- 
dores de Méjico no hayan tomado una base mayor 
para la elección de los diputados del congreso na- 
cional, porque el número de los que corresponden 
á la población de ocho millones puede dar lugar 
á inconvenientes. ,,Yo se muy bien, como dice 
„ Hamilton, que no hay problema político mas 
„ difícil de resolver con precisión, que el relativo 
„ al número mas conveniente de diputados en el 

G 



42 



„ congreso nacional (*) : mas es preciso convenir 
,, en que si un exceso, en esta parte, puede ocasio- 
,, nar disturbios ; un cuerpo legislativo compuesto 
„ de pocos representantes, ni es seguro depositario de 
„ los intereses generales, ni reúne un conocimiento 
„ regular de las circunstancias locales dé sus cons- 
„ tituyentes, ni está á cubierto de ios tiros de la 
,^ seducción." 

Mucho hubiera dado por no encontrar en la cons- 
titución goatemalteca el articulo que autoriza al 
congreso „para permitir que los ciudadanos obten' 
„ gan pensiones y honores de otros gobiernos. ^^ 
Me llena de ansiedad la idea del riesgo que esta 
disposición pueda ofrecer con el portillo que abre 
á las mañosas intrigas de los envejecidos gabinetes 
de Europa, combinados, como lo están, en la ruina 
de las tiernas libertades ultramarinas. La austeridad 
severa de los hijos de Washington rae enamora en 
esta parte. La llevan hasta tal grado que ha habi- 
do caso en que uno de sus ministros diplomáticos 
rehusó á recibir el regalo con que acostumbran los 
gabinetes europeos manifestar su aprecio á los que 
residen cerca de ellos, cuando firman tratados ó se 
retiran de la corte. 



(*) Hamllton'; Works, tomo 2. folio 68. 



43 



y. advertirá que ni en la constitución anglo-ame- 
rícana ni en la de Groatemala se hace . especifica 
mención de la obligación que la de Méjico impone 
al congreso nacional, de proteger la libertad de tm- 
prenta. „ ¿- Qué significa la declaración de que se haya 
,, de conservar inviolable aquella libertad^ decia el 
„ sabio Hamilton? ^ Qué se entiende por libertad de 
5, imprenta? ¿ Quién puede definirla de un modo que 
„ no deje campo franco á la evasión? Su inyiolabi- 
„ lidad, continúa, pende mas de la opinión pública 
„ y de la del gobierno que de la fuerza que pueda 
„ imprimirle cualesquiera declaración que se l^aga 
„ en la ley fundamental." En Inglaterra hay com- 
pleta é invulnerable libertad de imprenta, y en su 
constitución no hallará V. artículo alguno que hable 
de ella. Prueba de que su permanencia se debe mas 
bien al influjo de la opinión pública, que al de las 

leyes. 

Me parece mas perfecto lo que establecen las cons- 
tituciones mejicana y guatemalteca en orden al reem- 
plazo de los senadores que se inhabiliten durante el 
receso de las legislaturas provinciales, que el que 
designa la de los anglo-americanos. Mas popular y 
mas conforme á la índole de la institución del sena- 
do, es el nombramiento de los suplentes hecho al 
mismo tiempo que el de los propietarios, que el que 
ejecutan los gobernadores, aunque sea con el nombre 



44 



de interinos. ¿Acaso durante la interinidad pueden 
llamarse verdaderos representantes del pueblo, como 
los que este nombra con el apellido de suplentes} 
I Y siendo atribución esencial del senado el ejercicio 
de la soberanía nacional, puede alguno de sus indiyiduos 
desempeñarla con toda legalidad, á no recibir la 
misión directa del poder? 

Sobre esta opinión se apoya el defectillo que des- 
cubro eif'el modo de hacer la elección del presiden- 
te y vice-presidente en Méjico. Entre los anglo- 
americanos uño y otro reciben la autoridad directa- 
mente del pueblo, al paso que en Méjico la toman 
de mano de una corporación elegida por este \ es de< 
cir, la elección en Anglo- América es directamente, y 
en Méjico indirectamente popular, resultando cierta 
lejanía del supremo magistrado, de la fuente única 
de su poder. ¡Y cuan oportuna es la prevención 
de la constitución anglo-americana acerca de que la 
designación de los candidatos la haga el pueblo en- 
tre los naturales y los forasteros de cada estado! 
Por este medio se dilata el radio de la elección, se 
estrechan las comunicacioues entre las provincias, y 
los servicios públicos tienen un campo inmenso para 
la incomparable recompensa que nace de la confianza 
general, manifestada en el hecho de proponerse á 
algún ciudadano para el grave cargo de presidente. 



45 



III. 

Si comparamos las bases de las repúblicas federa" 
tivas con las de las unitarias^ hallaremos la mayor 
uniformidad entre ambas, consistiendo la única di- 
ferencia en algunas funciones, que no siendo esen- 
ciales para mantener la integridad y el bien de 
la nación, se desempeñan con mejor éxito separadas 
que reunidas en una sola mano, quedando reducida 
la cuestión á saber : si el gobierno interior^, de una 
república será mas expedito y responderá con mayor 
seguridad á su objeto, desempeñado libre y exclu- 
sivamente por las autoridades populares de cada pro- 
vinciaj que fiado al poder supremo general de ella : 
en una palabra : 5f se gobiernan los pueblos mejor 
y mas fácilmente confiando á el celo y actividad de 
un hombre solo las inmensas, minuciosas é impor- 
tantes atenciones del régimen político y economía, ó 
multiplicando los agentes, j dejándolos obrar con 
soltura ? 



46 



PRIMERO. 

PUNTOS EN QUE CONVIENE LA EXTRÜCTÜRA DEL 
GOBIERNO FEDERAL DE MÉJICO Y GOATEMALA, CON 
LA DE LAS REPÚBLICAS UNITARIAS DEL PERÚ Y 

COLOMBIA. 



1? En la distribución del cuerpo^ legislativo en 
dós cámaras. 

S^ En la base de la representación nacional. 

3' En er método de las elecciones de los diputados. 

4? En las calidades de los electores. 

5? En la duración de las sesiones de la cámara 
de diputados. 

6? En las atribuciones principales del cuerpo le- 
gislativo. 

7? En la forma y atribuciones del senado. 

8 ? En las cualidades del gefe del poder ejecutivo, 
en sus facultades y restricciones. 

9? En la fórmula y orden de hacer las leyes. 

10? En la absoluta separación de los tres poderes. 

11? En las garantias de la libertad individual. 

SEGUNDO. 

PUNTOS EN QUE DISCUERDAN LAS FORMAS DE LOS 
GOBIERNOS FEDERATIVOS Y CENTRALES. 

I ? En algunas repúblicas unitarias, entre las cua- 
lidades precisas para ser diputado, senador y presi- 



47 



« 

dente, se requiere la de poseer bienes raices ó alguna 
industria. 

2? En las del Perú y Goatemala, el congreso na- 
cional puede requerir al poder ejecutivo para que 
negocie la paz. 

3? La constitución de Goatemala impone al con- 
greso el deber de arreglar el ejercicio del derecho 
de petición. 

4? La misraa exije en los presidentes la cua- 
lidad de ser seculares. 

b^ La misma limita á los diputados y al presidente 
la iniciativa de las leyes, que la de Méjico extiende 
á las legislatuois provinciales. 

6? La misma da al pueblo la elección de todos 
los jueces, y los hace temporales. 

I Y estas disonancias podrán dar lugar á algunos 
inconvenientes ? La mayor parte recae sobre puntos 
casi reglamentarios, que nada tienen que ver con los 
cardinales del sistema. ¿ Pero, y las funciones legis- 
lativas, me dirá Y.., que en las repúblicas federales 
ejercen los congresos de las provincias, ó sea las 
asambleas de los estados, y no se conocen en- las con^ 
solidadas^ no forman una diferencia notable entre am- 
bas que deja expuestos los pueblos á todos los males 
demagógicos? No, porque aun en esto hay bastante 
armonía entre ambos sistemas, y para que Y. se con- 
venza, y conozca la debilidad de los argumentos con- 



48 

irarios, bastará examinar la clase de autoridades que 
en las repúblicas federales y unitarias desempeñan los 
cargos anexos al gobierno interior de ellas, y las fa- 
cultades de que están revestidas* 

TERCERO. 

AUTORIDADES QUE EN LAS PROVINCIAS DESEMPEÑAN 
LOS CARGOS ANEXOS A EL GOBIERNO INTERIOR DE 
LAS REPÚBLICAS FEDERALES Y UNITARIAS DE 

AMERICA. 

EN LAS REPÚBLICAS UNITARIAS. 

En Colombia. — Un intendente en cada departamen- 
to, y un gobernador en cada provincia. 

En el Perú. — Un prefecto en cada departamento, 
un gobernador en cada distrito, y una junta departa- 
mental compuesta de un individuo por cada provin- 
cia, nombrado popularmente. 

En Chile. — Un gobernador político y militar en la 
cabeza de cada departamento. 

Un delegado en las delegaciones. 

Un subdelegado prefecto ó inspector en cada partido. 

Un consejo departamental, compuesto de un vocal 
de cada departamento, nombrado popularmente. 

EN LAS REPÚBLICAS FEDERALES. 

En M^ico y Goatemala, — Un gobernador gefe 
del estado. 



49 



Una asmntiiea compuesta de <fiputad€»s poputar* 
mente nombrados. 

CUARTO. 

FACULTADES OE LOS GEFES DE LAS PROVINCIAS. 
£fr LAS REPÚBLICAS UNITARIAS. 

En Colombia.^^Lsís leyes deben señalarlas. 

En el Perú y Chile. — Los prefectos, intendentes 
y gobernadores, cuidan de conservar la tranquilidad 
pública con sujeción al gobierno de la república, 
celan el cumplimiento de los deberes de los funcio* 
narios públicos y gobiernan la hacienda. 

EN LAS REPÚBLICAS FEDERALES. 

En Méjico y Goatemala — £1 gobernador ó gefe 
lleva á ejecución los acuerdos del congreso general 
y los de . las asambleas del estado, cuida de mantener 
el orden y la tranquilidad, dispone de la fuerza ar* 
mada, y nombra los empleados subalternos, de acuerdo 
con el congreso provincial. 

FACULTADES DE LAS ASAMBLEAS PROVINCIALES. 
EN LAS REPÚBLICAS UNITARIAS. 

En el Perú. — Vigilan las operaciones de las mu« 
nicipalidades, cuidan del fomento de la industria en 
la provincia,, forman su estadística, reparten las eoft« 
tribuciones, son coosqo del prefecto, proponen al se« 

H . 



ao 



nado los gobernadores, remiten listas de los beoemé- 
rítos, y forman la terna de los que creen dignos de la 
presidencia de la república. 

En Chile, — Casi lo mismo que en el Perú. 

En Méjico. — Forman la constitución para el go- 
bierno interior de cada provincia, vigilan la obser- 
vancia de la constitución general de la república, pro- 
tegen la libertad de imprenta, fomentan la industria, cui- 
dan de consolidar el crédito y de satisfacer las deudas 
que el congreso reconoce, establecen contribuciones para 
el pago de los gastos de la provincia, enviando nota al 
congreso, fijan ios gastos de la provincia, é instruyen al 
congreso de los adelantamientos que hacen la agri- 
cultura y las artes. 

En esto proceden como legisladores en cada provin- 
cia, acordando lo conveniente y llevándolo á efecto 
por medio del gefe ó gobernador, aunque con ciertas 
restricciones que les impiden salir de los límites del 
gobierúo interior. 

En Goatemala. — Lo mismo que en Méjico, y ade- 
mas fijan la fuerza pública de cada provincia y ad- 
miten la renuncia de los senadores. 

De lo dicho inferirá Y. que las atribuciones del 
gobierno interior se desempeñan con número menor 
de empleados en las repúblicas federales^ que en 
las unitariaSy y que en aquellas se deja á los pue- 
blos la directa iacultad de arralar por si lo rflati- 



51 



vo á su buen ótáeñ y prosperidad domésticii, nm 
que «n eUo intervenga la mano del gobierno nacio- 
nal, y sin que se eximan los pueblos de dar euen* 
ta de sus operaciones al congreso. ¿Y media otra 
diferencia entre las facultades de las asambleas pro- 
vinciales de las repúblicas unitarias y de las Júdc' 
rigtivas, que la de no tener necesidad los pueblos 
de estas, de la lenta y abrumadora protección de la 
corte, que sufren los de las unitarias para el arre* 
glo de los negocios en que solo se trata de consul- 
tar ¿ sus verdaderos intereses locales í ¿ En el modo 
c<m ^ue los gobernadores y asambleas desempeñan 
sus funciones económicas y políticas en las repúbli- 
cas unitarias, vé Y. mas que una dependencia in- 
mediata a la corte, solo buena para aumentar sus 
criaturas y sus aduladores, y poco útil al pro- 
comunal ? ¿Y nos olvidamos de cuanto nos lamentá- 
boitaos de la fatal raania del gobierno español en 
querer mandarlo todo, tiranizando con sus ctiidailos 
tan minuciosos como infecundos y molestos á los 
pueblos á quienes se lisongeaba favorecer? 

¿Y por ventura un gobierno central unitario estará 
mas instruido de lo que convenga al bien inte- 
rior de los pueblos, tendrá mas facilidad de adop- 
tar los medios conducentes á el logro, y será nms 
cuidadoso en facilitarlos que los mismos pueblos? 
¿Un gobierno central procede de otro modo en la 



62 



materia que oyendo á sus agentes? ¿Y estos consul- 
tan siempre á la opinión pública? ¿No apoyan su 
dictamen sobre el de sus subalternos, ó sobre lo que 
les sugieren sus conocimientos? ¿Y quién agita la 
resolución en la corte? Sola la buena intención del 
gefe del estado. ¿ Y cuántos obstáculos oponen á 
sus deseos benéficos, el cumula mismo de los nego- 
cios que le rodean, la impericia y las pasiones de 
los subalternos? ^Y cuál es el resultado? Quedar 
mn hacerse el bien,~^ liacerse de un modo imper- 
fecto. 

No inutilicemos la9 lecciones que nos dan la Ghnuí 
Bretaña y la historia de la península, si queremos 
apreciar verdaderamente las ventajas del sistema fe-- 
derativo^ en la parte que los contrarios miran con 
ceño. 

¿Las obras mas magníficas y que mas directamente 
influyen en la prosperidad interior de la Gran Bre- 
taña, se deben á los impulsos del gobierno unitarioy 
ó a los estímulos poderosos de los intereses domis" 
ticos ^ ¿La tutela de la corte, ó las especulaciones 
privadas han atraído á la construcción de los canales 
de la nación inglesa la enorme suma de 16O.O0iO,OOO 
de duros en el corto plazo de 50 años? ¿El poder 
central del gobierno, ó los cálculos libres de la con- 
veniencia federal privada, han llevado el número de 
las máquinas de vapor á 19,000 en el mismo tiempo ? 



S8 



¿ Cuando. se consiruyeron en España las obras mas 
suntuosas y mas intinianiente enlazadas con el fo- 
mento de su riqueza? En la época en que los pujC- 
blos, merced á las sabias leyes que los dirigian, de- 
cidían como soberanos federados en sus negocios 
interiores. ¿ Por qué carece la península de canales, 
y por qué en las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa, 
hay cómodas, costosas y bellas carreteras? Porque 
el gobierno unitario se empeña en hacer por sí solo, 
lo que en el gobierno foral de las provincias bas- 
congadas, acuerdan y llevan á ejecución como so- 
beranas sus legislaturas particulares. 

I Por qué carecemos de una estadística de la penín- 
sula? Porque el gobierno unitario se empeñó en 
hacerla. ¿ Por qué se adelantó su formación y se ani- 
mó el espíritu vivificador de la industria, y de la 
ilustración en las provincias de España, desde el año 
de 1820 al de 1823? Porque las diputaciones pro- 
vinciales, imagen imperfecta de las asambleas legis- 
lativas de los gobiernos federales, con la pequeña 
parte del gobierno interior que les cupiera en suerte 
dieron impulso á los agentes de la pública prosperidad. 

Concluyamos, amigo mío, con que carecen de apoyo 
los raóiocinios de los que se empeñan en encontrar 
un vicio capital en los gobiernos federativos^ dima- 
nado de las atribuciones que en ellos desempeñan las 
asambleas provinciales; y que bien analizada su na- 



64 



turaleza no hay en ellos tan graves divergencias 
respecto á los unitaríosj como les atribuyen los que, 
ó no han querido, ó no creyeron necesario reconocer 
detenidamente la estructura de ambos. 

£3 de V. af»o amigo Q. S. M. B. 

X. 

Nueva York. 
SO de noviembre de 1885. 



í^ s 



CARTA IV. 

S£ EXAMINAN LOS PRINCIPIOS, SOBRE LOS CUALES SE 
APOYAN LOS IMPUGNADORES DEL SISTEMA REPUBLI- 
CANO FEDERATIVO. 

Mí dulce y apreciable amigo: la incompleta de- 
finición que según V. ha visto ya, nos dio el Sr. 
Egaña de los gobiernos tepublicanos federados, y^. 
su nimia adhesión á la antigüedad, le han conduci- 
do á establecer ciertos cánones, en mi dictamen in- 
exactos, por bases de los argumentos con que com- 
bate los gobiernos republicanos mas perfectos qué 
han inventado los hombres. „ Cuanta mayor porción 
„ de soberanía, dice, consiguen los estados ea la re- 
„ presentación federal, y cuanto mas se acerquen á 
„ la unidad, será tanto mas fuerte, y acaso mas per- 
„ iecta la federación ; . . . . resultando de aquí, que 
„ dada una porción igual de población, recursos y 
„ localidades, se desplegará mayor fuerza y vita- 
„ lídad de la acción ejecutiva en el gobierno cen- 
„ tral que en el federal (♦). 

No negaré que resultaría un verdadero desorden 



(*) Memorias politicas, §. 1, fol. 1. 



66 



si Bé dejara á cada estado caminar sin enlace con el 
centro de todos, (caso que no puede suceder en las 
repúblicas federales bien organizadas) : y convendré 
ademas en que cuanto mas grande poder se radique 
eh manos del gobierno central, es decir, cuanto me- 
nor sea la masa de resistencias á su voluntad, y 
mas débil en el pueblo el ejercicio de la imprescrip- 
tible soberanía que en él reside, tanto mayor será 
la fuerza que en sí reúna, mayor la facilídiid de 
llevar á efecto sus ideas sin estorbos, y mayor tam- 
bién ' la de cometer abusos. Por esta raeon es mas 
robusta la acción de un déspota, que la de, u» rey 
constitucional : mayor la de este, que la del presi- 
dente de una república unitaria ; y mayor la que este 
ejerce que la que desempeña el gefe de; una república 
federal. Según la doctrina del Sr. Egaña será mas 
perfecta la unión en el gobierno despótico que . en 
el republicano ; y á la verdad es tal, si unión pue- 
de llamarse el violento encadenamiento de el pueblo 
al yugo pesado de la arbitrariedad ; que arrebata, á 
los sometidos hasta el derecho de pensar, y los des- 
poja de los medios de indicar sus mas inocentes y 
justos deseos, convirtiéndolos en unos esclavos sin 
facultad de hablar ni aun de sus intereses domésticos. 

Para que la federación se perfeccione, basta que 
los interesados fijen los términos de ella, sin necesidad 
de establecer mayor ni. menor unión,' menor ni ma- 



v 



67 



yor fuerza. Será la federación roas ó menos venta* 
josa, mas ó menos fecunda en resultados, y respon- 
derá mejor ó peor á los objetos que se hubieren pro- 
puesto los federados; pero perfecta lo será desde 
que conste la voluntad de estos. Para que la. federa- 
ción republicana produzca los buenos efectos que se 
deseen basta : primero, que los medios estipulados res- 
pondan á los fines que se hayan fijado sus promotores : 
segundo, que el gobierno tenga el poder necesario para 
su desempeño, con el menor sacrificio posible de los 
derechos de los federados : y tercero, que los encargados 
de llevar á efecto los planes de la federación, lo 
hagan con entera conformidad á sus deseos, 
' Asegurar la independencia de la nación, conservar 
la . paz interior y exterior, proteger la libertad indi- 
vidual, arreglar las relaciones mercantiles de dentro 
y fuera, y fomentar los manantiales de la riqueza 
pública, son 'los únicos objetos del gobierno. Acor- 
dar lo conveniente para su logro, levantac ejércitos y 
escuadras, disponer de ellas s^un lo exigieren las cir- 
cunstancias, establecer impuestos, cuidar de la recta 
y pronta administración de justicia, y sujetar á todos 
al cumplimiento de los acuerdos, dirigidos á la con- 
secución de los fines indicados, son las^ atribuciones 
inherentes á la autoridad suprema* Ahora bien, ¿ al 
poder legislativo en las repúblicas federales^ según 
se deduce del examen que hicimos del mecanismo 



66 

de su organización, le falta algún requisito de los ne- 
. cesarios para la consecución de los referidos objetos ? 
¿ £1 ejecutivo no tiene todas las facultades y atributos 
conducentes al exacto cumplimiento de sus funcio- 
nes? ¿El legislativo y el ejecutivo gozan mayores 
prerogativas en las repúblicas unitarias^ que en las 
federales? ¿Tienen mas restricciones en estas que 
en aquellas ? Posee igual fuerza en ambas ^ luego 
^ según la doctrina del Sr. Egaua, serán los gobier* 
nos federales tan perfectos si no mas, que los conso- 
lidados, porque reúnen en sí los medios necesarios 
para responder cumplidamente á los fines de la socie*- 
dad, estando menos expuestos á la corrupción que 
los unitarios respecto á que el poder ejecutiva, no 
tiene tantos medios de lisongear las pasiones humanas. 
La única diferencia que se nota en la forma de 
las repúblicas unitarias y federadas^ hace que en 
las primeras sea mucho menor el aliciente de lojs 
empleos que en las segundas; menores las pieroga«> 
tívas del poder ejecutivo; menores los medios de 
lisongear las ambiciones individuales ; menor de. con» 
siguiente, la atmósfera de la adulación que le rodea • 
menor la imposibilidad de hacerse adictas á . sus 
intereses personales; menor la masa de gracias y de 
beneficios que puede dispensar; y menor también 
su influjo sobre el bienestar interior de los pueblos* 
Y siendo mas perfecto aquel gobierno que desempe- 



'se 

ñu con mas exactitud, y con menos riesgo de abu* 
sar, los objetos que los hombres se han propuesto al 
constituirle, dejando al pueblo el goce de sus de- 
recboB, con sola la diminución necesaria para su lo- 
gro:; y reuniéndose estas cualidades, según hemos 
visto, en el republicano federativo^ deberanos confe- 
sarle la peifeccion que sus contrarios se resisten á 
concederle. El federativo reúne en si tan preeiosas 
calidades, sin los riesgos que se corren cuando el po- 
der ejeütrtivo se mezcla hasta en los mas pequeños 
pormenores del gobierno, ó cuando se coloca á una 
gran distancia de la vigilante censura del pueblo, 
de quien recibe su autoridad. 

Y tomando del modelo vivo de la constitución % 

anglo-americana lo conducente para robustecer esta 
opinión, preguntaré al Sr. Egaña y á cuantos le 
acompañan en su dictamen : ¿ qué efectos ha ptodu- 
cido hasta aquí la forma republicana federativa que 
han adoptado por base de su gobierno los hijos de 
Washington ? La historia nos dice que desde el 
momento eu que estos llegaron á consolidar el sis- 
tema político que los dirige, aparecieron á la faz del 
mundo como una nación grande, rica y ¡Tróspera: sín- 
tomas de un buen gobierno^ que por el influjo de su 
constitución, consolidaron su independencia, asegura- 
ron su libertad, atrajeron á su seno á muchos euro- 
peos, que perseguidos y desconfiados de hallar reposo, 



60 

orden y comodidades en el viejo mundo, buscaron 
un asilo en el norte del nuevo, y que en un corta 
numeró de años llegaron al alto grado de esplendor 
que nos descubre su población actual de IS.OOO^OOO, su 
fuerza militar de 754,566 hombres, y la extensión de su 
comercio que pone anualmente en movimiento la suma 
de 179.677,060 duros. ¿ Y tan insignes resultados no 
bastarán para demostrar que el gobierno republicano 
federal tiene toda ía unión, toda la fuerza, y los 
medios suficientes para desempeñar sus objetos ? ¿ Y, 
aumentar su fuerza no seria una temeridad, que solo 
produciria males, cuando la templanza de la federa- 
ción presenta bienes tan considerables? 

Por. decontado que no áoy tan imprudentemente 
exagerado, que cuando reconozco las ventajas de el 
sistema federativo intente persuadir, como supone el 
Sr. Egaña, que este sea el gobierno absolutamente 
mas perfecto de los conocidos^ y que no sea da» 
do al genio de la ilustración mejorarle, JSsta sería 
una puerilidad, que mereceria el desprecio, tanto 
mas, cuanto no es dado á la fragilidad humana hacer 
cosas tan acabadas ; mas los resultados de esta decía* 
ración alcanzan á los gobiernos unitarios y á los »io- 
nórquicos. Por esta razón, tengo por ageno del buen 
juicio del Sr. Egaña su empeño en combatir los sis- 
temas republicanos federales, precisamente porque no 
reúnan la perfectibilidad absoluta, pareciéndome mas 



61 



acomodado al giro de las cosas humanas el cotttetitarnoil 
con averiguar cuando la federación se deba llamat 
buena, por valerme de las mismas expresiones de 
dicho escritor (*). 

Para lograrlo, abandonando por mí parte el tema es- 
colástico y lleno db anfibologías de que se yale-el 9r« 
Egaña, á saber : <^ que si la federación solo goza de 
„ la perfección en lo que participa de la unidad^ 
5, esta unidad será siempre mas perfecta que la fe^ 
,, deracion, por aquello de propter quod unum* 
,9 quodque est tale, et illtíd magis :*^ sentaré la 
proposición que procuraré demostrar con los resul- 
tados del régimen- federativo, á saber : „ que aquel 
,, merecerá el titulo de buen gobierno y de mas perfecto^ 
,, que siendo menos costoso asegure la independencia 
,, y la tranquilidad de la nación, la libertad del ciuda^ 
,, daño y la pública prosperidad, dejando al pueblo 
„ el ejercicio de la soberanía en cuanto no sea incom^ 
,, patible con la conservación de estos nobles fine sj*^ 

El Sr. Egaña para hacer valer su principio de 
unión, se vale de ejemplos sacados de la historia. „ La 
^, Alemania, dice, que parecía destinada á dominar la 
<* Europa, por efecto del sistema federativo se ha 
<^ constituido en clase dé una nación pasiva cuyas 



(*) Memorias poh'ticas, fol. 11^ 



62 



^ mayores empresas pocas veces se extendían á sus 
<< vecinos S^ Ya en otro lugar he demostrado la diver- 
sidad que media entre la federación germánica y la 
americana, así como la incongruencia de querer des- 
acreditar la última con los fatales resultados de la 
primera, debidos á la calidad de* los federados que 
eran soberanos independientes, y á la forma irregu- 
lar de su alianza que la dejaba expuesta á los ata- 
ques de la ambición interna y externa, la cual no 
puede verificarse en pueblos federados al estilo an- 
glo-americano. 

De el raciocinio del Sr. Egaña se deduce, que 
mira como imperfección de las federaciones la im- 
posibilidad de extender sus miras á los estados 
vecinos. ,, Las mayores empresas^ dice, de la ger- 
mánica rara vez se extendieron á los vecinos^ efecto 
de su inacción ; y estCj resultado de el sistema fe- 
deraW Si el objeto principal de los gobiernos 
es el de hacer conquistas, convendré en que el fede- 
ral no le desempeña, porque presenta, dificultades 
mayores que el unitario para llevarlas á efecto; y 
añadiré que para realizarlo con mayor presteza se 
debe reunir en una mano hasta el último resto del 
poder; pero como no puede ser este el fin de nin- 
gún gobierno libre y popular, y como la estructu- 
ra del federativo opone los mayores obstáculos á 
una idea tan funesta que no se llama criminal por- 



es 



que lá fatalidad y el miedo han divinizado á los 
conquistadores; de aqui se deduce una consecuen- 
cia favorable á las repáblicas federativas i porque 
cierran la puerta á las invasiones del poder sobre 
los vecinos, condenan el espíritu de dominación, y 
dilatan la esfera de la unión entre los pueblos, en 
los cuales la rivalidad de los gabinetes, las pasio» 
nes de los gefes, acaloradas con la compacta unión 
de los subditos, ó mejor diré, con la esclusíva defe- 
rencia á sus impulsos, diñmden la discordia, privan- 
do al linage humano de las incalculables ventajas 
que debiera sacar de la franca comunicación de las 
luces y de las riquezas. 

„ Si la Francia, continua dicho escritor, hubiera 
„ establecido el sistema federal, lejos de ser conquista» 
„ dora hubiera cedido á las fuerzas combinadas de 
„ Europa que la atacó en diversas coaliciones(*)." 
Si Francia hubiera adoptado el régimen república^ 
no federativo^ no hubiera visto levantarse el guerrero, 
que estrechando la llamada unión y reuniendo en si 
toda la fuerza, sin obstáculos capaces de contener 
sus desórdenes, comprometió á su patria en guerras 
tan sangrientas como gloriosas, y terminó su carre- 
ra dejándola envuelta en las cadenas extrangeras. 



(*) Memorias, ^. 1. fol. 2. 



64 

Y cuidado, amigo mió, con que todas las coaliciones 
y todas las intrigas de los monarcas europeos se 
estrilaron contra el poder de la Francia, mientras 
se gobernó de un modo poco favorable á la consjoli^ 
dación ; y fue conquistada cuando este se halló re- 
ducido á una estricta unidad. Para que un hombre 
ambicioso ó afortunado pueda atraer los efectos de 
la combinada acción de la fuerza sobre un país que 
ha abrazado el sistema republicano federativo^ debe 
contar con la cooperación de hombres que están 
derramados en los estados en que se distribuye la 
república, y cuya independencia les impide auxiliar 
sus intentos. Esta dificultad, nacida de la forma del 
gobierno, contiene las usurpaciones de el poder 
«ñas eficazmente que en el unitario^ y le da un 
grado de mayor consolidación y robustez. „Cuan- 
„. do, según Montesquieu, un ciudadano consigue 
„ una gran influencia en un estado ó provincia de 
^ ias en que se divide una república federada, con 
^ eUo alariAa á las demás : si logra someter á . algunas, 
„ las que quedan libres se oponen vigorosamente 
„ con el fin de mantener su independencia respecto 
y, á las subyugadas, y esto al fin desbarata los pro- 
„ yectos de la tirania (*)." En las repúblicas uni- 



^*) HamiltoD, id. 



65 



tarias en que falta esta feliz comUnacion de salra* 
l^tiardias de la libertad, es mas fácil al qae desempeña 
el mando stfbyugartas, que en las federales, lo €ual 
demuestra ser mas perfecta la unión de las últimas, 
porque mantienen íntegro el calor vital de la libera 
tad, minero del poder y de la fuerza. 

Los abogados de las repúblicas unitarias^ las prd-» 
fieren á las federales porque las creen menos ex- 
puestas á los ataques extrangeros; mas se engañan 
en sus conceptos. Los ataques de la fuerza externa 
en tanio son temibles y probables, en cuanto son 
mas frecuentes y mas fáciles los pretextos de la irrí^ 
tacion y del encono. Los pueblos aborrecen las 
guerras, y los anales del mundo nos. enseñan que 
casi siempre se han visto arrastrados á la matanza 
por sus directores, los cuales cuando carecen de fre* 
no que contenga el giro de sus paciones, las sos- 
tienen á costa de la sangre y de la fortuna de sus 
sometidos, haciendo pasar por efectos del entusiksmo 
nacional la obra exclusiva de su egoísmo. Póngase 4 
los pueblos fuera de la absoluta ó de la demasiado 
compacta influencia del poder ejecutivo, déjeseles co« 
nocier sus verdaderos intereses, y no se les despoje 
del ejercicio de la soberanía sino en la parte precí* 
sa para que la combinación de la fuerza física y 
moral de la nación, los conduzca al fin de sus 
despeos primarios, y estoy seguro de que se ase* 

j 



w 



gurará Ja paz entre los hombres, y se disminuirán 
las ese^as de desolación y de espanto, que hasta 
aqui han ajlijido al mundo, fruto de la inmoralidad 
de lúp gobiernos, mas que de la perversidad hu- 
man^. • 

Si los gobiernos republicanos umiarios por efecto 
de l^a otganiKacion de los poderes que los compMien 
presentan obstáculos poderosos á las cabalas de los 
gabinetes que tantas y tantas veces han encendido la 
tea de la discordia en el mundo; y si apartan las 
sospechas de . las demás naciones, dificultando con 
ello. SUS' ataques: los federales con la censura que 
en ellos sufren los poderes, y la viva soberanía que 
mantiene el pueblo, multiplican sus resistencias . y 
dtecen todas las ventilas e anteriores que hecha mekios 
el Sr. Egaña. Mas si á pesar de todo, la inmorali- 
dad de algún gabinete despreciando la virtud, vili- 
pendia sus respetos y vulnera sus derechos, la indo* 
le del gobierno lejos de desvirtuar robustece la acción, 
para sostener la defensa. ¿ Los anglo-americanos aca- 
so hallaron eti sii estructura federal, motivos para atf 
indefensión ? ¿ Con ella no obtuvieron victorias seña-, 
ladas sobre sus enemigos? ¿no se sobrepusieron á 
sus rivales de Buropa „de un modo que sus escua- 
„ dras no solo están en disposición de protejerlos 
„ contra cualquiera insulto, sinq que la dilatación de 
„ sus costas, y el grande aumento que reoib^ su po- 



ev 



^y Uacíon les aseguran el imperio de los mares (*) ?" 
Eb la única guerra que l^n tenido con la poderosa 
nación inglesa! desde que afirmaron su libertad 7 su 
cdnstftncio^ se hanlibxado.SS acciones navales,' que 
arrebataron a sus enemigos 66 buques át guerra, 910 
cañones y 1,610 mescantes con SyOOO cañoiies : ha- 
biendo perdido los anglo-americanos solos S5 baques 
de guerra, y 6 dé oomefcio vcon 493 cañones. 

„ No hay empresa mas difícil^ y tal vez imposi" 
yy ble, prosigue, el Sr. Egáña, que la de establecer 
„ una federación' perfecta ; por la dificultad de es- 
„ tablecer una perfecta unión entre los pueblos que 
„ se reservan una parte do su soberanía, de la cual 
„ pueden abusar contra los intereses comunes, por 
„ los inconvenientes que ofrece el establecimiento de 
„ una fuerza coactiva, que obligue á cumplir las 
„ disposiciones federales : si no existe esta fuerza ha-* 
„ brá desastres y desórdenes, y si la hay la federa- 
„ cion ó el poder egecutivo podrá abusar de ella.^' 
Estoy de acuerdó en que es obra muy difícil la de 
constitoiír un gobierno sea republicano, ó monárqui- 
co : pero me resisto á confesar que sea mayor la di- 
ficultad de conseguirlo con el federal, por la que 
ofrece para establecer la unión entre los pueblos. 



{*) Wanden's, id. folio 8. tomo 1. 



es 



l Por ventura esta no existe en la de los anglo»ame- 
ricanos? ¿ Después de cincuenta años se ha no« 
tado que algún estado haya abusado de «us ík- 
cultades, contra los intereses comunes? ¿Y la 
experiencia echa en una nación compuesta de ele- 
mentos tan heterog^eos como son las costuQibres de 
la mayor parte de sus habitantes, no sirve de coa- 
vencimiento a los que ven perjuicios donde no exis- 
ten? 

Siempre que al constituir la federación se organi- 
cen bien' las atribuciones de losj poderes generales de 
ella y las de los estados, según se ejecutó en el Ñor- 
*te de América, después que la paz introdujo la cal- 
ma, y apagó la efervecencia de las pasiones : resul- 
tará una verdadera y sólida unión entre las partes 
integrantes del gobierno, sin necesidad de establecerla 
á costa de los derechos del pueblo. ¿ Quién podrá 
persuadirse, de buena fe, que los hombres hayan de 
pagar con mas gusto el tributo sincero de su obe- 
diencia á un juez de ellos desconocido, que no ten* 
ga mas garaatia de su probidad y luces, que las 
que pueda darle el nombramiento hecho por el gefc 
de la nación, á quien no es posible asegurar el acierto, 
que ÍL el que el mismo pueblo hubiere nombrado, an- 
ticipando con la elección la protesta de su acquies- 
c^encia ? ¿ Quién creerá que el pueblo reciba con 
mas gusto unas leyes crimin^tles, echas por quien 



69 



acaso descimoce el ínáujo ée las locatidades, por na» 
que reúna en si la representación nacional: que la» 
que él mismo hubiere sancionado^ y en cuya forma* 
cion haya tenido una parte inmediata ? 
> I Satisfarán los pueblos con mayor esmero las con- 
tribuciones que les señalen sos poderhabientes que 
las que ellos mismos se hayan impuesto por califi- 
carian de fácil pago? ¿Se persuadirán jamas que los 
gastos estén reducidos al mínimo, mientras no tengan 
una parte inmediata en la designación de las econo- 
mias? ¿Podrán persuadirse que la llave de las fuen- 
tes de la pública prosperidad se maneje con mas 
acierto por funcionarios de ellos casi desconocidos, 
y que residiendo en la corte, no conocen á fon- 
do los verdaderos agentes de la riqueasa de cada pro- 
vincia y los obstáculos que pueda hallar el rápido 
curso de' sus utilidades que por los mismos que 
viven sobre el terreno, y tienen un interés inmediato 
en el acierto de las operaciones conducentes á ase- 
gurar su peculiar prosperidad ? Se reputará mas 
integro un gobernador elejido por el presidente 
de la república, que el que merezca el nombra- 
miento al pueblo á quien debe complacer ezclu' 
sivamente i ¿Y mientras los ciudadanos no estén 
satisfechos sobre los extremos ya citados, podrán 
conyencerse de la bondad del gobierno ? ¿Y mien- 



10 



ÍM9m no lo estubier^n, como se aribigfuá eatre ellos ei 
espíritu público^ ,que es el alma de los gobiernos y 
y la fuente del poder de las naciones ? 

£1 establecimiento de una £aerza coactiva en la» 
T^^hhcaB federadtu ao produce loamales que arbitraria- 
mente se le atiibayí»! : pues que no se ban experimentado 
en la Anglo*americana, la cual sostiene en medip de 
la paz 6,000 hombres. ¿ Y el Sr. Egaña ignora la fir- 
meza con que la constitución federal de Goatemala 
asegura la sumisión de los estados á los preceptos de 
la autoridad suprema de la república, enfrenando la 
tendencia á la insubordinación ? ¿ Y organis^affe la' 
fuerza militar del modo que lo está en la república 
federativa que creo Washington, la cual consta de 
6,000 hombres de tropa fija, y de 748,566 de milicia 
nacional, puede haber ni asomos de que el cengreso 
ó él presidente abuse de ella, como ccm laudable timí«' 
dez, recela el político chileno I . * . . Esto se podrá temer 
en las repúblicas unitarias^ porque en ellas la fuerza está 
á disposición del poder ejecutivo, sin las barreras que 
la estructura del gobiernoye£lera/t>pone alas demasías. 

El Sr. Egaña cree „que este no puede ser útil á 
„ las naciones, á no haber en ellas una completa 
„ homogeneidad en las leyes, en las costumbres, en 
„ la religión, en los intereses políticos, en la poUa* 
„ cion, en los recursos y en el espíritu áiilitar de 



n 



^ los eat^oB: porque de otra modo los débiles su*' 
yj Ciimbir&n bajo el pdso de la influencia de los mas 
,> poitoosos. ÍM unidad de las leyes y costumbres 
^ Iiíeo la felicidad délos acheos^ y hace que lafede^ 
,, deiücion de los. fistadtís-Unidos de América sea 
,, menotf ilni^erfecta. En las fafanuáoses, es neoe- 
,, sarta la unidad '^li^fiosa, por la infiuencin que 

,, ejerce en ellas" Aqui se vuelven á confundir 

las id^s, aplicando á 'las federaciones de pueblos ^ue 
reconocen sugecion á una autoridad suprema, los d«¿ 
defectos .*dé las ligas de sabevanos independientes. 
Ea estas es necesario un equilibrio de fuéVzas y de 
riquezas; y el ejemplo que se cita, lo demues- 
tra ; mas no así en las repúblicas Jbderáles consti- 
tuidas al estilo americano. La utilidad de esta chh' 
se de gobiernos pende de la facilidad que propor^ 
cionañ para el' logro de los objetos de su institu- 
ción. Y se opone ^al de la iyidependencia, de la 
seguridad, y dé la Hbertail individual, y al fomento 
de la pública prosperidad de una nadon, el que 
por ejemplo los moradores de una provinlbiá, ' sean 
mas vivos y mas alegres que ; los de otra, -y <Étos 
sean menos fiinfarrones que aquellosv ¿ Qué mala 
inffuencia puede tener el (Jue, pOr ejemplo; Guay al- 
quil tenga 90.000 habitantes, Boy acá «Mfi.OOO y 
Apuro 90.000, departamentoi^^ de la repú]|;>U<;a .4^ 
Colombia, cuando todos ests^o suboi^dinadps. ^ la di- 



ira 



reccion de los «gentes supremos establecidos para 
mantener la armonía y el orden del cuerpo social? 
Siempre que la ley fundamental ligue A todas las 
IMrovincias, y que sea igual para todag la base orgá- 
nica de su gobierno ; ' la diferencia en los hábitos de 
ios haUtantes y en las leyes relativas al orden inte- 
rior de la sociedad, no puede disminuir las. ventajas 
de la federación. 

No diré lo mismo de la religión. Siempre que los 
l^ísladpres declaren alguna por exclusiva, la dife- 
rencia, de profesiones dañara á la república. Si por 
ejemplo fuera dominante en la nación, la rel^on ea- 
ttiica, en unos estados la protección legal recayera 
privilegiadamente sobre los prcsbyterianos, y en otros 
sobre los unitarios y los baptístas, seria im- 
posible de establecer la unidad de acción, porque 
como, se avienen los cat«4ícos con los protestan- 
tes, cuando cada cuál cuente con la posesión de su 
religión, robustecida por las leyes. La intolerancia 
religiosa, producto lastimoso de los errores político^ 
arma á los hombres entre sí, introduce una envener 
nada levadura en el cuerpo social, irrita las pasiones 
del sacerdocio y del pueblo, y sacrifica siempre la 
tranquilidad y el bien de las naciones á las ideas 
espirituales. La concordia tan quimérica como 
vanamente buscada entre el sacerdocio y el imperio 
por los mismos legisladores que han sostenido con el 



73 



mayor vigor la intolerancia^ ó no puede existir, ú si 
existe es solo para hacer mas desgrapiada la saeite 
del lináge humano. 

La tolerancia^ por el amtrario, negando á las 
creencias religiosas una existencia civil privilegiada, 
influye en la prosperidad de las naciones sin rom«- 
per el lazo de la unión de sos partes integrantes. 
Los anglo-americanos la han adoptado felizmente, 
y las resultas acreditan la sabiduría de su conducta. 
¿ Al cabo de medio siglo se ha visto síntoma alguno de 
desunión • en medio de la diversidad de las sectas 
religiosas que entre ellos prevalecen? Si hubo aU 
gun disturbio fue precisamente entre los católicos : ¿ y 
qué efecto produjo en el pueblo?: el que produce 
un combate de gallos, ó una lucha á mojicones 
(trompis): llamar la curiosidad de los de las 
sectas sin armar su brazo con el puñal, ni derra- 
mar la discordia en la sociedad: ¿y por qué? por* 
que neutral el gobierno, deja en libertad los .pensa- 
mientos, y en absoluta franqueza á los hombres para 
que tributen á Dios sus adoraciones, por no vulne» 
rar el derecho que tienen todos de adorarle según 
su conciencia. 

„Si el Sr. Egaña se complace con la memoria de 
„ el espectáculo que ofrecían el senado y los cónsu- 
„ les romanos, revestidos con la púrpura, ofreciendo 
„ sacrificios á Dios;" yo que al través de este apa« 

K 



74 

rato de la relian pagana, y de los que nos refiere 
la historia del cristianismo y la de las sectas mas cé- 
lebres, reconozco los efectos de una fatal política; jo 
^ue veo en los anales de la intolerancia ejemplos las- 
tiinosos de desgracias y de luto, j escenas espanto- 
sas de sangre y de desolación, producidas por la 
combinación del incensario y la espada ; y yo que 
en todo descubro el plan de la esdavitud de los pue- 
blos,' trazado por los tiranos, y santificado con los pres- 
tigios de la divinidad á quien insultan sacrilegamente; 
tributaré el mas profundo respeto á los gobierno», 
que como el que bosquejó Washington, admitan la 
io/^roficta como base de el orden social. 

Mas proclamada esta, si el gobierno hubiera de apa- 
recer algún dia, como indica el Sr. Egaña, á ejecu- 
tar con pompa y pública solemnidad actos religiosos 
en nombre de la nación, con esto solo destruiría 
la tolerancia; porque ó hablan de establecerse ritos 
nuevos, en cuyo caso el gobierno se haría gefe de 
una nueva religión que participaría de la fuerza re- 
sidente en sus manos, ó tendrían que adoptarse las £6r-* 
muías de alguna de las conocidas, y entonces la 
inclinación misma del gobierno á ella con preferen- 
cia á las demás, daría á la favorecida un ascendiente, 
que tarde ó temprano acabaría tiranizándolas á todas. 
. ' y* ¿abe bien que la religión no es mas que un 
sentimiento^ por medio del cual el hombre manifiesta 



T6 



SU' amor f/ reconocimiento á la dimnidod; unido é 
sus esfuerzos. para con^marse €Qn su volunia/dy ptesr 
cindiendó de sus atributos; que por no • estar al aU 
cunee del conocimiento humano^ no pueden describirse 
con es^actitudz que, el dogma es la esplicacion ' que 
el sacerdote f , como órgano de Dios ¿f ministro »suyoj 
hace \ de sus incomprensibles atributos^ y la moral 
el' resultado de ellos. Sentados; estos priaoipios,. pre- 
gunto :.¿ pnede haber mayor. extravagancia que mez- 
clarse: el gobierno en cosas que tanto distan .de .la 
esfera de sus atribuciones, por pertenecer . exdttsiyar 
mente al territorio sagrado de la opinión iAdividua^ 
¿Puede haber mayor violencia. que la que dónete 
la autoridad soberana cuando emplea la fuerza pú- 
blica en obligar á sus sometidos á que conformen sus 
sentimientos con las opiniones rdligioaas. que los go- 
bernantes hubieren formado por xonvencimiento.de. su 
razón,, por ináujo del sacerdocio, por impulsos de las- 
pasiones, ó por las sugestiones de la política ? ¿Y 
la lucha que resulta entre los sentimientos re/í- 
giosos de los individuos y los del gobierno, por 
mas que este procure refrenarla con el poder de que 
dispone, dejará de producir daños incalculables á la 
sociedad, de que se verá libre la que siga en su 
marcha las máximas que predicó M ahoma, y que no 
pierden su valor por haber salido.de la boca de un 



te 



ilómtb ánbet „ Si á Dios, decía, le hubiera {dad- 
f, dOf todos los liombres del mundo señan cteyentes : 
,9 ¿7 es posible que nos empeñemos en obligarlos á 
19 que lo sean? Nadie puede creer sin permiso de 
f, Dios. No nos empeñemos en violentar la religión : 
n el camino es recto; los molemines^ los judíos, los 
„ cristianos y los sábeos que creen en Dios y obran 
9, bien, recibiián su premio del señor: no deben te- 
^ mer, y no experimentarán tristeza/' ^Mas dejemos 
para otra ocasión esta materia, digna de ocupar la ilus- 
tiBda atención de V *, y convengamos lo primero, en que 
el carácter del siglo en que vivimos inspira respeto 
ú todas las religiones, las cuales deben considerarse 
^omo lenguas propias de cada hombre, con las cua- 
les habla con Dios, y le manifiesta su reconocimiento; 
y lo segundo, en que la legislación debe mantenerse pa- 
siva en esta parte, sin- dictarle la que deba billar, 
evitando que los que se valgan de una, insulten ni 
molesten á los que hubieren adoptado otra diferente. 
El Sr. Egaña cita la historia antigua para sos- 
tener su opinión, de que las repúblicas federales no 
pueden producir ventajas á no reunir sus individuos 
una homogeneidad de leyes, de costumbres, población, 
riqueza y religión ; mas la anglo-americana nos demues- 
tra lo contrario. Los estados ó provincias que com- 
ponen esta república, se diferencian tanto en población, 



11 

como que Massachusetts, por qemplo, cuenta 4¿J2fléo 
habitantes. 

New Hampshiré 319,460 

New York 959,049 

Dalaware 72,654 

Indiana ' . . .' 08,784 



( . V 



Las costambres son tan varias como las do las na* 
•clones euf opeas á.que perteneoienMi los primeros ha* 
bitai^tes. Asi se observa en I4^ew Yoirck una més- 
ela de hábitos alemanes y holandeses : en Pessilvania 
los ingleses ; estos, los escoceses, alemanes, holandeses 
é irlandeses en New Jersey. Los de Vermont son 
frugales ; y los de Connecticut d^dos á los iiecnres ; 
y las costumbres de New Orteans son absdMtameBte 
francesas. Los manantiales de la riqueza son tan des- 
iguales como lo manifiesta el valor de las tierras, el 
cual, por ejemplo, es de 3S.747,S90 duros en Ver- 
mont, de 893.882,294 en New York, y de 38.236,599 
en Connecticut. Se estima el capital de los bancos 
de New York en 90.850,000 duros : en 260,000 el 
de* New Hampshiré : en 2.500,000 el de Connecticut: 
y en 10.534,130 el de Pensilvahia. 

La fuerza militar ofrece iguales resultados. Mien- 
tras la milicia nacional de New*' Jersey consta de 
32,709 hombres, la de Pensilvania es de 99,414 ; y la 
de Vermoní de 20,259. 



78 



No hay religión dominante ; y asi en New-Jersey 
se cuentan 145 iglesias de diferentes cultos ; en 
Pensilvania dS5 ; en Dalaware 54 ; y en Maryland 60. 

¿ Esta diversidad de fuerza, de riqueza, de costum- 
bres y de sectas, ha alterado la unión de la repú- 
blica? ¿ Su forma de gobierno ha dejado por ello 
de producir inmensas ventajas ? ¿ En todos los esta- 
dos . no se administra cumplidamente la justicia ? ¿ No 
acuden los ciudadanos al sosten de las . cargas gene- 
rales de la república, y al de las particulares de cada 
provincia ? ¿ No se cultivan,con ardor todos los ramos 
de la riqueza ? ¿ No se prestan todos los ciudadanos á 
la defensa de la nación ? ¿ Se > han visto entre ellos dis*- 
putas, . disensiones y turbación del orden? ¿ En la 
última guerra continental no volaron los batallones de 
la patria á su defensa, mezclado en ellos el católico 
cpn el reformado, y el judio con. el luterano, sin que la 
divergencia de las opiniones perjudicara á la repú- 
blica? ¿Si los cuákeros, por los principios de la 
religión que profesan, no tomaron .las armas, no han 
compensado abundantemente con dinero . el servicio 
personal que debian hacer á la nación ? En otra carta 
presentaré á Y. un resumen mas completo del estado 
actual político, militar y económico de la república 
anglo-americana, y él bastará para demostrar á Y. 
que el sistema republicano federativo^ ts el que con 
menores- desembolsos pecuniarios, y con menor sacrificio 



79 



1 

de los derechos de la soberanía, que esencialmente re* 
side en el pueblo, responde con mayores ventajas á 
los objetos de una sociedad bien constituida. 

Mas cuando me declaro tan abiertamente en fayor 
de las repúblicas federales, no dejo de conocer que 
para su establecimiento se necesita una previa pre- 
paración de parte del pueblo. Hay circunstancias que 
lo resisten. <^Las naciones, como juiciosamente advierte 
el ihistradisimo americano Jay,* „ no deben adoptar 
„ el sistema federativo, á no tener asegurada suinde* 
„ pendencia. £1 conflicto de las guerras y de las 
„ revoluciones, cuando las hostilidades y el fuego de 
„ las pasiones no dan lugar á la calma reflexiva qne 
„ debe acompañar á la formación de un gobierno, no 
„ es la época aparente para lograrlo con ventajas de 
„ la nación. Empeñarse en conseguirlo en tiempo 
„ tan calamitoso, es comprometerse en una experien- 
„ cia política que no puede dejar satisfechas las es- 
„ peranzas públicas con feliz resultado.*' Esto suce- 
dió en Buenos-Ayres y en Colombia, en cuyos países un 
precipitado arrojo ocasionó males sin cuento, que no 
hubieran aparecido si la empresa de la federación 
se hubiera dejado para el tiempo de tranquilidad. 

Basta por hoy : y mande Y. cuanto quiera á su 
afectísimo amigo, Q. S. M. B. X. 

Noeva York. 
U) de dictembre de 1885. 



CARTA V. 

VENTAJAS DE LOS GOBIERNAS REPUBLICANOS FEDE- 
RATIVOS. 

Mi dueño y amigo: pues que el asunto de nuestra 
correspondencia llama la atención ilustrada de Y., la 
continuaré contando con sü bondadosa indulgencia. 
Esta sola pudo empeñarme en una discusión supe- 
rior á mis fuerasas, en la cual me he comprometido 
fiado en que jamas se le daria otro nombre que el de 
un desahogo amistoso, y en que la confianza que la 
produce, disculpará los defectos de que se resienta. 

Por lo dicho hasta aqui echará Y. de ver las ven- 
tajas del sistema federal» Tiene ademas de las refe- 
ridas, otras muy notables que me tomaré la libertad 
de indicar, sin que por ello trate de prevenir el 
juicio de Y. 

PRIMERA. 

Montesquieu ha descrito en pocas palabras las só- 
lidas utilidades de los gobiernos republicanos /ede^ 
rados cuando dijo : „ que reunian en sí las de los 
„ republicanos, con la fuerza de las monarquías." 
Este es el verdadero punto de vista, bajo el cual 
deben examinarse, y este el glorioso tema que han 
desempeñado los habitantes del nuevo mundo, al se- 
pararse de la dominación europea. Las Américas, 



81 



destinadas hasta aquí para ! adorno de las diademas 
que decoraban la Qrente de los monarcas cis-atlán- 
ticos ; . de instrumento ' fatal de su opulencia, y de 
acicate de sus pasiones ; libre de la dependencia de 
sus antiguos señores, '¿ la par de la quina saludable, 
de las drogas mas exquisitas, y de los metales mas 
preciados, ofrece ál linage humano, como fruto de 
su zelo patriótico, el don inestimltble de un gobier- 
no, qué sin los inconvenientes de las monarquías, 
sin los desmanes de las democracias, ni los riesgos de 
las repúblicas, enriquecido con todo lo bueno que 
unos y otros encierran, asegura el bienestar, la inde- 
pendencia y la libertad de los pueblos. 

SEGUNDA. 

La sabia combinación de los poderes en las repú- 
blicas federadas^ dejando al ciudadano en el mas 
completo goce de sus derechos, opone diques impe- 
netrables al despotismo, fomenta la población, anima 
los progresos de la riqueza, asegura la tranquilidad, 
aleja las rivalidades nacionales, no da entrada á la 
malhadada superstición, reduce los gastos .'públicos y 
disminuye los alicientes que en las repúblicas unitá' 
riaSf y en las monarquías, favorecen la preponderan- 
eia de la voluntad de un hombre sólo, sobre los vo- 
tos de la comunidad. . 



TBRCBRA. 

La esCrueium fisonómica delgdbtema) traslnitída eit 
los ^deralef con absoluta uniformidad, desde los al« 
tos ñincionarios de la nación, basta las pro?iiiioia8 maa 
remotas; acostumbra á ios hombres^ desde kinitez^á 
el ejektício de sus atribuciones, los habitúa á desem» 
peñarlas, y ^asegura su perpetuidad del modo mas 
eficaz. Un congreso nacional g^teraU un piesidepte 
gefe ejecutivo de toda la república, y un tribunal 
supremo de justicia, residentes en la capital ; un con« 
greso nacional, un poder ejecutivo y un tribunal 
establecido en la cabeza de cada estado ó provincia, 
revestidos con facultades, aunque no absolutamente 
iguales, unísonas en el modo de su desempeño, pre* 
scfntan á la faz de todos los ciudadanos la imagen vi- 
va del gobierno, con mas fuerza que en las repúbii*' 
cas unitariasy ea las cuales una vez nombrados los^ 
diputados para el congreso nacional y el presidente; 
queda el pueblo obligado á obedecer sus delibera- 
ciones, sin que conserve un destello de su poder ni 
aun para el arreglo de sus negocios domésticos ó mu<* 
nicipales. De aqui resulta, que en los gobiernos j%- 
derales sea mas uniforme el espíritu público, y ma- 
yor la adhesión del pueblo á las instituciones, que en 
los unitarios. El apego religioso de> los vizcaínos' á 
sus fueros y libertades, dimana, en mi opinión, de que 



dcsdle la nunB^ tieriM edad^ se acoBtumhfim á ver lo» 
ocnigresos, á tratar de sus intereses y á ejercer los 
aÉrihutoa <de la aoberasáa : asi cobio ln situación po« 
liüca^ á la Terdad lastimosa, en qae se hidlaa los ara* 
gonaaos^ - se debe á la muerte de au copstit^ciom y 
ai - sepulcral olvide en que .cayeron sus cortes, desdcf 
qoe la espada de la guerra de sucesieo despcidaiQ 
las venerables páginas de sus fueros, y acabó con la 
representación nacional. 

CUARTA. 

¿ y hombres acostumbrados á debatir en las asam- 
bleas legislativas de sus provincias los negocios do- 
mésticos, hombres avezados desde la primera edad, á 
las deliberaciones. parlamentarias, que han oido ha- 
blar ooatinuameate de contribuciones, de administra* 
ckNi de ju^tiei{( y de gcAiemo, que han visto desde 
muy temprano, la aplicación de los principios de la 
paUtíoa, y se han ensayado en el juego de los po- 
deres dentro del estrecho recinto de sus provincias, 
cui^ndo sean llamados al congreso nacional no llevarán 
consigo una preparación ventajosa que desconocen 
los diputados de las repúblicas unitarias í ¿No de- 
berán' esperarse mas útiles resultados de sus tareas, 
que los que puedan producir el selo y el patriotis* 
mú de los que pasan de las provindas á la corte sin 
pfevio ensayo, hallándose repentinamente compro* 



84 



metidos en los debeles^ aboiílatameiite :iioev0B pnm 
ellos, de un cnerpo ddibeíante ? . • • Y Vea Y. cotto 
la estructura dé las repúblicns federales ' corrige el 
yicio que con mas rigidez que razón atribuye: el Sr« 
Egaña á las^cámaras de una absoluta democracia, á 
saber: <<de componerse de hombres sacados . repen» 
,, tinamente de sus campañas y domicilio, sin cono^ 
„ cimientos administrativos, y sin comprender las cir- 
„ cunstancias locales, que se preparan como atletas á 
„ luchar con el gobierno, ó multiplican leyes, con- 
„ fundiendo la nación, y perdiendo su respetalñlidad 
„ y la confianza pública." 

» 

QUINTA. 

El derecho que en las . repúblicas federales , tienen 
los pueblos para establecer y recaudar las cootribu- 
ciones, para fijar los gastos públicos, y para cuidar 
inmediatamente de la recta inversión de los fondos 
pecuniarios de la nación, pone un coto alas dilapi* 
daciones, y cierra la puerta á.Ios ptetestos.con que 
el poder ejecutivo de un gobierno unitario, como que 
carece de estos, guardianes, puede inclinar al con- 
greso nacional á las gallardías y al aumento, de los 
sacrificios. . ¿ Y la dependencia que hasta .derto punto 
reconoce la fuerza armada á tos ' asambleas provincia- 
les en las repúblicas, federativas, no afirma la.confian- 
za.delos ciudadanos sobre la estabilidad del gobierno 



86 

hñcitndo moraliiienie' üitposible- el que un ' presidente 
astuto, ó afortunado pueda atacar la libertad? 

sexta! 

¿Y una. república, en laibual las luces, el eq^rítu" 
d^ cálculo, . eL patriotismo y los intereses individua- 
les, se .hallaa en un fecundo . y continuo moyimiento 
dentro de los > distritos provinciales, podrá esperar 
resultados menos prontos y útiles, que los que pro- 
duzca la acción lenta de los magistrados, combinada 
con. la* del gefe supremo, cuyos esfuerzos se inutilizan 
con \ el fastidioso cúmulo de los • pormenores ? Ami- 
go mió, ruego á Vv me diga ¿ cuándo se han hecho en 
España los puentes mas célebres que en ella se en-' 
cuentran ? ¿ Cuándo se levantaron las nombradas 
bolsas ' de comercio dé Mallorca, Barcelona y Valen- 
cia? ¿Cuándo se hicieron los azudes y acequias de 
esta, y cuándo se levantaron' las fortificaciones mili- 
tares que aun desafian el poder devorador del tiem- 
po? Cuando los pueblos gozaban de una parte dé 
la soberanía: que en las repúblicas federales desempe- 
ñan las asambleas de los estados. El historiador Yi- 
ciana asegura, que . los jurados de Denia, Xabea y 
otros pueblos se juntaban cada ' año en ayuntamiento, 
y nooábraban contador, tesorero y doce hombres buenos 
que examinaban los gastos que debían hacerse en 
las. murallas y en el acopio de las municiones; y re- 



86 

partían entre los vecinos el importe, llevanclo áfú^tt** 
cion las obras. Por ^ste medio se logíaron resultados 
colosales, hijos de los esfuerzos de las soberanías pro- 
vinciales, sin necesidad de la intervención de la au- 
toridad suprema. ¿ Y cuántos establecimienlos bene* 
fieiosos A la piosperidad general del pays, deben IO0 
E¡stedo8*Unido8 del Norte-America á la cieadora in- 
fluencia de las asambleas legislativas de los estados i 

SÉPTIMA. 

El gobierno republicano fedetativo, le)Os de adole«» 
ceiT de la debilidad de que le aensan sus impugna» 
dores, tiene la ñiérna suficiente para el desempeño 
de sus funcáones ; porqpie la feüs ooqibinaoion ^e 
los injbeifiiiies dl^l pueblo, y el crédito que nace de la 
día^idad de las opeíaciones de los gotiernantes^ le 
dan ^^ poder irresistible. Los españofeB han tenido 
una prueba muy señalada de esta verdad en los pri« 
meros mom<»atos de la tevolucion del año de 180S. 
I Hubpt jamas energía igual á la que deqplegó la ntü^ 
cion durante los primeros días de la lucha contra 
Nqppleon ? ¿ Qué obstáculo impidió su rápido mo- 
vin^ei^tQ? ¿Fidtaron cecursps? ¿Lf| obediencia mas 
leal y nw pronta, no preparó los medios de la defenw 
; las victQrias? ¿ Y qué especie de gobierno, dirijia 
W aquella sa^on los negocios públicos de la penín- 
sula? Uua imperfecta federación de sus provincias 



&1 

la cual produjo resultados, que nunca supo dar la 
centralización en manos de un monarca absoluto. 

OCTAVA. 

'^ La oáinam dé diputados en las repúblicas fe- 
^ derates rtonovada cada áos ados, representa M^un 
^. Biirks^. los señtiimentos del pueblow El plazo que 
^ se .señala para elegir los sanadores, lejos de kaber- 
,9 los partícipes de las pasiones tumultuarias, les da 
,9 una representación mas exacta de sus intefeses y 
^ de su voluntad 4ranqiála«. La censura que ejerze 
), sobre las deliberaciones del congreso, lejos de el&- 
^, varia á la categoría de. mu cuerpo í&d^pendiente, 
,, es' igual 4 la que la raeon y la experiencia ejer- 
„ zen sdbre los impulsos violentos de los deseos. 
^ JLiOs intereses de los estados^ aunque bajo algún 
yy respecto parecen contrarios á los del poder eje* 
„ cutivo, no son prácticamente incompatibles, teniendo 
9, tan poderosos motivos para permanecer ligados 
„ entre sí y con el gobierno general, que no se al- 
,^ canza la ntilidad que pudiera resultarles de la 
„ sepáfócioñ, la cual no seria capaz de contraba- 
„ lalHC^r las inmensas ventajas políticas y mercan- 
„ tilesf de la unión (*)." 



(*) .Warden's estadística de los Estados-Unidos. 



m 



NOVENA. 

t ♦ ■ 

^^ El federativo^ según Han&ilton, á las ventajas 
„ de todo gobierno ' republicano para conservar la 
,, libertad y la propiedad, une la de *' conténM* las 
,, fecciones, y de .enfirenar la ambiciona de los pode- 
„ rosos, dificultándoles los medios de convertirse en 
„ déspotas prevalidos de su influjo y de la coopera- 
,, cion de sus paniaguados, haciendo desaparecer los 
„ pretestos de que pudiera valerse la intriga extran- 
^, gera para atacar la unión, poniendo límites á los 
„ establecimientos militares, los cuales suelen servir 
9, de aliciente para mantener la guerra entre estados 
„ desunidos, y preservando la nación contra las prác*- 
9, ticas qne han socabado los cimientos de la pros* 
„ peridad y del crédito, derramando la desconfianza 
„ entre Ips ciudadanos (*)•" 

r 

DÉCIMA. 

La organización de. los tribunales y oficinas, el 
^eñalamiento d^ sueldos, y el nombramiento de los 
empleos, radiqados en las provincias por efecto del 
plan federaly aparta del lado del gobierfio supremo 
de la nación los aspirantes á la fortuna; reparte 
entre las autoridades populares el caudal de la de- 



(*) Hamilton's Works, tom. 3. fol. 303. 



89 



ferencia, del respeto y hasta de la adulación que 
en las repüblicas unitmrias se reúne en la corte; y 
disminuye los instrumentos de que pudiera valerse 
él poder ejecutivo para el abuso, asegurando las 11* 
bertades. En un gobierno unitario el depósito se- 
ductor de todos los empleos y honores puesto en 
manos del presidente, aumenta el número de sus 
adictos, facilita los medios de formarse un partido 
y provoca lá virtud. El gefe supremo de una repú- 
blica unitaria^ que reúna en sí el aprecio ' ó la ad- 
miración de los pueblos, la opinión ventajosa sobre 
sus talentos, y la fortuna de las armas, con muchos 
ciudadanos dispuestos á complacerle, por haber reci- 
bido de él destinos y honores, y con otros que por 
las relaciones familiares, por su amistad ó sus mane- 
jos esperan mejorar su situación, disfrutando su be- 
nevolencia, i de qué no es capaz si el despique, la am- 
bición ó el orgullo llega á atacarle ? ¿Y como te- 
merlo en una república federal en donde se ofrecen 
resistencias insuperables al desorden, poniendo la na- 
ción á cubierto de sus efectos? Las facultades que 
en ella ejercen los poderes generales de la federación 
son tan importantes como suficientes para asegurar 
la iodependencia y el respeto debido á la repú- 
blica como nación ; y las que se reservan las pro- 
vincias ó estados, tienen el mas íntimo enlace con la 
libertail, la tranquilidad y la riqueza pública. Las 



90 

Atribuciones del gobierno general son mayores en 
tiempo de guerra, y las de los estados en el de paz ; 
y como en las repúblicas federadas este es mas largo 
que aquel, resulta que los gobiernos provinciales 
exceden en influencia al general^ equilibrando su 
poder y haciendo mas difíciles los abusos. 

UNDÉCIMA. 

La índole de las repúblicas federadas consolida 
la paz con las naciones vecinas. ¿ En los cincuenta 
años que los anglo-americanos cuentan de libertad y 
de gobierno federal^ han intentado ataque alguno 
sobre los pueblos limítrofes, ni aun con el pretexto 
de extender sus límites ? A pesar de la diversidad de 
principios que aquellos profesaban, de la debilidad 
de que se resentía alguno, y de la fuerza que 
liabian adquirido los Estados-Unidos del Norte- 
América, la política de su gobierno no [[osó perturbar 
la paz. Aun para dilatarse por las tierras que ocupaban 
los bárbaros, ¿ se valen de los recursos que ofrece la 
política maquiavélica tan conocida y tan llevada á 
cabo por los gabinetes que mas blasonan de ilustrados} 
I Pretextaron, motivos para hacer la guerra á los in- 
dios poseedores de los terrenos, á fin de despojar- 
los de ellos? Se valieron de transaciones amis- 
tosas ; y con libres contratos de compra y venta 
adquirieron lo que otros gobiernos menos sabios y 



91 

menos conservadores de los derechos de la hunuuti-' 
dad, habrían legrado á costa de destrossos y de sai^e. 
Tales son las ventajas del sistema republicano fedc" 
rativoy las cuales haciendo su elogio, le recomiendan 
á las nuevas naciones que tras el océano establecen 
un nuevo derecho político sobre las bases de la 
justicia y de las luces. 

DUODÉCIMA.. 

En las repúblicas unitarias todo el poder del pue- 
blo pasa á manos ,de los - que le representan, y 
se precaven las usurpaciones solo con la separación 
de los poderes. £n las federativas la soberanía na- 
cional se distribuye en* mayor número de departa- 
mentos, de cuya división, sin que se dañe el nexo común 
de todos, resultan los derechos.de el pueblo precavidos 
por la inspección que todos reciprocamente ejercen 
sobre el ejercicio de sus respectivas obligaciones. 

'^El gobierno de cualquiera clase de repúblicas, 
„ dice Hamilton, sin ceñirse á buscar y llevar á 
„ ejecución los medios de precaver á la nación con- 
„ tra los abusos de sus directores, debe poner á una 
„ parte de ella á cubierto de los que puedan 
„ cometer las demás. No siendo posible evitar que 
„ los intereses de los ciudadanos se diferencien se- 
„ gun las clases 4 que pertenezcan, si la mayoría se 
„ liga con los lazos de un interés común, quedarán 



,, expuestos los de la menoría. No se conocen mas 

,, medios que dos, para evitar estos desórdenes^ redo- 

,, cidos el 'unoy á crear una voluntad indepetidiente 

„ de la mayoría, y el otro á establecer tal diversi* 

y^ dad de categorías entre los ciudadanos, que impida 

j, ó dificulte la combinación del número mayor. 

9, Aquel se encuentra en los gobiernos hereditarios^ 

,, y ofrece una precaria seguridad para el logro del 

„ objeto ; porque una autoridad independiente de la 

„ nación se combina con mayor facilidad con las 

„ ideas injustas de la mayoría, que con las justas 

„ pretensiones de la >menoría ; y es mtty posible que 

,^ al cabo oprima á una y á otra.< El segundó se halla 

„ en el gobierno republwtano federativos porque lá 

„ autoridad pende de la nación, cuyos individuos se 

„ dividen en tan multiplicadas fraccionéis, interesas 

,, y clases, que la menoría se burla de \m atentados 

5, de la mayoría. En todo gobierno verdaderamente 

„ libre comfo este, la s^uridad de los derechos in- 

„ dividuales descansa sobre el mismo cimiento que 

„ la de los derechos religiosos.' Aquella se encuentra 

„ en la viaríedad de los intereses, y esta en la de las 

„ sectas, y el grado mayof' ó ménotde la seguridad 

„ pende der número mayor ó menor de ambas <*)." 



(*) Haniiit^'& Wbiics, toin. 3. íbl. 34. 



83 



DECIAUTERGIA. 

¿Y cuá&tas veatajas produce el sistema repiiA/tca^ 
no federal con el orden que establece en la hacien- 
da? En él la designación de los gastos, el estáfate^ 
cimiento de las ccMitribuciones y su cobro, cor- 
responden al congreso general j á ios de las 
provincias; con la d^erencia, de que el primero 
entiende exclusivamente en el arralo de los desem* 
bolsos que. ocacionan las atoioiones generales de la 
repjóblica, y en aplicar á ellos los rendimientos de 
los derechos y contribuciones también gena^aks que 
dei;»en. exijirse en toda la nación; y las asamUéas 
representativas de cada estado fijan los desembolsos 
que reclaman sus peculiares obligaciones, y decretan los 
impuesix>s que deben establecerse para obtener los 
fondos necesarios para cubrirlos, asi como el arreglo 
y finrma de su cobranza y distribución. De.aqui 
nace, que en el cuerpo representativo de toda la re- 
pública resida la facultad de gravar al comercio, y 
de reconocer la conducta de las provincias en ei 
desempeño del poder subventivo, para evitar que se 
alteren kis relaciones mercantiles y el plan econó- 
mico de la nación. Por este medio, sin perder los 
pueblos el derecho imprescriptible de señalarse los 
sacrificios pecuniarios, ó sea la facultad de re- 
conocer "por sí mismos las causas verdaderas de sus 



ftí 



j^lrivacionesy su peso, y la posibilidad de sufrir, sin 
grave detrimento, los efectos de los medios que se 
eniplearen para arrancarles una parte de la riqueza 
obtenida con sus sudores, se consulta á la verdadera 
economía, se evitan los despilfarres y los abusos, «e 
corrigen los efectos de los zelos provinciales, y la 
nación logra resultados tan felices como seguros. 

y. dirá que siguiendo este plan la república y^de- 
ral no presentará uniformidad en su hacienda, resul- 
tando tal vez que en uh estado se cobren contribuciones 
enteramente diferentes de las que otro hubiere establecido. 
Convengo, en ello y ademas añado que no dd>en re« 
sultar graves males de esa disonancia. ¿ Qué perjui« 
cios pueden sentirse de que cada provincia acomode 
á sus circunstancias locales los medios de la exacción, 
y limite los desembolsos á lo puramente preciso para 
el buen servicio público, disminuyendo en igual pro- 
porción la suma de sus privaciones ? ¿ El poder 
central de la nación estará mas enterado de los há- 
bitos, de la riqueza, y hasta del giro de las opi- 
niones de cada provincia, que ella misma ? ¿ Se oirán 
con mas viveza en el centro del gobierno las voces 
de la miseria, ó las manifestaciones de la conye*- 
niencia privada, que en los mismos parages donde se 
siente aquella, y están las fuentes originales de la 
riqueza, que se pueden obstruir con los tributos? La 
historia económica de la península nos enseña que 



95 



contribuciones recibidas sin oposición en algunas 
de sus provincias, se han mirado como un azote en 
otrais; y esta prevención favorable ó adversa, tiene un 
influjo terrible en el bien ó el mal general. Violen- 
tar la opinión con la fuerza de la autoridad, produ- 
ce mas daños, que peijuicios puede atribuir el genio 
de los rentistas á el franco egercicio de los derechos 
del pueblo en materia tan delicada, en la cual 
el acierto suele seguir la razón inversa de las dis- 
tancias de los que se empeñan en tratarla, y en 
dictar leyes que solo pueden pronunciarse, con es- 
peranzas del acierto, por los que han de experimen- 
tar su influencia. 

¿Y en los gobiernos republicanos unitarios cómo 
se procede cuando se trata de imponer contribucio- 
nes ? Oyendo al gobierno, el- cual pide dictamen á 
sus subalternos poco interesados, generalmente ha- 
blando, en promover el bien de los pueblos, y úni- 
camente atentos á complacer á la corte de quien 
pende su fortuna, y los cuales por su misma inde- 
pendencia miran con esquivo desden á las clases la- 
boriosas. No olvidemos que las supremas autoridades 
tienen una inclinación natural á las gallarditus : siem- 
pre creen al pueblo capaz de soportar el peso de las 
obligaciones que ellos le indican, y gradúan de poca 
monta los iiil^iv^iientes que pueda ofrecer su si- 
tuación, comparada con los objetos á que sé aplica 



96 



el importe de los sacrificios. Y se cree por ven<- 
tura que en el hecho de ser un ciudadano nombrado di» 
putado por una provincia, con la investidara legisla- 
tiva, recibe la instrucción competente sobre las 
circunstancias del pais á quien representa } 

El espíritu reglamentario, unido al empeño de querer 
mandar hasta en los mas pequeños pormenores de la 
Jinanza^ y el recelo en los gobernantes de que el 
Ubre egercicio de la soberanía popular en la materia, 
les ponga un freno que procuran romper á toda 
costa, suponiendo que les priva de la energia y vigor 
necesarios para egercer el mando producen da- 
ños y disgustos sin enriquezer el erario de la na^ 
clon, cuyos directores se empeñan en establecer un 
sistema uniforme de contribuciones en todas las pro^ 
vincias, persuadidos ile que su opinión basta pava 
allanar las dificultades, y para neutralizar las resis* 
tencias, negando con ciega obstinación á los pueblos 
ia facultad discretiva de elegir los impuestos y de 
acomodar á sus fuerzas el peso de sus obligaciones. 

¿ Y es igual la riqueza territorial y tnoviliaria de 
todas las provincias ? ¿ Sus individuos tienen una 
completa unifermidad de ideas sobre lo que directa* 
mente influye en su bien ó mal estar ? .¿ Y no sién« 
dolo, lo han de ser las contribuciones i ¿ Se les ha 
de sugetar á sufrir la carga de los desembolsos mu* 
iiicipales, sin mas criterio qtie el que formare el go« 



biemo general, impidiendo á los que debñeíi sftti^«' 
cerlas la facultad de tantear su gravedad y de acó* 
modarlos á la posibilidad efectiva, ó de opinión etí 
que creyeren hallarse ? 

Si se hubiera dejado á los pueblos este derecho que 
disfrutan en las repúblicas federales^ ¿se habria es- 
tablecido en la península el derecho de registro' que 
tan dañosos efectos produjo á la causa de la líber- 
tad f ¿ Se habrían adoptado las bases que para lá 
contribución directa se establecieron en los años dé 
1813 y 1818? ¿ Y el haber dado á los pueblos en 
18S2 una pequeña intervención en el reparto y dis- 
tribucion de este impuesto no facilitó su cobranza 
haciendo cesar las antiguas quejas? 7 Y cuando en 
el año de 1823 la declaración de los príncipes reu- 
nidos en Yerona obligó á España á levantar ejérci- 
tos para hacer respectar su libertad é independencia, 
y á buscar cuantiosos recursos pecuniarios ; las córtela 
no se vieron precisadas á conceder á las diputaciones 
provinciales, simulacros de las asambleas legislativas 
de las repúblicas federadas^ ñicültades parecidas á 
las que en estas desempeñan, los cuerpos reprc^ 
tentativos de' los estados ? ¿ Y se consiguió el obje- 
to ? La historia nos conserva datos insignes de la' 
prontitud con que respondieron á los deseos del con- 
greso nacional, de la abundancia de medios que fa-* 
cilitó su zelo {mlriótíeo, unido á su^ ponocimientos 

N 



88 



locales. ¿ Y las reclamaciones son tan comunes como 
cuando se confia la empresa á la pericia de las auto- 
ridades supremas de la nación? 

De lo dicho deduzco, amigo mió, que el medio mas 
justo, mas expedito, mas económico y mas fecundo 
en resultados, es el de establecer la hacienda bajo el 
pie en que se halla en los gobiernos federales. Y 
cuando la razón no lo dictara, la experiencia no deja 
lugar á dadas. Mientras los pueblos de España que- 
Maban á deber en el año de 18S1 la enorme sun^a 
de 143.547,397 rs., por las contribuciones, directas é 
indirectas establecidas por el orden que reconocen 
los sistemas republicanos unitarios^ Méjico en el de 
1825 cobró 1.614,587 pesos, de 1.793,134, importe de 
los contingentes distribuidos á sus provincias, las cua- 
les siendo arbitras para adoptar los medios de la exac- 
ción, han acudido con laudable puutuaiidad á sos* 
tener los gastos públicos. 

DECIMACUARTA. 
Estoy de acuerdo en que en los gobiernos federales 
puede ser mas vivo y ardiente que en los unitarios 
el amor de los ciudadanos á sus respectivas provin* 
cias, mas en esto encuentro bienes, y no los in- 
convenientes que excitan los recelos de los patriotas. 
« El gobierno federal, dice el Sr. E^aña (*), arraiga 

(*) Memofias políticas, ful. 34. 



99 



^y y fc^enta mas el patriotismo territorial : es un mal 
9, que debemos evitur, pues bajo el disfraz de pa- 
,) idiotismo, se . irrita el espíritu provincial y de par- 

9 

yy tidoy enemigo de la unioii y prosperidad general." 
El provincialismo será dañoso, cuando una constitución 
federal tan bien combinada como la anglo-americana, 
no precava sus excesos, y lo será siempre que se deje 
vacilante en sus objetos al llamado patriotismo territo* 
ríaly 9gente preciso de las virtudes cívicas, que solo pue' 
de desagradar á el que le confunda con el espíritu de 
partido ... ¡ Evitar el patriotismo territorial ! , . es 
decir, corregir la dulce y vivificadora pasión que 
hace al hombre mirar con tierno apego los lugares 
que le Vieron nacer, los en donde el amor unió su 
alma con la de una virtuosa coiiipañera, y los en 
donde se ha reproducido en una robusta y morige- 
mda descendencia, solo puede caber en almas insen- 
sibles, nacidas, mas bien para el despotismo que para 
la libertad, ó en hombres que hagan alarde de una 
misantropía horrible ... ¿ Y un republicano aconseja 
á sus conciudadados que miren con prevención á los 
que manifiesten amor al país donde se hallan los agentes 
benéficos de la industria que los mantienen y enrique- 
cen los maestros que les han dirigido por el camino de 
la ilustración, y hasta los sepulcros santos que encierran 
los restos venerables de sus mayores ? ¿Y cuál es, 
preguntaré yo al Sr. Egaña, la escala que conduce 



158487 



100 



ios hombres Áelamor de lapatría^ que tantos prodi- 
gios hizo en todas las edades, y que es et genio vi- 
vificador de las repúblicas; sino la quQ se forma del 
patriotismo que este llama territorial^ del local, y del 
familiar? El que no tenga amor á sus padres, á sa 
muger, á sus hijos, á la familia que le dio el ser, 
al pueblo y á la provincia en donde ésta tiene su 
arraigo y consideración social, y á los que desde 
la niñez le han consagrado su amistad, mal podía 
nutrir en su pecho el amor patrio. 

Si los que tan decididamente se declaran contra el 
espíritu provincial, calificánddle de enemigo de lá 
unión y de la prosperidad de las naciones, desean 
datos para su desengaño ; sin acudir á la historia ex- 
trangera, de la española los deduciré suficientes para 
lograrlo. A el patriotismo territorial de Vizcaya, 
Guipúzcoa y Navarra, deben sus moradores la tenacidad 
con que mantienen sus libertades. En el patriotismo 
provincial hallaron los asturianos el cantíno para so- 
breponerse á la obscuridad á que los condenaba la 
pobreza de sus montañas, y en el mismo se encuen- 
tra el origen del carácter industrioso del catalán. £1 
patriotismo provincial hace al valenciano sufrir con re^ 
dignación las fatigas del campo, sin que la crud^eza 
del destino que le obliga á partir lo mgs precioso y 
pingüe de sus productos, con seres que se mantienen 
^n la opulencia a costa de sus sudores, le inspire la 



101 



idea de abandonar una región que por la belleasa del 
clima y la blaodura de las costumbres los liga pode- 
rosamente, cautivando sus corazones. Finalmente : el 
espíritu proyincial ha producido en los primeros mo- 
mentos de la revolución de la península del año de 
1808, prodigios de valor y de entusiasmo, dignos de 
los héroes de la antigüedad, sin mezcla de los daños 
que le atribuyen los que ven en él el germen de las 
discordias que aniquilan los imperios, 

Pero y. dirá que me dilato demasiado : lo conozco, 
y para no molestarle mas, me despida hasta otro cor* 
reo, ofreciéndome á su disposición como su mas afecto 
seguro servidor y amigo Q. S. M. B. X, 

1 de Diciembre de 1883. 



CARTA VI. 

S£ CONTBSTA A LOS ARGUMENTOS CON QUE SE IMPUG- 
NAN LAS VENTAJAS DEL SISTEMA REPUBLICANO 

FEDERATIVO. 

Mi ba^i amigo j dueño : son tan capitales los de- 
fectos que se atribuyen á los gobiernos republicanos 
federaiesy que a ser ciertos, harian desaparecer las 
ventajas, que según kabrá Y. reconocido por mí car- 
ta anterior, les reconocemos sus apasionados. Por lo 
mismo- no dar& Y. por mal empleado el tiempo que 
me propongo robar á sus interesantes tareas, exami- 
nándolos, y contestando á los raciocinios en que se 
apoyan los impugnadores. A once se reduce el nú- 
mero de los vicios que se les atribuyen, á saber : pri- 
mero, que fomentan la insubordinación de los estados 
ó provincias, á las disposiciones del gobierno general de 
la república : segundo, que favorecen las conmociones 
y los disturbios interiores : tercero, que desvirtúan al 
gobierno: cuarto, que esponen los estados débiles á 
los ataques de los mas poderosos : quinto, que los so- 
meten al influjo de las intrigas extrangeras, por la fa- 
cilidad que los diversos intereses de los estados pres- 
tan á las maquinaciones de los gabinetes : sexto, que 
son mas costosos que los consolidados : séptimo, que 



103 



los estados fronterizos, donde puede haber peligro 
inminente de invasiones^ deben sufrir goamicieifes 
fuertes de tropas de toda la federación, perdiendo con 
ello una gran parte de su indep^idencia particular : 
octavoj que las difioultades que ocurren ea caso de 
guerra para facilitar los recursos necesarios para sos- 
tenerla, y la arbitrariedad con que cada provincia 
dispone det su contingente, frustan las mej<Nres em- 
presas : novenQ, que oponen obstáculos al arreglo del 
comercio interior de cada estado, á la con^truciiioa «jle 
canales, caminos y p^ertos9 q^c deben realizavise qóa 
los fondos nacionales: décimo, qu^ las ventoj^ que. 
en su caso pueda producir el federalismo «e deben 
mas bien al carácter del pueblo que á la naturaleza 
4el gobierno : y finalmente, undécimo, que el. inmortal 
Washington, conociendo los peligros á que e^tan ex-: 
puestas las repúblicas federativas, rogó ^á sus conciu- 
dadanos que consolidaran el gobierno. 

PRIMERO. 

C!otttestando el Sr. Hlimilton al punto (urimero, di- 
ce : „ que se debe distinguir lo que llfuiiameg. eva^ 
„ sion de lo que se conoce con el aombr^ diQ 
,^ oposición directa. Cuaacb. es absolutamente nece- 
„ saria la intervención die las l^ishituras .de provincia 
„ para llevar al efecto los acuerdos de* el gobierno 
„ fe^ral, aquellas pueden entorpecer su. ejecución 



104 



^ con efogios, ó con una resistencia abierta. Eki el 
,, primer caso, procurarán ocuitar sus intenciones con 
,, pretextos, que disimulando su objeto, eviten la alar* 
„ ma que debe causar á el pueblo el riesgo de la 
,, constitución, procurando persuadir á los gefes de 
j, la intriga, las ventajas que debe sacar el público 
„ de su conducta. 

„ Mas si para la ejecución de las leyes generales, 
„ no se requiere la intervención de las l^islaturas 
„ de los estados, estas no son capaces de interrum* 
„ pir su curso, á no emplear un esfuerzo tan abierto 
„ como violento de un poder absoluto; suceso qué 
„ sale de la esfera del poder constitucional, que ret 
„ side en sus manos. En este caso no se valdrán 
„ de pretextos para disimular la inobediencia; y 
„ semejante arrojo seria muy aventurado por las re«* 
„ sultas, á vista de la ley fundamental, y en un pue« 
„ blo demasiadamente ilustrado sobre sus derechoi^ 
„ y acerca de la naturaleza de su gobierno, y capaz 
„ de discernir el ejercicio legal de la ilegal usur- 
„ pación de la autoridad. Para llevar á (^ecto este 
„ desorden, que gratuitamente se atribuye á los sis- 
„ temas federativos, seria preciso contar con una 
„ mayoría de rebeldes en el congreso provincial, y 
„ con la cooperación de los tribunales, y de la masa 
„ del pueblo. Si los jueces no se unen á los facr. 
„ ciosos, declararán que sus procedimientos son' ile- 



10& 



9, gales y nulos. Si el pueblo no toma parte en lá 
,, inobediencia, se valdrá de los ntedios lógales que 
,, tiene en su mano para reducir á los sublerados.. 
,, Proyectos de esta laya, nunca Bt realizan con lige<* 
,, rieza, porque no ofrecen mas que peligros ; á no ser 
,, que las autoridades supr^nas, abusando delpoder 
,, que ejercen, caminen á la tiranía.' ' 

^^ Cuamlo la inobediencia proviene de la mala con-» 
yj ducta de algunos ciudadanos díscolos, descontraitos 
„ ó ambiciosos, el gobierno federal les hace desapare** 
„ cer, empleando los mismos medios de que se valdría 
„ cl republicano consolidado, y aun el monárquico 
„ m<^erado ; pues que los tiene á su disposición en 
,^ número y calidad suficientes para obtenerlo ; mas si. 
yy los disturbios nacen del descontento nacional deri* 
„ vado de algún vido radical del gobierno, ó de algún 
„ violento paroxismo del pueblo, náigun gobierno es 
„ .poderoso para contenerlos, ni para evitar sus con- 
jy secuencias; y en tal caso es> una impertinente ma- 
„ nía censurar al gobierno federativo porque no pue^ 
„ da vencer imposibles." 

La exactitud de estos argumentos dqará de con« 
vencer al que cierre los ojos á la evidencia histórica 
que nos ofrecen los hechos de nuestra edad. ¿ En el 
espacio demedio siglo que los anglo^americanos cuen- 
tan de existencia política, han experimentado los eíec» 
tos desastrosos de la insubordinación atribuida al 

« 

o 



106 

gobierno federal que los dirije ? ¿ Los eatados han 
obrado con tanta independencia del centro comün del 
movimiento, que hayan resistido sus providencias ? 
Si los habitantes de New-Hampshire se sublevaron 
en una ocasión por falta dé dinero, dando muestras 
de insubordinación reprensible, la milicia nacional de 
£xeter restableció el orden, y los gefes del escándalo 
fueron aprendidos y castigados por sus extravíos. 

En la época gloriosa de la lucha de la península 
española con las fuerzas colosales de Napoleón; en 
ese periodo memorable, en el cual el gobierno de la 
nación se asemejaba á una federación imperfecta, se 
tocó la dificultad de mantener ia inobediencia de las 
juntas ó asambleas pn>YÍnciales á la autoridad supre- 
ma. En las serias contestaciones que algunas tuvieron 
con el gobierno central, haUaron obstáculos insupe- 
rables para sostenerse. Y en medio del conflicto en 
que se hallaba la , nación, y de lo mucho que el estado 
de las provincias y la conducta de los gobernantes 
favorecían la inobediencia, la península no experi- 
mentó el cambio que causas muy semejantes produje- 
ron en el año de 16S0, en medio de los recursos de 
que disponía el gobierno monárquico y de la violen- 
cia de sus medidas unitarias. 

A pesar de todo, los legisladores americanos, sin fiarse 
enteramente en las garantías que ofrece el gobierno 
republicano federaly procuraron evitar el vicio de que 



lOT 



le acusan, dando al poder ejecutivo la facultad de em- 
plear la fuerza armada para contener las insurrec» 
dones (*) t/ de arrestar 6 los que se presuman reos en 
caso dé conspiración (f ) : y Méjico, con su conducta 
prudente, en la infancia de su libertad, y en medio 
de la colisión de las opiniones políticas á que da lu- 
gar la formación de las constituciones respectivas en 
que se ocupan las provincias, demuestra prácticamente 
que en los gobiernos federativos, no existe la inclina- 
ción irresistible de las autoridades provinciales á la 
insubordinación. '^ El gobierno, según asegura el ac- 
„ tual secretario de justicia y negocios eclesiásticos, 
„ ha estado atento sobre la marcha de los estados en 
„ la ejecución de las bases generales que el congreso 
„ constituyente les señaló para el establecimiento de sus 
„ poderes, y de cuya observancia debia resultar pro- 
„ bada la facilidad de reducir á ejecución el sistema 
„ mas perfecto de los conocidos, y el desengaño de 
„ tantos y tantos .... que sostenían que los mejica- 
,, nos eran incapaces d(B un sistema el mas conforme 
„ con la dignidad y derechos del hombre, ... y pue- 
„ de asegurar • . . que en todos, la marcha es noble, 
„ sabia y magestuosa, y que aparece en todas las le- 



(*) Art. 120 de la constitución de Goatemala, 110 de 
la de Méjico. 
(+^ Art. 117 y 112, constitución de Méjico. 



108 

„ gislaturas un zelo singular para llevar á la . mayor 
„ perfección la organización de la administración de 
j> justicia. En las constituciones de los estadas ya 
„ publicadasy.se advierte la atención que todas kan 
99 puesto en nivelar exactamente sus pasos por lo 
„ prevenido en la constitución federal ; de suerte 
5, que en ninguna de ellas ha tenido el poder ejeeu- 
„ tivo que. hacer la menor observación^ antes admiró 
„ la activa y prudente dedicación con que han respe- 
5, tado las reglas constitucionales (*)." ¿ Si esto su- 
cede en los momentos . mas críticos, qué acaecerá 
cuando la opinión fortalecida con . la experiencia, 
acompañe la marcha combinada de todos los elemen- 
tos de la república? 

SEGUNDO. 

Las conmociones y los disturbios interiores lefos de 
hallar fomento, encuentrjan poderosas resistencias en 
los . gobiernos federales. Si las pasiones tumultua- 
rias agitan el pecho de algunos ciudadanos, lison- 
geándolos. con la feliz consecución de sus ideas sub- 
versivas; la mayoría del pueblo, irresistiblemente 
impelida por los estímulos de su conveniencia, opone 
una barrera impenetrable á la realización de los pro- 



(♦) Memoria de 8 de enero de 182a, leída al congreso 
federal. 



109 



yecios. Por mas . que los díscolos confien en la 
cooperación . de los cuerpos legislativos de las provin- 
cias, no obtendrán su objeto, porque el influjo de 
cada una en la confederación, se disminuye á medi- 
da que es mayor su número ; y la acción del gobierno 
general crece en igual proporción. La opinión pú- 
blica, es el correctivo mas eficaz de este desorden. 
£1 sistema Refera/ facilita, la propagación de las luces 
y conocimientos de los verdaderos intereses, refrenan- 
do las maquinaciones de los perversos. Este con- 
vencimiento robustece la acción del gobierno, el cual 
emplea con todo vigor y con la seguridad de un buen 
éxito la fuerza que tiene á su mando, como sucedió 
en el estado de M assachusets y en Pensilvania. 

TERCERO. 

- Ni alcanzo qué clase de fuerza quieren los impug- 
nadores, que tenga el federal^ superior á la que, se- 
gún vimos, le concede su misma constitución. ¿El 
congreso general no pone á su disposición el número 
de fuerzas de mar y tierra necesarias para la defen- 
sa de la república, y las sumas de dinero que re- 
clama el pago de las obligaciones interiores y exte- 
riores r i No le deja franca la recaudación de las 
contribuciones que deben producirlas? ¿El poder 

ejecutivo no tiene todas las facultades conducentes 



IIQ 



para llevar á efecto las leyes, sin mas restricciones 
que las que exige la índole del gobierno, y cuya 
omisión le haria declinar á el despotismo ? Pues qué 
mas se desea? ¿Acaso se aspira á darle uu poder 
arbitrario para disponer á su placer de la vida, de 
las fortunas, y de la ciega voluntad de los ciudada- 
nos? ¿Las legislaturas provinciales no acomodan el 
egercicio de su autoridad á la de los poderes gene- 
rales de la república, sin complicarse ni chocar con 
ella, cuidando de los negocios domésticos, y llevando 
á cima las empresas que ellas solas pueden conducir 
con buen éxito ? 

CUARTO. 

£1 que conozca las atribuciones de las legislaturas 
provinciales ¿ cómo podrá sostener la opinión de que 
formen un imperio dentro del imperio ? Mas claro : 
que las provincias, en los gobiernos federales, se con- 
viertan en naciones independientes de la que se com- 
pone de todas, „ porqne se deje á cada una, como 
„ sabiamente digeron los legisladores constituyentes 
„ de Méjico (*), la facultad de darse leyes análogas 
,, á sus costumbres y localidades, de crear y mejo- 



(*) Proclama del congreso á ios mejicanos, al frente de 
la constitución. 



111 



,y rar, sin trabas, todos los tamos de la prosperidad, 
,, de dar á su industria el impulso de que es i^us*- 
„ ceptible, de proveer á stt£í necesidades con prcqpor- 
jy cion á sus recursos^ y terminar sus diferencias 
^ y sus pleitos sin salir de los . limites de sus terri- 
„ torios?" Para sostener ique el gobierno de una 
república federal carece de vigor, por defecto inevi- 
table de su organización, seria preciso probar que 
los hombres eran incapaces de conducir por si tolos 
aquellos asuntos que les interesan mas inmediatamente, 
ó que solo el afán fatal en los supremos gobernan- 
tes de mandarlo todo, formaba la base de el bien estar 
general de la sociedad. 

2 A el gobierno anglo-americano le han faltado nun- 
ca recursos para él desempeño enérgico y decoroso de 
sus augustas funciones ? ¿ Cuando la última invasión 
que sobre su territorio hicieron los ingleses, pusieron 
loB pueblos estorbos para la defensa, hijos de la en- 
deblez de la constitución de la república ? ¿ No co- 
ronó sus esfuerzos con una ilustre victoria, ganada 
por los activos y bien combinados esfuerzos de todos 
los ciudadanos ? ¿ Y no dispone de fondos considera- 
bles para la construcción de nuevas fortificaciones, para 
robustecer la escuadra, y para llevar a cima las obras 
que tienen directo enlace con los manantiales de la rique- 
za y prosperidad de la república ? ¿ Y los anglo-ame- 
ricanos no obedecen con el mas respetuoso acatamien- 



112 



to las órdenes de su gobierno ? Pues ¿ de donde se 
deduce que el federativo carezca del vigor necesario 
para desempeñar sus sublimes encargos ? ¿ En la re- 
pública que fundó Washington, se ha visto un ejem- 
plar tan desconsolador como el que en estos dias 
ha presentado Chile, á pesar de la compacta solidez 
de su gobierno? ¿La falta de obediencia, no sirvió 
de pretexto para la resolución, única en los fastos 
de ^a libertad ultramarina, que confundiendo la ente- 
reza con el despotismo, elevó al director á una 
esfera de poder, superior á la de la soberanía na« 
cional ? 

¿Ed España, no vimos reproducirse los triun- 
fos y los recursos, mientras dirigieron su acción los es- 
fuerzos de una alianza de provincias? Las victorias de 
Bailen, de Zaragoza, del Bruch, de Gerona y Valen- 
cia, que cubrieron la península de laureles, no fueron 
resultado del vigor ? ¿ Los insignes criminales que en- 
tonces llenaron de luto a los hijos del Turia, no sufrieron 
prontos y sangrientos castigos? ¿Un canónigo no expió 
en un patíbulo sus delitos, sin que los ardides de sus 
compañeros, las voces del fanatismo, ni las mañas cu- 
riales fuesen poderosas para embotar el filo de la espa- 
da de la justicia? ¿ La junta central no organizó ejercí- 
tps, no dispuso de fondos inmensos, y no preparó las 
mas radicales refonnas? ¿Y todo esto no se hizo durante 
el imperio de un orden federativo incompleto? ¿Y los 



118 

españoles vieron mayor energía en sus directores después 
que se consolidó el poder ? ¿ Creció el entusiasmo pú- 
blico ? £ Se aumentaron los recursos ? | Que se com- 
paren los resultados de aquélla época con los de la 
en qiie tomó las riendas el monarca absoluto, y las 
consecuencias desengañarán á los ilusos que se empeñen 
en negar al gobierno federal las ventajas que le per- 
tenecen. 

QUINTO. 

Este dejaría expuesta la existencia de los estados 
débiles á las invasiones de las mas fuertes, si unas y 
otras fuesen soberanas é independientes, sin recono- 
cer en la federación ó alianza general mas respetos 
que los que disfruta una liga de potentados que 
siempre cede á los impulsos del más osado ; pero 
como dice Hamiiton ^^ nada es mas absurdo é imprac- 
„ ticable que la idea de una federación de naciones 
,, independientes, unidas solo para el logro de ciertos 
„ planes explicados en la acta de fraternidad." ¿Y 
se puede considerar tal,' una nación dividida en pro^ 
vincias, que reconocen obediencia y sumisión á una 
autoridad y á un gefe supremo por ellas nombrados, 
reservando en si, la facultad de legislar sobre los 
negocies interiores, inconexos con los generales de la 
república? La anglo*americana, que es la primera 
que adoptó el gobierno federal^ acredita la imposi- 



114 



bilicUd de que suceda lo que se supone. La disputa 
acalorada sobre limites, que se promovió entre los 
estados de New- York y Vermon al principio de la 
guerra de la libertad, lejos determinarse oprimiendo 
la primera á la última, como pudiera haber hecho, 
atendida la superioridad de sus fuerzas y recursos, 
se concluyó el año de 1790, cediendo aquella de su 
derecho mediante el servicio de 30.000,000 duros en 
que se estimó el valor de los terrenos que se litiga- 
ban, y admitiendo á Vermon en el número de los 
estados que forman la federación general 

SEXTO. 

Me parece un delirio reputar mas espuestas á los 
tiros de la intriga extrangera las repúblicas federales 
que las unitarias, y el ejemplo ya citado de VermoB 
nos lo demuestra. En vano se lisonjearon los ingleses 
de que las diferencias con New- York les favorece- 
Fian para hacer con buen éxito la guerra, y en vano 
procuraron aprovecharse de ellas, lisongeando las pa- 
siones irritadas, porque sus habitantes resistieron sus 
ofertas y no desertaron de la causa de la libertad. 
JLas sutiles maniobras de la diplomacia, hallan mas 
difíeil acceso en las naciones en donde las asambleas 
provinciales legifslativas habitúan los hombres á co- 
nocer sus verdaf^ros intereses^ que en las én (]fue estos se 
entregan -exclusivamente á sus directores. ^ La de9* 



115 



treza de un embajador exArangero^ no se infttnna con 
éxito entre los agentes del poder de un pueblo que 
sabe, calcular sobre sus intereses j fallar sQbre ellos, 
con lo oual se desviusece el encantado prestigio que 
alga á los hombres del misterioso lecinto de la 
diplomacia; llamado sagrado porqoe el secreto le 
rodea de barreras impenetrables á los profanos. '. 

Traigamos á la memoria lo que sucedió en la pe- 
nínsula el año de 1808, para dar el debido valor á 
los raciocinios con que se procura hacer odioso el 
fA^íemvLfeéhrativo en esta parte. Los hombres mas consu- 
mados en la ciencia de estado, cedieron alas insinuaciones 
de Napoleón ; y prosternados aiite su deslumbradora 
omnipotencia, y anonadados ante sus agentes diplo- 
máticos, suscribieron a los decretos que a()üel le pin- 
gó dictar sobre la naciotí española, reputando infa- 
libles sus fallos, é irrevocables los destinos que á es- 
ta le señalaba su mano poderosa ; al paso que la 
informe Jbderaeion de las provincias, confundió su pe- 
ricia, y se burló de sus combinaciones, desvane- 
ciendo las maquinaciones de la politica francesa, 
y opujso una decidida resistencia á los ardides y 
¿ la fiereza con que el gabinete de las TuUerías dis- 
ponia á su antojo de las testas coronadas de Europa, 
las cuales al imperturbable vigor de la federación 
hibirniea deben la recuperación de sus tronos y de su 
dignidad. El derecho de poslimimo, en cuya virtud 



116 

los soberanos del continente eur<q¡)eo se vieron resta- 
blecidos en el poder que habían perdido, no tuvo 
otro apoyo que los sentimientos de honradez con que 
la federación española se burló de la refinada des- 
treza de los diplomáticos mas célebres, acostumbrados 
á derribar las coronas, y á erigir solios nuevos al 
impulso de su voz. 

OCTAVO. 

Para asegurar que el gobierno federal, republicano 
ea, mas costoso que el unitario, seria preciso demos- 
trar que son mayores las gallardías de . el ;que 
las ha de costear con los productos de su trabajo, 
que de el que libra el pago sobre productos age- 
nos. ¿Y un gobierno simplificado hasta lo sumo, puede 
ser mas . costoso que el que por la mayor esfera de 
su movimiento tiene que valerse de un número consi- 
derable de brazos para desempeñar sus funciones, y 
cuya influencia se extiende hasta los mas menudos por- 
menores? ¿Cómo creer que el poder ejecutivo. de las 
repúblicas del Norte ^América, limitado al desempeño en 
grande de sus operaciones, por estar á cargo de las pro- 
vincias las mas minuciosas, necesite mas empleados re- 
sidentes en la corte y en las provincias, que el de una 
república unitarioy cuyos directores deben mandarlo y 
dirigirlo todo por si, sin partir siquiera con los pueblos 



117 

los cuidados de su régimen interior? ¿Las secretarias de 
estado en las primeras, necesitarán mayor número de 
cobachuelos que las últimas ? ¿ Han menester di- 
recciones de rentas, direcciones militares, direcciones 
econónicas y direcciones literarias ? ¿ Los proyectistas 
de felicidad pública tienen. mas franco acceso á los fede- 
rativos que á. los. unitarios? ¿ Serán mas fáciles de. sedu- 
cir . con pinturas alhagüeñas de ventajas, los que deben 
costear, los planes de prosperidad, que los que note* 
niendo que sufrir los desembolsos, satisfacen no pocas 
veces su vanidad con la aprobación de la idea que al 
menos les grangea la fama de benéficos é ilustrados ? La 
amarga experiencia nos enseña, que los gastos son siem- 
pre mayores cuando el que los hace se limita á librar 
sobre fondos que él no produce, que cuando lo hac^ 
sobre los que adquiere con su industria. 

Cuando el poder judicial, lejos de terminar todos 
los pleitos dentro de cada provincia, lleva el fallo de 
muchos á la corte, cuántos mas empleados se necesitan 
que cuando se fenecen donde nacieron ? Una cámara 
consultiva de: obispados y prebendas como la de Indias» 
no exigia un cúmulo mayor de dependientes que si se 
hubieran fiado las elecciones á los mismos pueblos 
que contribuyen con sus sudores á la manutención del 
culto ? La comparación de las constituciones de Hispa- 
nor América entre sí, nos hace ver que en Colombia hay 
cinco ministerios de estado y cuatro en Méjico : un 



^ 



118 



tritmnal supremo y otros inferiores administran la justi^- 
cia en Guatemala, cnando en Chile lo hacen el supremo, 
el de apelaciones, los jueces conciliadores, los jueces 
prácticos, los alcaldes y los cónsules mercantiles. In*- 
tendentes y gobernadores desempeñan el gobierno in 
terior en Colombia. Prefectos, intendentes, gobernado» 
re% delegados, subdelegados é inspectores en Chile. Pre<- 
íectos, intendentes y gobernadores en el Perú ; y en Mé* 
jico y Goatemala solos los gobernadores de cada estado. 
El poder ejecutivo en Méjico solo tiene los ^npleados 
precisos para el cobro y distribución de las contribución 
lies generales de la república, al paso que en Chile hay 
directores de rentas y directores económicos, á quienes 
se comete la ejecución en toda la república de lo que en 
las federales desempeñan las respectivas legislaturas. 

Los gastos generales de la república 
de los Estados Unidos del Norte-Amé* 
rica, ascienden á II.OOO3OOO duros. 

Los de la de Méjico, rebajados los 
extraordinarios de la guerra, que son 
accidentales á. . . • é . . . ^ 8.000,000 

Cuando los del antiguo gobierno 
en tiempo de la dominación española, 
llegaban á 13.000,000 

No crea V. que la facultad que las asambleas legisla- 
tivas de cada provincia tienen por la constitución fede- 
ral, para fijar sus gastos interiores y establecer las con- 



119 



tribuciones, aumente los sacrificios de el pueblo. Bn la 
América del Nort^ siguen aquellos y estas la raxon de 
la riqueza de cada estado. Así, por ejemplo, en el po- 
deroso estado de New York, la suma de sus gastos inte* 
riores llega á 472,705 duros, y los del de Yermon 
á 23,966, siendo de 5,000 duros el sueldo del gober* 
uador del primer estado, y de 750 el del último. El 
Sr. Egaña asegura „ que los gastos administrativos se 
„ multiplican en razón del número de los estados, ne« 
„ cesitando cada uno las grandes magistraturas, que 
„ tal vez bastarían á toda la unión consolidada (*) ;" 
mas dicho escritor me permitirá decirle, que en estas 
materias las dpngeturas ceden á la fuerza irresistible do 
las demostra^ciones, fundadas sobre hechos positivos. Én 
cada provincia de Ihs tres únicas naciones que se dirigen 
por el régimen federativo, hay un cuerpo deliberante, un 
gefe del poder ejecutivo, y un tribunal supremo. Igual 
ó mayor numero de agentes se encuentran en las re- 
públicas unitarias. ¿Por ventura, influye en d gasto 
el que se llame gefe del poder ejecutivo de un esta-* 
do en Méjico, el que se titula prefecto en el Perú: 
tribunal superior de justicia, el que en otra parte lle- 
va el noipibre de audiencia territorial ; y asamblea le- 
gifi^lativa en Goatemala, la que en las demás repúblicas 
se dice junta provincial? „ Los motivos ó pretestoe 



(*) Memorias ^. V. fol. 9. 



180 

^ impuIÑvos de los gastoB públicos en los gobiernos fe- 
y, derales, son, según dice el e:Kperímentado Hamilton, 
yy mucho menores y menos costosos de lo que se cree, 
„ compensándose con otras inmensas, ventajas, siendo 
,, bien s^üro que no se podrá hallar otro plan menos 
5, oneroso para el logro de los fines de la sociedad.'' 

OCTAVO. 

Nq se alcanza el fondamento que haya para soster 
ner - „ que en los estados de las repúblicas federales 
„ contiguas á países propensos á cometer invasiones, 
„ pierdan una gran parte de su independencia, en el 
.,, hecho de t^ner que sufrir guarniciones fuertes de toda 
„ la federación (^)''. Esto es suponer que la fuerza 
armada de una república, no pueda egercer sus fun- 
ciones sin oprimir al pueblo que la mantiene. Suposi- 
ción que solo se verifica en los gobiernos absolutos, en 
los cuales la fuerza, siempre molesta al ciudadano pací* 
jGuso, con tolerancia del gefe de la nación, el cual la mira 
como la columna destinada á sostener sus regalías. En 
todas las repúblicas bien constituidas, sean federativas 
ó unitarias, se mira cómo un contraprincipio político la 
unión de los mandos civiles y militares. Las tropas 
que el poder ejecutivo ' de una república federativa 



(*) E^ana id. ¡b. 



]21 



reúne en una provincia . para mantener inviolable 
la independencia nacional, ceñidas ál exclusivo 
cumplimiento de los deberes militares, no pueden 
atacar los derechos de los ciudadanos, ni menos los 
de las autoridades que dirigen los negocios de las 
provincias. Lo ocurrido en la anglo-americana 
con el general Jackson es una prueba. La victoria 
decisiva que su valor habia conseguido, no le eximió 
de el juicio ni de la pena que el poder judiciarío le im- 
puso por una violencia cometida con un magistrado, 
que en otro gobierno se hubiera mirado sin interés, con* 
fundiendo las voces del agraviado, entre el bullicioso 
estruendo de la ovación. Tan celosos son los pueblos 
en conservar sus derechos, cuando la constitución los 
protege, y cuando facilita los medios de obtenerlo : y 
en esta parte la federal saca ventajas á las conso- 
lidadas. 

NOVENO. 



r • 



¿Y en donde existen las dificultades que impi- 
dan hallar los recursos precisos para mantener la 
guerra ? ¿en donde la facilidad en las provincias 
de frustar las mejores empresas, disponiendo de los 
contingentes que todas deben aprontar para lle- 
varlas á cabo ? Esto acaecería si las provincias 
obraran con entera independencia del gobierno ge- 
neral, siendo libres para dar ó negar lo que este 



123 



les pidiere; pero en tal caso lo mismo sucederá en 
las tepáblicas unitarias y en las monárquicas. Si 
se cuenta con la posibilidad de los escándalos parttr 
combatir los sistemas federativos, 'me confesaré Véli- 
bido; mas también replicaré que si ios yásallos se 
rebelan contra sus señores, si los gíenerales se J^asan 
á los enemigos, y los pueblos se niegan á paglir IHisl 
contribuciones; el poder del m'obarca mas absoluto 
viene á tierra, y la monarquía mas sólidumetite es- 
tablecida desaparece, sin que de ello se deduzca 
que la constitución monárquica oponga obstáculos á lai^ 
empresas. ¿ Quién podrá sostener que la moderacioá 
del gobierno constitucional haya sido causa de <|tte 
Abisbal, Morillo, y Ballesteros, dejaran perecer la 
patria á impulsos de su bastardía ? En las repáblícas 
federales, la nación decreta la guerra y sanciona las 
contribuciones con que ha de sostenerse ; y los esta- 
dos, partes integrantes de ella, de cuyo seno han sali- 
do los diputados que en su nombre han hecho el 
acuerdo, le obedecen, siguiendo fieles su voz ; ni mas 
ni úienos que las provincias que componen las re- 
públicas consolidadas obedecen las disposiciones de 
sus congresos. 

DÉCIMO. 

„ Las federativas, añade el Sr. Egaña, oponen óbs- 
„ táculos al arreglo del comercio interior de cada 



m 



,y «sladp, y á la i^ali«acion 4^ I96 .prájqctgs de 
„ cajialjas, eanúnos, puentes frc^, que d(obe|i,(^e<^^6^ 
^ con cftudala» Mci^nales.^ Gada provincia» ppr 8i]i 
^ inicies loG^ suele perjjadícar 4 las cúnyi^f^pncii^ 
^ ^onemles^ porque aunque el ifiteires i$ea geu^jsajl, 
5, aféete de uu modo mas particular á ^Mrtos esti^T 
,9 doe, fesistiéndose los deoias que jip partieipau df 
,) pronto de este pro^vecho, ó que perjudican á susne* 
99 gocáaciones ; y aun se oponen por emulación á la 
,9 prosperidad y engrandecimiento de las .demo^^ (*)•'' 
Los que aȒ discurren suponen la existaacia 4e un 
gobierno desorganizado, desposeído de fuerza, y «iñ 
umon en sus elementos, y no baoen caso del $|)empl9 
«tíyo que les sirve de des^gaño. Los estados anglor 
americanos en medio siglo que llevan de feá^n^lisi^o 
fio han experimentado el desorden que semita, y que 
fio puede temerise en una nación cuyo» individuo^ 
se formen en el estudio de sus verdad^os ii^t^eses. 
Los celos y las miserias, á que alude el Sr. jBgau?) 
son patrimonio exclusivo de los pueblos opiímidos 
por ia vara de la arbitrariedad, á los cuales se les 
prohibe calcular sus conveniencias, some^tiéndfdos a la 
férula de gobernantes llenos de errores económicos^ 
insolentes, y ademas altivos con la autoridad que 
desempeñan. 



(*) Egaña id. fol. 10. 



124 



' ¿Y que otro objeto que el de evitar los inconve- 
ttieiltes indicados, tiene la reserva qae se hace á los 
congresos federales del arreglo de los aranceles de 
!a república? ¿Porqiié la constitución de Groate- 
mala les da el derecho de hacer las leyes en cuya 
uniformidad general tiene interés directo j conocido 
cada estado (*) ? : ¿de arreglar el comercio entre los 
esiddos de la federadony habilitar puerto s, y esta- 
hleeer aduanas (+) * ¿ Por qué se prohibe á las asam- 
bleas legislativas de las provincias, imponer contri- 
buoiones sobre el comercio interior y exterior con 
los extrangeros y con los estados entre sí ( j:) ? ¿Y 
por qué la constitución de Méjico les obliga á remitir 
al congreso nacional, al senado, y al poder ejecutivo, 
'copias legalizadas de las leyes y decretos que die- 
ren (§), dejando al cuerpo representativo de la na- 
ción el derecho de arreglar el comercio con los ex- 
trangeros, sino para hacer que se guarde la mayor 
armonía entre los elementos sociales, precaviendo los 
abusos ? 

I Y cuando los estados de la república anglo- 
americana han entorpecido la construcción de las obras 
de pública utilidad? Cada año se señalan en los 

presupuestos generales los fondos necesarios para 

_X 

(*) Art. 69. (t) Id. núm. 2, art. 178. 

(+) Id. núm. 19 y 21. (§) Id. núm. 9, art. 161. 



\ 



136 

J levar á efecto las que se reputan necesarias, sin que 
se hayan dejado de realizar por las supuestas riyiülí- 
dades de las provincias. La constitución de Goate- 
mala, dando ai congreso la facultad de abrir los gran* 
des caminos y canales (*), y la de Méjico, atribu- 
yéndole igual prerc^tiva, sin impedir á los esiaados 
la apertura y mejora de los suyos (+), desbaratan 
el argumento de los impugnadores de los sistemas 
federales, á quienes seduce un error económico^ de- 
masiado común entre los que no hacen el precio d|e- 
bido del estímulo mas eficaz de las acciones huma- 
ñas. Creen sin duda, que la abertura de caminos y 
canales no se puede llevar á cima, á no hacerse por 
el gobierno ; mas la experiencia acredita que debie fiarle 
al interés individual, promovido, y si se quiere fomenta- 
do por el gobierno. Mientras España estérilmente ^nipie- 
ñada en que el poder ejecutivo supliera los cálculos de 
la conveni^cia privada, al cabo de cien años de pro* 
teccion y de enormes desembolsos pecuniarios, no, ha 
conseguido concluir un canal, ni ha completado sus 
caminos ; los anglo-americanos disfrutan los beneficios 
de treinta canales y setenta caminos, abiertos y sosteni- 
dos por los acaudalados, sin que la realización de sys 
proyeclbsmhaya encontrado embarazo alguno en los 

(♦) Núm. 22, art. 69. (+) Num. 25, art. 43 



196 



orios de los estados, ni en la swada rvDuUdgd de su 
prosperidad respectiva. 

« « 

UNDÉCIMO. 

£1 iamortal Washington al dqjar la presidancia de 
la república anglo<4imericana se lamentó en efectp 
de los TÍcioB qve adyertia en el plan federativo^i 
la sazón existente ; 7 estrecbó á sus coiiciu4adao^ 
á que realiflanoi su reforma, dando mas unidad á sus 
paites que la que tenian. Esto solo prueba que los 
americanos no habian Iterado su régimep ni grado 
debido de perfección; anas no que el sabio fun- 
dador de la libertad ultramarina aconsejara á sus 
conciudadanos que abandonaran 0I si^jtenia adop- 
tado. Conoeió los defectos de su primitiva or- 

• 

gankacion, realizada en medio de la guerra y 4^ la 
efervescencia de la revolución, época ^ fatal para 
tealizarla con acierto, y les conjuró a que recono- 
ciendo en la paz sus vicios, los corrigieran, como I^o 
realizaron con la constitución que boy les dirije, y 
la eual,' produce todas las ventajas, sin los da- 
^os que su primera y defiactuosa estructura ofre- 
cía. ' Washington recomendó la total combinación 
de las partes constituyentes de la nación^ sin re- 
nunciar á la forma federativa. „ Debemos, decia, 
„ esperar el mas feliz éxito de una buena or- 



i2Tr 



,) ganízacion del todo, auxiliada del gobierno d^ 
,) las respectivas divisiones. Es indispensable un 
99 gobierno general^ para asegurar la permanencia 
,, y eficacia de nuestra unión* No la podemos reein- 
yy plasar por una alianza entre partes ; por estrecha 
y, que sea, porque tendrá, como todas las demás idian* 
,, zas que hasta ahora han existido, el inevitable ín- 
,, conveniente de estar expuesta á disensiones^ y ó una 
,, disolución,*^ No puede estar mas clara la inten*» 
cion de Washington en el pasage que los impugna^ 
dotes de la federación citan en sosten de sus opi- 
niones, reducida a corregir la dislocación en q«ie 
entonces se hallaban los estados^ y \vl falta de con^ 
sonancia entre las partes y el todo* 

I El patriarca de ia independencia amerícaiia seco^ 
mendó el sistema consolidado que tanto agrada á los 
que no han sacudido los grillos que les ha impuesto 
su educación ? „ Dirijt>, anadia, votos al cielo paia 
„ que perpetúe vuestra unión y vuestra fraternal 
„ amistad : para que conservéis siempre inviolable el 
„ sagrado depésiio de la libre constitución que os 
„ habéis ^ado «... para que sea mas > completa la 
„ felicidad de los estados bajo los auspicios de la 
„ libertad; preservando tan prudente y cuMáutota- 
„ mente el u^o de este beneficio que os procure la 
„ gloria de recomendarie al aplauso, 'A afecto y 
„ admiración de todas las naciones. Mirad com ce- 



/ 



128 



y^ nuda indignación toda tentativa que conduzca á. 
,, enagenar algún territorio de nuestro pais^ todo 
,, esfuerzo dirijído á debilitar los sagrados lazos que 
„ reuniendo entre sí varias provincias^ forman hoy un 
yy todo ... fin conjunto perfecto,^' Estas últimas pa- 
labras deshacen los argumentos de los que se lisonjean 
de conformar su dictamen con el del padre de las 
modernas repúblicas. Washington quería federación 
de estados, unidos con el lazo de la subordinación 
á ua centro general, y no ligas de provincias en- 
tera y absolutamente soberanas; observaba el giro 
que las circunstancias hablan hecho tomar á las 
ideas políticas de sus compatriotas, y receloso de los 
males que debia ocasionarles, completó la obra insigne 
de su patriotismo, derramando entre ellos las luces 
para la completa organización de una república fe- 
derativoy que siendo resultado del genio de la liber- 
tad trasatlántica, es vano empeño buscar el tipo 
en las repúblicas hasta aqui conocidas. Es creación 
nueva debida á la sabiduría y zelo de aquel grande 
hombre, a quien el reconocimiento público hubiera 
en la antigüedad colocado en el número de los dioses 
bienhechores del linage humano, y á quien el sagrado 
entusiasmo de los amantes de la libertad ha levan- 
tado ya en sus corazones un templo indestructible, en 
donde recibe el culto de la admiración y del respeto. 
¿Y 'los añglo-amerícanos cedieron al impulso de 



139 



tan poderosa excitación ? ¡ Cedieron, mejorando su 
constitución^ llevando la federalidad al grado mas 
sublime dé perfección, asegurando con ello su liber« 
tad y bienestar ? Respondieron á las insinuaciones de 
su director y padre; y la organización actual de 
la república^ que ha servido de modelo á las 
de Méjico y Goatemala, resolvió el problema, pre- 
sentando un gobierno digno, no solo de el nom^ 
bre de bueno, ^ino del mas perfecto de su elase^ 
porque con el coste menor ha asegurafio la indepeft' 
dencia, la tranquilidad, la libertad del ciudadano y 
la pública prosperidad; dejando al pueblo el ejercí' 
cío de los atributos de la soberanía, en todo aquello 
que no se opone á la consecución de estos fines. 
La inmensa prosperidad que disfrutan los anglo* 
americanos, resultado de sus leyes fundamentales, es 
el argumento roas incontestable de su bondad. Si 
esta nación por efecto de su actual sistema, al cabo 
de cincuenta años de experiencia, encuentra asegU" 
rada su independencia, establecida su consideración 
y su respeto entre las demás ; ve precavida la libertad 
individual de sus ciudadanos contra los ataques del 
poder; y aumenta rápida y prodigioamentQ su pobla- 
ción, su industria y sus riquezas, ¿no estará autori- 
zada para atribuir al gobierno federativo que la di- 
rige la causa de tanta dicha ? „ Dúdase, decia 
„ Washington, que este gobierno se pueda sostener : 

R 



130 



,5 hágase la experiencia : es un delito^ en este caso, 
5, atenerse á meras especulaciones, '^^ Se hizo la 
experiencia ; ¿ y cuáles fueron sus resultados, me pre- 
guntará V., ? y yo contesto, que un breve examen 
de ellas hará el tema de la carta inmediata, porque 
él solo, satisfaciendo de paso la curiosidad de Y. , 
bastará para afirmar mis opiniones, y para de- 
mostrar geométricamente la proposición que forma 
la base de mi correspondencia y que he sentado co- 
mo tema en la carta ÍV, folio 61. 

Páselo V. bien y mande á su af™» y eterno amigo 
Q. S. M. B. X. 

FUadelfia, 
1 de Enero de 1826. 



CARTA VII. 

SE DEMUESTRA LA EXCELENCIA DE LOS GOBIERNOS 
REPUBLICANOS FEDERATIVOS, CON LOS RESULTADOS 
QUE OFRECE EL DE LOS ESTADOS-UNIDOS J)EL NORTE 

AMERICA. 

Aprecíable amigo y dueño: ofrecí en mi anterior 
descubrir á V. los efectos que había producido entre 
los anglo-americanos el gobierno federal^ organizado 
del modo que se halla en dicha nación, que es 
el mismo que han adoptado Méjico y Goatemala como 
base de sus repúblicas» Son tantos, tan felices, y de 
tanto bulto, que confunden la presunción de los sectarios 
de el unitario cuando intentan sobreponerle á aquel. 
La materia es de una magnitud colosal; mas como 
el estilo epistolar reclame la concisión, por no faltar 
á sus leyes y no molestar á Y. demasiado, me con- 
tentaré con reunir en un breve bosquejo la variada 
multitud de datos preciosos que nos ofrece la historia 
política y económica de la república que fundó 
Washington, ordenados de tal modo que su colocación 
conteste á los argumentos de los contrarios, sin nece- 
sidad de recordar principios, ni de repetir las refle- 
xiones que quedan hechas. Manos á la obra, y 
dejando los raciocinios, acudamos a las demostraciones 
de hecho, y como dice el adagio ef^pañol : callen 
barbas y hablen carias. 



132 



PRIMERO. 



Extensión superficial de las provincias que compO' 
nen la república anglo^americana. 

La extensión territorial y el número de los estados 
que componian la federación de los estados del Norte- 
América en el año de 1810, era el siguiente. 



Estados, 



Massachusets. . . 
Maine : su territorio 
New Hampshire . 
Vermont. . . 
Rhodelsland . 
New York . . 
Connecticut. . 
New Jersey. . 
Pensilvania. . 
Deleware. . . 
Maryland. • . 



Virginia. 
Obio . . 
Indiana . 
Kentucky. 



Extensión su- 
perficialy en mi- 
llas cuadradas 



65250. . 

32,628. . 

9,491. . 

10,237, . 

L580. . 

55,000. . 

4,000. . 

6,600. . 

24,500. . 

2,200. . 

10,800. . 

70,000. . 

40,000, . 

39,000. . 

40,110. . 



En acres 
de tierra. 

4.000,000 

20.882,354 

6.274,240 

6.551,680 

1.011,200 

35.200,000 

2.560,000 

4.224,000 

27.200,000 

1.300,000 

6.912,000 

42.000,000 

25.000,000 

24.960,000 

25.670,000 



133 

Tennesse 40,000. . 25.600,000 

North Caroline. . . 50,500. . . 25.000,000 

South Caroline. . . 24,080. . . 27.000,000 

Georgia 62,000. . . 40.000,000 

Luisiana 45,560. . . 30.000,000 

Misisipi 45,000. . . 30.000,000 



619,536 411.345,474 



Territorios que no forman aun estado. 

Alabaraa 40,000. . . 25.000,000 

Illinois 40,000. . . 25.000,000 

Michigan. .... 58,000. . . 37.000,000 
North-West. .... 34,820. . . 22584,000 

Missoury 147,000. . . 94.080,000 

Pais entre las monta- 
ñas y el Pacifico. . 
Distrito de Wash- 
ington 



319,820 203.264,300 

Suma anterior 619,536 412.345,474 



Total 939,356 614.769,474 



134 



SEGUNDO. 

Costumbres. 

Son tan varias como lo eran las de las naciones 
europeas á que pertenecieron muchos de los pobladores. 

índole de las costumbres de los moradores. 

Massachusets. — Muy religiosos : han perdido la gra- 
vedad inglesa. 
Jlfatre.— Una mezcla de las de los emigrados que 

allí se acogieron. 

New Hampshir e.—A&cionados al baile y á los li- 
cores, sufridores de las fatigas, intrépidos y vigilantes. 

Vermont. — Moderados, duros para el trabajo, fru- 
gales, celosos de la libertad, y amantes del baile. 

New York. — Mezcla de las costumbres alemanas 
y holandesas. 

Connecticut. — Litigiosos y devotos, industriosos y de 
buenas costumbres. 

New Jersey. — Una mezcla de las alemanas, holan- 
desas, escocesas é irlandesas. 

Filadelfia. — Los mas morigerados, guardan los há- 
bitos ingleses. Son reservados con los extrangeros, 
viven con abundancia y aseo. 

Mayreland. — Dulces en el trato, y hospitalarios. 



136 



Virginia. — Francos, filantrópicos, algo indolentes. 

Ohio. — ^Frugales, patriotas y religiosos, dados a la 
bebida. 

Indiana. — Sobrios, enérgicos é industriosos. 

Kentuckt/. — Agudos, francos, hospitalarios, bravos 
y patriotas. 

Tennesse. — No tienen qaracter fijo. Son algo toscos en 
sus modales, muy vivos y generosos, estudiosos, aman- 
tes de su pais y de la libertad. 

North Caroline. — Dados á la bebida. 

South Caroline. — Elegantes, cultos, generosos, ami- 
gos de la bebida. 

Georgia. — Amables, hospitalarios, dados á la música, 
al juego y á la equitación. 

Nueva Or/í?««5.-- Costumbres enteramente francesas. 

TERCERO. 

Gobierno. 

Los habitantes de esta parte de el globo, tan va^ 
rios en las costumbres, y derramados en provincias 
de tan desigual extensión, como hemos visto, forman 
una nación dirijida por un gobierno republicano fe^ 
derativo ; según el 'cual, la constitución general de la 
nación señala los deberes y derechos entre estos y 
sus supremos directores : y las constituciones particu- 
lares explican el modo con que cada provincia de- 



136 



be desempeñar los atributos de la soberanía sobre los 
objetos relativos á su régimen interior. Aunque las 
constituciones peculiares de cada estado no guardan 
completa armonía entre sí, conservan sin embargo una 
adhesión inviolable á las bases de la constitución 
general de la federación, manteniendo el núcleo de la 
unión: ,, columna principal del edificio social y de 
yy la independencia: base de la tranquilidad interior, 
„ de la paz exterior, de la seguridad, de la pros- 
„ peridad, y de la misma libertad, que tanto apre- 
„ cian los anglo-americanos, como sabiamente decía 
„ Washington." 

PRIMERO. 

Bases orgánicas^ en las cuales convienen absolu- 
tamente las constituciones provinciales^ y la general 
de la federación anglo- americana, 

I. 

Separación del poder legislativo, del ejecutivo y 
del judiciario : en virtud de ella cada una de las 
autoridades supremas de la federación, y las de cada 
estado ejercen sus respectivas funciones con la mas 
completa independencia. 

II. 

La facultad de hacer las leyes relativas- al orden 
general de la república: y las peculiares del régi- 



IST 



men interior de cada estado reside en un congreso na- 
cional, dividido en dos cámaras, y en otro provin- 
cial de igual clase. 

III. 

El poder ejecutivo de la nación se desempeña por 
un presidente, que elige el pueblo ; y el de cada pro- 
vincia, por un gobernador que recibe de este su nom- 
bramiento. 

IV. 

£1 poder judiciario para los negocios generales de 
la república se confia á un tribunal supremo : el 
relativo al fallo de los asuntos de cada provincia á 
otro superior en cada uno, y á los jueces y magistra- 
dos que la constitución respectiva señala. 

SEGUNDO. 

PUNTOS EN QUE DISCREPAN LAS CONSTITUCIONES 
DE LOS ESTADOS, DE LA GENERAL DE LA REPÚBLI- 
CA DE LOS ESTADOS UNIDOS DEL NORTE-AMERICA. 

I. 

Congreso nacional. 

Para el congreso general. — Por cada treinta mil 
almas un diputado, hasta que su número llegue á dos- 
cientos : en pasando, por cada cincuenta mil otro. 

9 



138 

Para los congresos provinciales. — Varia «1 número 
de diputados, aunque se sigue la base de la pobla- 
ción, á saber : en razón del número de los que pagan 
contribución. 

Representación de los estados. 

En Masachusets un diputado por cada ciento cin- 
cuenta vecinos contribuyentes. 
En New Hampshire, id. id. 
En Yermont, dos por cada ocho id. 

Por condados. 

En New York tres por cada condado. 

En New Jersey uno id., y tres por la asamblea 
general. 

En Pensilvania uno por cada condado. 

En Delaware seis id. 

En Maryland cuatro id. , y dos por cada ciudad 
principal. 

En Virginia dos id., y uno por cada cuatro ciudades. 

En North Caroline dos id. , y uno por cada seis 
pueblos. 

En Georgia, en razón de los blancos, y un noveno 
de los de colora El condado mas pequeño da uno: 
el que tiene tres mil da dos ; y cuatro el que doce 
mil. 



189 

* 

Eh Indiana, en razón de los blancos de .Yeinte y 
nn años de edad. 

En Tennesse cada legislatura fija el número. 

En Luisiana id. 

Por pueblos. 

En Connecticut uno por cada ochenta id. 
En Rhode Island uno por territorio. ; 

Número jyo. 

Ohio da sesenta y dos diputados : Tennesse veinte 
y do^ : Kentucky cincuenta y ocho, y no deben pa- 
sar de ciento : South Caroline ciento yeinte y cuatro. 

II. 

Senado. 

El de la federación se compone de dos. senadores 
por cada estado, elegidos por sus asambleas legisla- 
tivas : total, cuarenta y dos. 

El senado de cada provincia tiene un número des- 
igual de vocales, á saber : 

En Tennesse. . 7 

En Delaware 9 

En Yermont, Rhode Island, Connecticut. 12 

En New Jersey. . • . x 13 

En Luisiana ^ . . . . 14 

En Indiana 16 



140 



En Kentucky y Virginia 84 

En New Hampshire 30 

En Ohio 31 

En New York 32 

En Maryland 38 

En Massasuchets 40 

En South Caroline 43 

En North Caroline 60 

En Pensilvania 6S 

De lo dicho inferirá V. que por lo menos l,{i59 
ciudadanos se emplean incesantemente en asegurar la 
libertad é independencia, y en promover la prosperidad 
de los 12.000,000 habitantes de los Estados-Uni- 
dos; mientras que en España solos 391 se ocupaban 
en dichos objetos, sobre una población de 11.000,000. 
I Cuanto mas rápida debe ser la marcha hacia el 
bien de la nación que adopta una base tan fecunda 
en útiles resultados, como la de los gobiernos repu- 
blicanos federales, en cuya virtud se multiplican los 
agentes inmediatos de su prosperidad, animados por 
el honor y por los alicientes de la propia conveniencia ! 



141 



TERCERO. 

Duración en sus destinos de los encargados de los 

poderes de la nación. 

I. 

El cargo de los diputados del congreso nacional dura 
dos años : el de los diputados de las legislaturas de 
los estados un año : en Tennesse, North Caroline, Luí- 
siana y Ohio dos : en Delaware é Indiana tres : en 
Virginia, South Caroline y Pensilvania cuatro, y cinco 
en Maryland. 

ÍI. 

El presidente de la república cuatro años : el goberna- 
dor de cada estado dura un año, generalmente hablan- 
do : en Georgia, Tennesse y Ohio dos : en Delaware, 
Indiana, Pensilvania y Kentucky cuatro. 

III. 

£1 presidente de la república nombra, con apro- 
bación del senado, los ministros del tribunal supremo 
de justicia, y los jueces que componen los tribuna- 
les, establecidos para el fallo de los negocios genera* 
les de la república : el gobernador y el consejo nombran 
los jueces en Massachusets : el mismo á consulta con 
el senado en Kentucky : solo el gobernador en Dela- 
ware : en New Jersey y Yermont el consejo y la 



149 

cámara de diputados: esta en South Garoline. En 
Virginia, Rhode Island, Connecticut el senado : y la 
cámara en North Caroline: el pueblo en Greorgia; 
y los condados en Ohio. 

IV. 

Los jueces supremos duran en sus cargos mientras 
no se hacen indignos por su mala conducta. 

Lo mismo sucede en los estados, á excepción de 
los siguientes. 

En New Hampshire duran hasta los sesenta años 
de edad: son anuales en Tennesse, Rhode Island, 
Connecticut y Greorgia : quinquenales y sexenales en 
New Jersey, Ohio é Indiana. 

CUARTO. 

FACULTADES DE LOS PODERES 

I. 

Del poder legislativo. 

El congreso nacional hace las leyes generales para 
toda la república, r fija los gastos generales del ser- 
vicio de ella, establece las contribuciones generales, 
señala arbitrios para el pago de la deuda pública, 
cuida de la defensa . de la nación, arregla el comer- 
cio, hace aranceles, contrae préstamos, fija el mé- 
todo de la naturalización de extrangeros, acuña mo- 



143 



neda, establece postas, abre caminos, fomenta la agri- 
cultura y la industria, proteje la ilustración, define 
las ofensas contra el derecho de las naciones, decla- 
ra la guerra, kace la paz, forma las ordenanzas militares, 
fija el número de las tropas y la fuerza de mar, 
organiza la milicia nacional, y procura asegurar la 
pública prosperidad. 

Las cámaras legislativas de los estados acuerdan 
las leyes, ordenanzas y reglamentos relativos al go- 
bierno interior de cada uno^ en los artículos no com- 
prendidos en las prerogativas del senado. En Ohio 
y Georgia tienen el derecho de acusación en los ca- 
sos de alta traición. 

II. 

Del senado. 

El senado de la federación es el único que juzga 
las causas por crimen de estado. Consulta al poder 
ejecutivo los empleos. Tiene la iniciativa de las leyes; 
y en las que forma la cámara de diputados, goza la 
facultad que se dirá en su lugar. 

En algunos estados interviene en los nombramientos 
de empleados ; y en la sanción de las leyes egerce 
las funciones que diremos luego. 



144 

III. 

Del poder ejecutivo. 

Él presidente de la república, hace ejecutar las 
leyes y decretos del congreso, manda las fuerzas, 
perdona á los sentenciados á muerte jior crimen 
contra los Estados-Unidos, á no nacer la acusación 
en la cámara de los diputados ; con aprobación del 
senado concluye tratados de paz, nombra embajadores y 
cónsules, jueces del tribunal supremo, oficiales de ejér- 
cito, desde coronel inclusive, los empleos de servicio 
general, informa al congreso del estado de la república, 
indica los gastos, el importe de las contribucio- 
nes, y la fuerza que se considera necesaria, con- 
voca el congreso en circunstancias extraordinarias, 
suspende la publicación de las leyes antes de firmar 
su ejecución, sin cuyo requisito no tienen fuerza de 
tales, decide el dia de la reunión del congreso, cuan- 
do hay diferencia entre él y el senado ; puede sus- 
pender á los empleados ineptos ó que cometan al- 
gún delito en el ejercicio de sus destinos. 

El poder ejecutivo de las provincias, compuesto del 
gobernador y un consejo, en lo general, ejerce en cada 
estado las mismas funciones que el presidente en toda 
la república. 



145 

Dijbrencins entre los estados. 

En MassachusetSy New Hampshire^ PensUvania^ 
Indiana, Kentucktf y Rhode Island. — El gobernador 
tiene el velo sobre los acuerdos de la asamblea le- 
gislativa. 

En Massachusets. — Nombra los empleos judiciales 
de acuerdo con el consejo. 

En Rhode Island, Marylandy Indiana, Luisiana. — 
De acuerdo con el senado nombra todos los empleos. 

En New Jersey. — Es tribunal de apelación en las 
causas, con exclusión de las de asesinato. 

En South Caroline. — Puede hacer embargos por 
treinta dias, previo dictamen del consejo. 

En Rhode Island. — Suspende la ejecución de las 
.sentencias hasta la reunión de las cámaras. 

CUARTO. 

Del poder judicial. 

El tribunal supremo falla los negocios contencio- 
sos de los embajadores y cónsules, los casos de almiran- 
tazgo, las controversias de los estados, ó de estos y 
los ciudadanos de otros, sobre pretensiones de tierras : 
y es tribunal de apelación en los negocios que se- 
ñalen las lejes. 

^odos los crímenes, menos en el caso de acusación, 
se fallan por jurado. 



146 

Los tribunales de los estados lailán Ion pleitos, con 
excepción de los en que entiende el supremo, que se 
suscitan en su territorio* La legislación de los es- 
tados varía acerca del número de los jueces. 

Las leyes antiguas inglesas, menos las que están en 
contradicion con el sistema, forman el código de los 
-estados, hastb que cada uno arregle el suyo con 
presencia de las circunstancias locales. 

QUINTO. 

Formación de las leyes. 

Las leyes generales de la república pueden propo- 
nerse en el congreso y el senado; pero deben dis- 
cutirse y aprobarse en ambas cámaras para que reciban 
«1 carácter de tales. Ademas es preciso que el pre- 
sidente de la república las firme : si halla inconve- 
niente, debe devolverlas é la cámara en donde hayan 
tenido su origen. En ella se examinan de nuevo, 
y aprobadas por las dos terceras partes de votos, se 
lemiten á la otra cámara, y si en ella áe aprueban 
jpor ias dos terceras partes de Ids votos, quedak san- 
eionadas. 

' Las leyes- sobre contribuciones emanan excluéivamen- 
tede la cámara de diputados, y el senado puede adi- 
cionarlas, alterarlas ó rehusarlas. 
'<En N^ew- York las» «leyes de la cámara lé'gíslativa 
se comunican al senado, y aprobadas pasan á un consejo 



147 



compuesto- de el gobernador, de lo» jueces, del tribu- 
nal superior, y el canceller, los cuales la^. eo^aminan : 
hallando algún * inconveniente en su egecucion, las 
pasan, con sus observaciones, á la cámara en donde 
nacieron, y aprobadas por las dos terceras partes de 
votos, ambas se llevan á efecto. 

En Virginia, Ohio, Kentucky, Tennesse, todas las 
que nacen en la cámara de diputados pueden apro- 
barse, reprobarse ó adicionarse por el senado, menos 
las de contribuciones. 

En South Caroline los decretos de hacienda pue- 
den ser reprobados á alterados por el senado, y los 
demás por la cámara adonde pasan. 

Al reconocer estas diferencias convendrá Y. en que 
no tocan á las bases geniales del sistema. Ninguna 
provincia eú su peculiar constitución, ha excedido 
Iqs límites que le fijó la general de la república. 
Hay divergoRotas ' en el número y en el modo de ele- 
gir los diputados: las hay en la duración de sus 
cargos, y en las de los jueces y gobernadores ; mas 
ninguna provincia desconoce el tipo fundamental. Los 
gobernadores duran en el egercicio de sus funciones 
uno, dos, -6 cuatro años; mas no exceden de este tér- 
mino, que es el que reconoce el presidente de la re« 
pública: los senadores lo son desde dos á cuatro^ años; 
pero no pasan el coto d^ seis, que )a ley señ&la á 
los de la federación. ¿ Y qué se deduce de todo ? 



148 

que no hay la tendencia que se supone en los esta- 
dos, á traspasar los cotos que ia ley fundamental 
indica á las atribuciones de su autoridad. 

SEXTO. 

Religión. 

Los anglo- americanos, confundiendo el orgullo de 
los políticos que han creido hasta aqui que las na- 
ciones necesitaban tener una sola religión para asegurar 
la existencia de los gobiernos, han conseguido este 
objeto por un rumbo opuesto. Han declarado por 
base social la tolerancia absoluta de cultos, y con 
ella, dejando á cada hombre en libertad de adorar 
á Dios según su corazón se lo dictare, han estrechado 
la unión social entre todos, economizando los gastos 
que en otras naciones causa la manutención de una 
religión exclusiva. En consecuencia de esta franqueza, 
en dicha república, se encuentra una mezcla de sectas 
religiosas, sin que por j ella hubiese experimentado la 
nación perjuicios. 

En. efecto, en Connecticut tienen 

los presbiterianos 90 asociaciones. 

En New Jersey, los presbiterianos. 64 iglesias. 
Los holandeses reformados. . . 33 

Los obispales 24: 

Los baptistas 24 

175 



149 



En Pensil vania, los episcopales. . !S6 iglesias. 

Los baptistas 15 

Los católicos romanos .... 11 

Los escoceses , . 8 

Los morabios 8 

Los covenantrios 1 

Los presbiterianos 26 

Los calvinistas 84 

Los luteranos 84 

Los cuákeros 54 

Los id. libres I 

Lds universalistas 1 

Los metodistas, varias. 

Los judios 2 



321 



En Delaware, los presbiterianos. . 24 iglesias. 

Los episcopales. . 14 

Los amigos 8 

Los baptistas 7 

Los swedhistas 1 

Los metodistas, varias. 



54 



160 



Ea VermoAt, los congregacionalístas . 89 igleúas. 

Los baptistas • SS 

Los presbiterianos 9 

Los episcopales 2 

Los unive^rsalistas 1 

Los amigos. - I 



118 



En Khode Island, los baptistas • . 57 iglesias. 

Los congregacionalistas. ... 57 

Los cuákeros 8 

Los episcopales. ...... 9 

Los morabios ....... 1 

Los judíos ........ 1 



ISO 



En South Caroline, los presbiterianos. 6 igl^ias. 

Los baptistas 130 

Los independientes 7 

Los metodistas 2O0 

Los judíos . 1 

Hay católicos^ calvinistas, y luteranos. 



344 



161 

En MftTjhind hay episcopales, preEíbiterianofi, mato- 
distas, baplístas, cuákeros, &c. Los mas niimerosos 
son los católicos. 

En Virginia hay católicos, presbiterianos, metodis- 
tas, y episcopales : los baptistas tienen 314 iglesias. 

Ohio: los baptistas 67. Se ignora el número de 
los deiHas. 

En Indiana prevalecen los baptistas, y tienen 61 iglesias. 
En Kentucky prevalecen estos y los metodistas, y 
tienen 421. 

En Tennesse hay católicos^ episcopales, protestantes, 
metodistas y baptistas, que tienen 169. 

En North Caroline hay morabios, presbiterianos, 
cuákeros, metodistas, baptistas. Los dos últimos pre- 
valecen, y cuentan 219. 

En Greorgia hay presbiterianos, metodistas, episco- 
pales y católicos: 

En Massachusets hay católicos, metodistas, cuákeros 
episcopales, congregacionalistas, universalistas, sande 
manos, shakeros y baptistas: estos últimos tienen 112 
iglesias. 

SÉPTIMO. 

Policía interior. 

Para conservar el orden de los ^pueblos, la seguri- 
dad dt los caminos, sostener las escuelas, los puentes 
y las carreteras, cada distrito nombra agentes arre- 



16S 

gla sus fuaciones, y se impone contribuciones. Las 
escuelas, en la mayor parte, se mantienen con tierras 
de los comunes que se les asignan para el objeto. 

OCTAVO. 

Fuerza pública. 

La principal de la república, se compone de la. milicia 
nacional, formada de los ciudadanos de cada estado. 
Las legislaturas provinciales nombran los oficiales : y su 
número varia según la población en la escala siguiente. 

Massacliusets. 45,466 

New Hampshire 24,905 

Vermont 20,259 

Rhode Island . . . . . . . 8,255 

New York 106,880 

Connecticut 18,309 

Ñew Jersey 32,709 

Pensilvania 99,414 

Delaware 6,694 

Maryland 41,410 

Virginia 83,848 

Ohio 37,373 

Kentucky 41,732 ' 

Tennesse 20,193 

North Caroline 43,217 

South Caroline 3%202 

Georgia 32,264 



1«8 



Fuerza permanente, 

£1 ejército en tiempo de paz se compone de 6,000 
hombres. 

La escuadra consta de 36 buques de gl^rra, 
construidos ó adquiridos, y de 1,290 cañones, 

SEXTO. 

Hacienda pública. 

La de la república anglo-americana se. divide en 
dos secciones, una que pertenece á la federación pa- 
ra atender á los gastos de la nación en general, y 
está á disposición exclusiva del presidente : y otra que 
corresponde á cada provincia para hacer frente á sus 
obligaciones. £1 presidente paga las tropas de la 
república y la escuadra, los embajadores y la lista 
civil ; y los estados cubren los gastos que el congré- 
so les reparte, y satisfacen los de sus respectivos 
gobiernos. 

Son fijos los artículos que forman la hacienda ó 

el tesoro general de la república, y varios los que 

componen la de los estados, como que su desigila- 

cion pende del juicio de las respectivas legislaturas 

provinciales. 



V 



164 



Hacienda de la república á disposición del presidente. 

Aduanas, correos, y el importe de la venta de las 
tierras nacionales. En casos extraordinarios se impo- 
ne una contribución territorial en toda la república. 

Hacienda de la república á disposición de los estados. 

Aunque, generalmente hablando, se compone de los 
productos de una contribución directa sobre las tier- 
ras, casas y ganados, y de capitaciones ; en algunos 
estados se advierten las siguientes diferencias. 

En Massachusets^ — La directa, y el importe de 
los dividendos del banco. 

En New York. — El importe de la venta de las tierras 
nacionales, de los dividendos que le paga el banco, de 
los seguros sobre tierras, y de los intereses de los présta- 
mos hechos á particulaxes. 

En Maryland. — La directa, y el importe de las 
licencias de tabernas, de buhoneros y de matrimonios. 

En Pensilvania. — La directa, el importe de los de- 
rechos sobre las almonedas y tabernas, de las multas 
y de varios derechos. 

En Virginia, — Gomo en Maryland, y ademas 
contribuciones sobre los carruages, sobre los tenderos, 
los testimonios que dan los escribanos, y las tasaciones 
que hacen los arquitectos. 



16& 

Importe de los ramos de la hacienda que están á dis» 

posición del presidente. 

• * . 

En tiempo de paz 2S.6S5,000 duros. 

En el de la última guerra llegó á 49.533,852 
De lo$ cuales correspondieron á 

las contribuciones extraordinarias. . 24.500,000 

Importe de los ramos de la hacienda de que dispo- 
nen los gobiernos de las provincias. 

Según los datos que he visto, 
relativos al año de 1810, asciende á 6.000,000 duros. 

Cualquiera que compare la suma total de las exac* 
clones que hacen los gobiernos de los estados de la repú- 
blica federativa anglo-americana, con las que se sacaban 
en España con el pretesto de atender á un corto número 
de objetos de los á que se aplican en aquello, se conven- 
cerá de la infundada imputación de mas costosos, 
que se hace á los sistemas federativos republicanos. 

Mientras que las provincias an« 
glo-americanas atiefiden al pago de 
los empleados en elser vicio público 
provincial, y á sostener los ramos co- 
nexionados con el fomento general, 
y los municipales, con la suma de. 6.000,000 duros. 

En la península, que disfruta las 
ventajas de un gobierno unitario, 



156 



con el colorido de atender al sosten 
de sus obligaciones municipales y 

religiosas, se le exijen 1.919,500,000 rs. 

' A saber: con el nombre de propios. 100.000,000 

Con el de pósitos 100.000,000 

Con el de alojamientos y bagages. 90.000,000 
Para abrir canales. . . . \ . 1.500,000 

Para el fomento del comercio. 15.000,000 

Diezmos eclesiásticos 860.000,000 

Culto y pretextos piadosos. «. . 753.000,000 
En el Perú se hacia contribuir á - 
los pueblos para el sosten de solas 

tres atenciones, con 630,463 duros. 

A saber : para corregidores. . 146,980 
Para objetos religiosos. ... 45p,800 
Para objetos literarios. . . . .16,683 

I Y las resultas de todo favorecen al sistema uni- 
tario f Quiero que Y. mismo se dé la respuesta sin 
mas trabajo que el de comparar el estado interior 
de la península y el de el Perú antes del año de 1808, 
con el que ofrece la historia anglp-amerícana, y .de 
los cuales hablaré á Y. en la carta siguiente. 

£n el ínterin mande Y. cuanto quiera á su af.n» ami- 
go Q. S. M. B. X. 

Filadelfia, 
]4 de Enero de 1826. 



CARTA Vm. 

CONTINUA EL ASUNTO DE LA ANTERIOR. 

Mi apasionado amigo : por lo que queda dicho ^ n 
mi anterior no dejará V. de conocer la sublime po- 
sición en que se encontrarán los tmglo-americanos, con- 
secuencia indudable de los gigantescos resultados de 
la constitución que han adoptado. La prosperidad ó 
la ruina de las naciones, sabe Y. mejor que yo, que 
depende de sus leyes. Si al cabo de medio siglo de 
experiencia de un gobierno nuevo, como lo es el 
federativo republicano^ los Estados* Un idos del Norte- 

América presentaran el humillante espectáculo de una 

• 

nación miserable, abatida ante el poder de las de- 
mas, sin población, sin riquezas y sin espíritu na- 
cional ; deberiamos condenar á la execración la forma 
de su gobierno como que de él le venia su desgracia ; 
mas si la historia de nuestra edad nos hace ver que 
aquella se ha levantado del rango obscuro de una 
colonia pobre y despoblada á la altura de una po- 
tencia del segundo orden, diremos con la energía que 
produce el convencimiento, que tan envidiable situa- 
ción se debe á las benéficas influencias del régimen 
federal. Si en medio de una variedad tan completa 
en la extensión territorial, costumbres, opiniones re- 



158 



ligiosas, población, fuerzas, y medios de conducir 
la marcha del gobierno interior, como la que ofrece 
cada uno de los estados de la república anglo-ame- 
rícana, esta.se encuentra en la cima del poderío que 
nace de la riqueza y del orden^ estaré autorizado para 
acallarlas voces de los contrarios al sistema que de- 
fiendo, sin mas que presentarles la imagen de aquella 
nación, la cual contesta á sus argumentos, y con« 
funde á los que, según el Sr. Egdña asegura, en el 
mismo Nortli América „ opinan que los anglo-ame- 
„ ricanos serían mas fuertes y considerados en un 
„ sistema absolutamente consolidado (*)." Veamos, 
amigo mió, la situación actual, política y económica 
dé la república que fundó Washington, y su examen 
nos pondrá en estado de apreciar si se ha resuelto 
el gran problema que se propusieron los directores 
de su revolución, y si podrán esperar igual éxito los 
que adoptaren sus ideas en los nuevos países ultra- 
marinos nacidos hoy a la libertad. 

PRIMERO. 

TRANQUILIDAD INTERIOR. 

Para conocer el estado feliz en que se encuentra 
el orden interior de la república, sin que sea pode- 
rosa para alterarle la mezcla de las sectas religiosas, 



(*) Memorias, fol. 00. 



]69 



cujas pretensiones se estrellan contra la neutralidad 
y la estructura de el gobierno basta copiar lo 
que dice un sabio escritor, moderno (*). „ La 
„ calma y la raa^pn, dice, brillan en el len- 
9j gii^g^ d^l gobierno americano, siempre emplea- 
„ do en consolidar los verdaderos y sólidos in- 
„ tereses del pueblo, sin lisongear nunca sus erro- 
„ res y pasiones. No busca apoyos en la supersti- 
„ cion, no se vale de las lucrativas imposturas, ni 
„ de la ridicula gerigonza con que los viejos gobier- 
„ nos de Europa encubren la degradación del pue- 
„ blo. No le acompañan la astucia, el engaño, ni 
„ el misterio. Todas sus acciones son públicas ; pro- 
„ ^mueve los conocimientos y las ideas religiosas, sin 
„ dar preferencia á alguna secta^ ni envilecerlas con 
„ falsedades, útiles á los gobernantes. Es el único 
„ gobierno del mundo que no teme poner francamen- 
„ te las armas en manos de todos los ciudadanos : 
„ t/ desde Maine al Missisipi es obedecido con 
„ prontitud y esmero sin otras armas que la vara 
„ de un alguaciL^^ Los sucesos que el Sr. Egaña 
cita, ocurridos en Pensil vania y el Ohio, para hacer 
ver la imposibilidad de mantener la tranquilidad in- 
terior en las federales repúblicas (+) ; prueban, que 



(*)Wardens, id. (+) Memorias, fol. 10. 



160 

sí hubo discolos, también hubo fuerza^ en el gobier- 
no para contenerlos. Yo creo que dicho escritor no 
confesará que el gobierno unitario de Chile sea in- 
tcompatibie con el sosiego doméstico, porque circuns- 
tancias no bien conocidas hayan obligado á sU omni- 
potrate director á ejercer un » rigor extremado, yie 
«olo puede disculparse cuando un estado absolbto de 
inobedienciaamenaza subvertir la sociedad. Porque ea 
Austria y en Prusia, hayan tenido el emperador y 
el rey que andar á sablazos con los estudiantes, ¿ se 
dirá que el compacto sistema de gobierno de aque- 
llas naciones sea contrario á la tranquilidad interior ? 
Porque los artesanos de Manchester y de Birming- 
ham se alboroten por falta de trabajo, ó porque 
creen que los jornales que les pagan son despro- 
porcionados á sus fatigas, ¿ se deduce que la natura- 
leza del gobierno inglés fomente los tumiñtos y lo& 
desórdenes interiores? 

SEGUNDO. 

RELACIONES EXTERIORES. 

Siguiendo la república anglo-amcricauo los conse- 
jos de su inmortal fundador, desde los dias primeros 
de su existencia política, mantiene inviolablemente 
la paz, guarda la buena fe y la justicia á todas las 
naciones, vive en buena armonía con todas, no co- 
noce las violentas rivalidades, á todas las trata sin 



161 



liones, evita las ocasiones que provocan los insul<> 
tos y "que dan lugar á las quejas y á las discordias, 
sigue constante el plan de dilatar las relacio-^ 
oes mercantiles con todo el mundo, sin dar entrada 
en ellas á las ideas, de la política, cumple con exac* 
titud sfié contratos, procura asegurar su defensa, y 
^robustecer su fuerza,* para contraer útiles alianzas 
momentáneas que la auxilien en los casos extraordi- 
nariofi, y últimamente reduce todo el código de su 
diplomada á mantener la amistad y el libre comercio 
con todo el mundo, sin pedir ni otorgar privilegios 
exclusivos: mirando la generosidad desinteresada de 
laa napiones como una ilusión que la experiencia des- 
acredita, y el noble orgullo repele ; ' ofreciendo al 
mu^do el digno espectáculo de un pueblo lilH'e é 
ilustrado, que én sus relacioiie/s exteriores se con-^ 
duce pof los principios roas puros de la justicia 
y de la benevolencia, haciéndose respetable ¡por 
ello, y por el denuedo con que supo repeler las 
injurias de sus enemigos, y afirmar con las .armas 
sn independencia y libertad. Los tratados que 
ajitttó con Inglaterra, con Francia, y con Espafia,. le 
abrieron la puerta para sus especulaciones ; ! y la 
austeridad de su moral, y la franqueza de su, carác** 
ier le grahgéaron el aprecio y consideración del mun<* 
do civilizado, haciendo apreciable su amistad,; envi- 
diable su fortuna, y temible su poder. 

v 



íes 

TERCERO. 

PROSPERIDAD GENERAL. 

* ^, Jutiicia igual y exacta á todos los hombres, de 
„ cualesquier estado que sean, y cualesquiera que 
„ sean sus opiniones políticas y religiosas :^ paz, co« 
,, niercio, y amistad honrosa con todas las naciones, 
„ sin leutrar con alguna en aliansea gravosa: protec- 
,) cion á la plenitud de los derechos de los estados: 
,, conservación del gobierno general en toda su fuer- 
„ za constitucional, única ancora de la esperanza de 
„ la pafz interior y exterior : cuidadoso esmero en 
„ conservar al pueblo el derecho de elección, cor- 
„ rectivo suave de los abusos, que solo puede cor* 
^, tar la espada de la revolución cuando no se han 
,^ anticipado los remedios en tiempos de tranquilidad : 
„ sumisión absoluta á los preceptos de la mayoría, 
„ principio vital de las república^, que nó tiene mas 
„ tribunal de apelación que el de- la fuerza, verda- 
„ dero principio y causa inmediata del despotismo; 
„ una milicia nacional bien disciplinada, que inspira 
„ confianza en la paz y también en los primeros momen- 
„ tos de la guerra, hasta que se organiza y reemplaza 
„ con la tropa de linea : sujeción de la autoridad militar 
„ á la civil, economía en los gastos públicos, para 
„ no gravar con derechos la industria : exactitud en 
9, el pago de las deudas, y conservación sagrada de 



168 



„ la fe pública : fomento de la agricultura y del co- 
,, mercio, su compañero inseparable : propagación de 
9, los conocimientos, y delación de los abusos ante 
,, el tribunal de la razón: libertad de leligLon; ii- 
^ bertad de imprenta, y libertad individual^ bajo la 
yy salvaguardia del habeas Corpus y del juicio. por 
,, jurados :" son las bases luminosas de gobierno, que 
el digno presidente Jefférson recomendó á los an- 
ylo-«mericanoB, al tomar posesión de la suprema 
magistratura de la república; son los elementos que, 
eomo el mismo dice, ^' forman la brillante constela- 
ción que le ha precedido, y que ha guiado sus 
pasos en un siglo de revoluciones . y de reformas:'' 
son las que inculcó á sus conciudadanos el genio del 
bien, el inmortal Washington : y los mismos, cuya 
exacta observancia, como añade Warden's (*), . <^ ase- 
„ gura la prosperidad, dirijen la opinión, y ani* 
„ man los progresos de la industria y de las luces 
„ con una rapidez hasta aqui desconocida, aunque 
„ con el sacrificio mas pequeño de los derechos y 
„ de las riquezas del pueblo, desempeñando con 
„ puntualidad los deberes, que no les ha sido dado 
,, llenar & los gobiernos mas poderosos." 



(*) fisUdística de los Estados* Uní dos» 



I. 

POBLACIÓN. 



# • 



Y empezando por este regulador infalible de la 
bondad^ ó de la fatalidad de los gobiernos, indicaa* 
te siluro de la facilidad que los hombres tienen pa^ 
ra subeisür, y de la protección que las Inoei, la li- 
bertad, y la indastría reciben de las leyes i los ca- 
•trastros formados en el Norte América nos enseñan 
que el número de habitantes que las colomas an- 
glo^americanas en el año de 1753, época de su 
dependenda á la Inglaterra, contaban con una po- 
blación de 1.051,000 

La cual en el de 1790, época de 
la libertad^ llegaba á. . . . « . 3.989,326 

Y en el año de i8@4r á. .... 12.000,000 
Resultando en el espacio de 36 años 

un aumento de 8.070,674 

II. 

AGRICULTURA. 

Los adelantamientos de este arte precioso han sido 
muy considerables en los últimos Veinte años. Inmensos 
terrenos descuajados, y los principios de la agricultura 
difundidos en la república, animaron sus progresos. 

En el espacio de diez años se vendieron 3.386,000 
acres de tierra á propietarios que las redujeron á cultivo. 



le» 



En el año de 1810 el numero 
total de los que se labraban en to- 
da la república, llegaba á . . • 40.950,000 acres. 

El valor de las tierras y de las 
casas que .en el año de 1799 as- 
cendía á . 619.977,!247 duros. 

En el de 1814 llegaba á . . . 1,631.367,224 

Sin contar los esclavos, aprecia- 
dos en 270.629,737 

Anraento de valores en 15 años. 1,011.089,277 

En el año de 1809 el total de las 
tierras cultivadas, llegaba, á saber: 
las labradas 40.950,000 aeres. 

Jardines y vergeles 11.820,000 

Prados y barbechos 10.800,000 

63.570,000 



En solos dos estados habia el año 

de 1814 : vacas y bueyes, . . . 863,298 

Carneros. 1.410,044 

Caballos . 527,570 



2.800,912 



166 

Importe de las tierras incultas vendidas á particulares. 
Años. Duros. 

1796 4,836 

1806 765,245 

1815 i:287,959 

Los productos de la agricultura se demuestran cote- 
jando el importe de ia extracción de algodón y el 
de sus principales artículos en dois años. 

Valor 

Artículos. Años. . 

en duros. 

Harina y trigo, en. . . 1803. . 9.310,000 
Id. en 1802. 17.000,000 . 

Arroz, en 1805. . 1.706,000 

Id. en. ; 1813. . 3.021,000 

Tabaco, en . . . . . 1770. . 4.050,000 
Id. en 1812. . 9.230,000 

Algodón, en. ... . 1802. . 5.250,000 
Id. en 1812. . 22.627,614 

Madera de toda especie. 1770. . 686,588 

Id. en 1812. . 3.381,349 



167 



CeniíW, en 177Q. . 2S0,000 

Id. e». . i 1812. . 1.967,243 (*), 

Producto anual de la agricultura. . 511.000,000 



III. 



MANUFACTURAS. 

Las leyes restrictivas de las aduanas de Europa, 
unidas á la guerra con Inglaterra y al sabio sistema 
mercantil de los anglo-americanos, dieron un gran- 
de impulso á la industria. 

El producto anual de las manu- 
facturas se estimaba el año de 1810 
ea . 198.613,430 duros. 

En el año de 1806 en , . . 818,000 



En el número de los artículos 
que forman estas sumas, entraron 
los de lana, algodón, lino y cáña- 
mo, en 1812, con 39.497,057 duros. 

En 1806, con 536,000 



(») Mr. Wardeu's Statistique of the United States, and Mr. 
Pkkin's Statistical Víew of the comraerce of the United States. 



íes 

En li<^ores destiladoi, en 1818. 16«&S8;i07 

En 1806 . . 630,000 

En manufacturas de cuero y 

pieles, en 1818. 17.935,477 

En 1806 276,000 

En id. de hierro, en 1812. . . 14.364,526 

En 1806 132,000 (♦). 

Los obrages emplean cada año, 71000,000 duros* 
Lanas y materias primeras, por 

valor de que la industria eleva á. l9J)O0fiOO 

En ellas se ocupan perennemente.* * 50,000 person . 

Y accidentalmente 50,000 id. 



IV, 



COMERCIO. 



Los progresos de este ramo de • industria, han si- 
do tan rápidos y grandes que no tienen ejemplo. No 
solo las ventajas naturales del pais influyen en ellos 



(♦) ídem. 



tm 



n^ino los reglamentos llenos de libertad. Las mercan* 
cías giran en toda la república sin pago de derechos, 
y las de producto nacional gozan premios á la ex- 
tracción. Las especulaciones marítímais y comerciales 
se hacen con mas economía que . en otras partes. 
Los aranceles son sencillos 7 no se resienten del es- 
píritu de monopolio y ayaricía que los de las demaa 
naciones. 

A este sistema deben los anglo- 
americanos el que en el año de 
1819 haya llegado el sistema de 
exportación de géneros propios á 

De los extrangeros á 



68.3185500 duros. 
19.358,069 



Suma. 



87.671,669 



Calculando el valor de las intro- 
ducciones por las del año de 1801^ 
y rebajando los 19.358,069 de las 
extracciones de los géneros extran* 
geros, el total movimiento mercan- 
til de la república llegará á . . • 

Guando en los años anteriores á 
su libertad no excedia de. . . . 

Siendo el importe de las intro- 
ducciones de 

Y el de las extracciones de • . 



179.677,008 duros. 



27.379,266 



13.117,066 
14.262,200 



170 



V. 



i. 



BANCOS, CANALES Y CAMINOS. 



Noventa y ocho bancos con un 
capital de. ......... 48.081,850 duros. 

30 canales y mas de 70 caminos, abiertos todos desde 
la época de la independencia y del gobierno republicano 
federativo^ facilitan los transportes, favorecen las transac- 
ciones comerciales, y dan acción á las especulaciones 
lucrativas de la industria. 



VI. 



CORREOS. 

Una de las pruebas menos contestables de los 
asombrosos progresos que han hecho el comercio y 
las luces en la república anglo-americana, debidos al 
influjo de su gobierno, nos la ofrece el aumento que 
en diez y seis años han recibido '. las oficinas de 
correos. El total de las existentes en el año de 1800 
era de 900 

Y el de las que habla en 1816 de. . 3,260 



Aumento. . . . £,360 



ITfl 
. Vil. 

ILUSTRACIÓN. 

Los cuidados gloriosos del gpbierfio general y de 
los pariácoJares de cada proyincia han dado mas fe- 
lices resultadps que Ips .que produce, el. monopolio 
literato. Ademas de la . inmensa multiplicación de 
las escuelas primarias, debida á sus esfuerzos, se crearon 
desde el año de 1809 veinte y cinco colegios y se- 
tenta y cuatro academias, que difunden las luces hasta 
el punto que nos descubre el número de los perió- 
dicos, que llega á 500, y á 250,000 el de los ejem- 
plares que se imprimen cada semana; habiéndose 
extendido el gusto á su lectura .basta . el grado que 
manifiesta el de. los que.se dan á la luz pública en 
cada estado, á saber: 

Número 

JEstodos* j ^ " j» 

de pertodtcos. 



> 



En Massáchusets». . • 12 

New Hampshire. ....... 38 

Rhode Island 7 

Vermont 14 

New York 66 

Pensilvania • . • • ' 71 

Delaware 2 

Marjland . . .* 21 



173 

New Jersey 8 

Virginia. 24 

Ckinnecticut. H 

Noith Garoline. ....... 10 

South Garoline ; . . 10 

Tennesse 6 

'Geofgia • • * 13 

Oiiio U 

indiana 1 

Territorios* 

^Colombia ............ á 

Orieans. .«.«.....« 10 

Laisiana • 1 

VIH- 

DEUDA PUBLICA. 

La de la nación anglo^americana 
ascendia el año de 18S4; á. • . . • 81.000,000 duros. 
En el de 1816 llegaba á, . . . 183,630,060 
Se amortizaron en 8 años, . . 4fi.630,000 



17^ 
IX. 

GASTOS PÚBLICOS. 

¿Pero tan ventajosos aunientos en la pTQ^perídad 
general se han conseguido á costa de .8aiO(ifi0Ío& per 
cuniarios proporcionados á su inmensa .magilitiifl? Re* 
cordando el principio ,, de que aqxiei gobierno es ng^or 
que á menos costa proporciona mayólas resultados/' 
convendrá Y. conmigo en que si los gastos fiublicos^ 
sobre todo, los que se hacen por manos del gobierno 
g^ieral de la república anglo-ainerica&a, están cedúci- 
dos á la menor expresión, ascendiendo al grado mas 
sublime en la escala de los beneficios, el goce déla 
libertad, de la tranquilidad interior y «clerior, jr el 
aumento de los miedlos de enriquecerse,, se sacará 
una consecuencia exclusivamente favorable á el gobierno 
federativo, que tamaños bienes produce con pequeñas 
privaciones. 

El importe de los gastos ordina*-^ 
rios de la república anglo-amerí-* 
cana en el año de 1834 ái8S5, 
con indusion « del pago de la . . 
deuda, ascendió á 16j0Q0,00O duros. 

El délos gobiernos provinciales á 6.000,000 



Total. . . 22.000,000 



•di**i 



174 



Si rebajamos el de la deuda, ten* 
dremos que los gastos de la repú- 
blica en el ejército, armada, lista 
civil, y en todas las obligaciones 
municipales interiores, no habrán 
excedido de . ...;.;.. . 120.000,000 

Aunque 11^^ á 21.000,000, , el total valor de las 
rentas y .contribuciones, el exceso se ba invertido 
en' objetos otiles á la nación, aunque de naturaleza ej> 
traordinaria'. , . > i ' 

Pero qué mucho, amigo mío, que esto suceda, cuando 
las dotaciones, y consumos de los empleados del gobier- 
no federativo de ;los flstados Unidos, era en el año de 
1816 el que señala la' nota siguiente ? 

Numero de 
empleados* 



Objetos. 



Congreso nacional • r . . 

Senado 

Presidente y vice-presidente. 
Secretariade estado . • . • . • . 13 

Id. de hacienda 9 

Id. de guerra con sus depen- 
dencias ....... 37 

Id. de marina 29 

Tesorería general 7 

Contaduría general • . • . • 37 



Importe de 
hs gastos. 



9,100 duros: 

9,250 
30,000 
13,646 
19^10 

44,775 
29,230 
8,950 
15,248 , 



- 175 

Oficina de tierras nabiooales .14 . • 15^^60 
Casa de moneda ..... 14 • . S3^5 
Comisarios de las rentas. • • 11 . • 12^710 

Archivo general 14 . . 18,506 

Auditores . 18 . . 19^686 

Oficina de reclamaciones • . 2 . . SfiQO 
Id. del comercio de India • . & • . • 6,760 
Comisarios de préstamos. • . 16 . . 4,000 
Correos. Oficina general. . : 26 . . 25,800 
Poder judiciario general. Tri- 
bunal supremo ..... 9 • • 10,^^00 

Cuerpo diplomático. — 6minis« 
tros con 9,000 duros cada 
uno, y 9,000 de gratificación 
á todos : 6 secretarios con 
2,000 : 4 cónsules generales 
y 3 subalternos. .... . . 87,000 

Comisarios de límites. ... 5 . . 19,333 

Aduanas 98 . . Tienen suel- 
dos proporcionados al importe del comercio que se 
hace en las plazas donde residen, desde 150 á 7,000 
duros. Los principales disfrutan los siguientes sueldos. 
El de Georgia. .... .. 7,263 drtros. ' 

El de Filadelfia 5,000 

El de Nueva Orleans . . . 5,000 
El de Norfolk. ..... ^,000 

El de Boston t 5.000 



me 



El ciudadano Galatin (*) en el discurso que. 
gió i Laffayete cuando su arribo á éí condado que 
llevaba su nombre, descubre en pocas palabras el 
estado actual de - la república anglo-americana*. • . • 
,, En et espacio de cuarenta años, dice, .se encwn- 
,, tra en toda su madurez, sosteniendo un rango 
„ distinguido entre las naciones, sirviendo de asilo á 
„ los oprimidos en todos los paises y en todos los 
„ partidos, y liabiendo llegado en tan corto plazo 
„ ¿ un grado de prosperidad de que na ofrece 
„ ejemplo la historia* Sus aldeas se han convértí- 
,9 do en ciudades populosas, sus bageles cubren los 
„ mares, nuevos estados se levantan como por encan- 
„ to en medio de los desiertos, sus progresos en las 
„ artes y de poco acá en las ciencias, caminan á la 
„ par con los de su riqueza territi^ial y su pobla- 
„ cion triplicada. Nuestros enemigos nos amenazaban 
„ con que la unión desaparecería y se ha visto á 
,; trece estados renunciar una parte de su sob^anía 
^^ para dar al gobierno central la fuerza necesaria 
„ paia Ja defensa común, rasgo de saUduría y pa- 
y, triotismo nuevo en la historia de lasi naciones... 
„ Esta prosperidad de que gozamos es fruto de 
„ nuestras instituciones libres, las cuales han pues- 



(♦) Revue Enclclopédique tota. 30 fol. 16. 



177 



,, to á cubierto de todo ataque los derechos imptc^S'^ 
,, criptibles del hombre, asegurando la libertad de 
,, coflbcieiicia, la de manifestar y publicar sus opi- 
,, ñiones, y la del egercicio de sus facultades perso- 
,9 nales; y han reducido la acción del gobierno á 
" „ -sus cotos legítimos, protegiendo á los ciudadanos con- 
,, tra las pasiones, y á la confederación contra la agre* 
„ sion extrangera. Los funcionarios del gobierno 
„ han recábido aquella parte de la autoridad que es 
„ necesnia para el logro de este objeto. En este 
^, -■■ pais se puede decir con exactitud que reinan las 
„ leyes. 'El gobierno representatiTO existe bajo I91 
„ forma mas sencilla, apoyada sobre el voto uní ver- 
9, sal y la franqueza de las elecciones: el riesuUado 
9, está á la vista de todos, y no se han experimea- 
„ tado los inconvenientes que se creen inseparables 
9, de los gobiernos populares. • 

„ La religión ha- conservado su benigna influencia 
„ en medio de una absoluta libertad de conciencia 
„ y dé cultos, habiéndose roto del todo el lazo im- 
„ pío del sacerdocio y «del imperio: la púUica. tran- 
„ quilidad no ha sufrido alteraciones, y ni «la liber- 
„ tad individual ni el derecho de el habeas corpus ha 
„ sido suspendido una sola vea». La libertad ilin|i- 
'„ tada de la imprenta lejos de entorpecer los pasos 
„ del gobierno no ha disminuido su fu^erza, ni para- 
„ lizado su marcha. El sufragio universal ha res- 

Y 



rí& 



„ pondido á tas elecciones genéralmeiite populares. 
,, En [estas, aunque frecuentes, no se ha notado 
,, la menor conmoción; y. en el nombramiento 
„ de los snpremos magistrados la decisión consiitu- 
y^ cional fae recibida con una inmediata sumisión, 
,, aunque se haya procecUdo en ella con la ener- 
„ gia propia de hombres libres, y aunque la prensa 
„ haya inflamado sin cesar los ánimos. 

„ En esta nación toda la autoridad emana de el 
„ pueblo, y todo se hace por él. Confesamos con 
„ vanidad que nuestros diputados jamas' han abusa- 
„ do de las facuhades que se les han otorgado. Eu 
„ nuestras relaciones exteriores, aunque el gobierno 
„ hb sostenido nuestros derechos, ninguna nación se 
„ ha podido llamar ultrajada- por nuestras acciones, 
„ y en nuestro gobierno interior, al paso que las 
„ leyes se ejecutan con la mayor imparcialicieul,' no 
„ se puede citar caso en cuarenta años de que un 
„ ciudadano baya sido perseguido ni oprimido." 

Si faechando por un momento la vista sdbre las na- 
ciones europeas, cotejamos su situación coa la de la 
república anglo-americana, sin olvidar las ventajas 
que aquellas tienen por la a^igüedad de sú ejSsten- 
cia, por la posesión de las luces, y por sus relacio^ 
nes, . cuando los compañf^'os de Washington tuvieron 
que hacerlo todo nueVo, empegando por asegurar su 
existencia política; deduciremos resultados que por 



n» 



ani^rgttf faaqeo poco favor á ios siskmias oPiisoU4^ 
dog« , 

C¡ii. ef^^cto, la política europea, ti^i incierta y \^cu 
tKnte como las pasiones, los errores y hasta los inte- 
reses f}e las familias que dirijen las naciones <;i$atiántifign^ 
t^a suscitado, y JD;iaiitenidp guerras desoladoras, con las 
qsi9^lps sin utilidad propor4[»ona(da ¿ los sacrificios, ¿a 
consumido la sustancia de las genecaciones coetáneas^ 
y. d^ las xnas remotas. Ein la época en que el Ñor- 
terAn^érica. disfruto de una tranquilidad iualterajble, sin 
dar zcios é las vainas, ni á las lejanas potencias, dila- 
tando ^\is límites, y con ellos la erfer^ de sus recursos, 
por medio de convenios amistosos, muchos de Ujme^ 
pueUos europeos pasaron de manos de sus viejos 
señores al imperio. republicano, para someter^ lu9go 
al mAndOk d^ un intrépido conquistador, y volver fA 
fin á. la 4e{>^ndenpia á» su» antiguos gefes, levantan* 
do con su caidft y Ci9n la fluctuación de sus etfuer;iKMB 
entre 1a libertad y la opresión, un coloso qu^ desde 
los hielosi d^ norte amenaza al mediodía, y maiitie'- 
ne la agitación y . el miedo en los que inutili^rian 
los. tiros de su ambición con dar a los pueblos la li'^ 
beartad que les corresponde y que infructuosamente 
reclaman. 

Mientras el sosiego interior, la concordia* y la pros- 
peridad se anidan entre Iqs an^o-americanos, porque 
la sabiduría de sus leyes^ protectoras de los derechos 



i82 



decorado con los despqds de su fortuna, de su honor 
y de su dignidad. 

TERCERO. 

- Que mientra» los anglo-americanos, merced á au 
bien cftlculada politíca, en . la paz aseguran su inde«' 
pendencia con solos 6,000 soldados ; en la misma época 
Rusia, Prusia, Austria, Francia é Inglaterra nos ofre- 
cen el horrible espectáculo de 1.900,000, y las deams 
potencias el de 560,000 combatiente, que puestos mo^ 
bre las armas cuando nadie provoca \a guerra^ ame^' 
nazan al mas débil, y están dispuestos á caer sobre 
el pueblo que desgraciadamente se atreva a reclamar 
sus derechos. 

CUARTO. 

Que mientras la república anglo«>americana llora lá 
pérdida de solos 13,506 individuos, que han muerto 
ó se han inutilizado en la única guerra que ha t^ 
nido deftde que aseguró su libertad é independencia ; 
Francia é InglateriB, en igual espacio de tiempo, han 
snfñdo la diminución de 420,000 hombres, sacrificados 
en las contiendas que mantuvieron entre sí dichas na* 
clones,' según el cálculo de un sabio y distinguido 
patriota americano (*). 

(*) Ensayo político de) sistema colombiano, por Don 
«Vicente R^cafaerte, fol. 197. 



ik 






188 



QUINTO, 

Que mientras los anglo-americanos cubren todas las 
obUgaciones generales ó particulares de su gobierno 
con. .......... 16.000,000 duros. 

La Inglaterra invierte en tas pri* 

meras, sin conitar 36.000,000 

que gasta en el socori^ de los 

pobres, y BOMOfiOO en la 

manatencion del cttKo británico. 8SS.666,795 
Francia, sin contar lo que Cent' 

sume en las atenciones munici- 

cípales 150:000,000 

Portugal. 9.000,000 

Espada 30.000,000 

Pru»i« 40.000,000 

SEXTO. 

Que la deuda actual de la república anglo-amerícana, 
contraída para aseguriur su libertad y dilatar sus límites^ 
por medio de compras, asciende á. 81.000,000 dui:os. 
Al paso que la de Inglaterra llega á 4,lS9«9S2,4gO 

La de Austria á 332.000,000 

La de España á. ...... 900.000,000 

LadePrusiaá. ...... 144.073,686 

La de Ñapóles á 179.405,000 

I^ de Rusia á . 252.750,100. 



184 
SÉPTIMO. 

Y finalmente, que al influjo de sus benéficas le- 
yes, deben los anglo-americanos el que el importe 
actual del comercio de importación sea igual á la 
tercera parte del de Inglaterra : el que la saca 
de granos y harinas ascienda- á la mitad de la que 
hacen las antiguas naciones del Báltico : que los pro- 
ductos de su industria manufiícturera llegue ya á la 
rigésima 'de los de la británica : y que el número 
de toneladas de sU marina mercante^ sea inferior á 
la inglesa en solo la cuarta parte. 

Todos estos datos nos demuestran : primero, las 
ventajas del sistema federativo : segundo, que ' no 
presenta los yidios que se le atribuyen : y tercero, 
que para su perfección no se necesita, como supone 
el Sr. Egaña, igualdad de población, de riqueza s^ 
de fuerzas, de religión y de costumbres: cuarto, que 
iio da lugar á desórdenes, ni tiende á la insubordi- 
nación : quinto, que tiene bastante vigor para desem- 
peñar sus objetos : y sexto, que lo hace cumpli- 
damente con pequeños sacrificios pecuniarios. ¿Y si 
tan felices resultados produce el federalismo republi" 
cano entre los anglo-ameriq^nos, por qué no esperar- 
los mayores en las naciones hispano-ámericanas, en 
donde la identidad de los hábitos y de la religión 
de sus habitantes, y las inmensas riquezas que pro. 



185 

ducen los terrenos que les cupieron en suerte, pro* 
meten un éxito mas rápido y mas completo? 

No se diga que el carácter nacional opone resis* 
tencias al logro de la idea. Los hispano-amerícanosi 
desde que lanzaron el grito de la libertad, no han 
abandonado el tema, aunque algunas veces los revé*' 
8e8 pudieran haberlos acobardado : y en el espacio de 
quince años, que ha ducado la guerra, apenas yimos 
una defección ni una alevosía en los caudillos y ge* 
fes encargados de conducir la empresa de la emaa-». 
cipacion : resultado que basta para hacer ver que 
están dotados de un carácter firme y á propósito para 
consolidar su libertad, y para dar á sus repúblicas 
Ja perfección de que son susceptibles. 

Dejémoslo aqui apiigo mió, y hasta otro correo en 
que daré fin á mi correspondencia: mande Y. á su 
b£bv9 amigo Q. S. M. B. X. 

FUadelfia, 
15 de Enero de 18S6. 



carta' IX. 

BREVES OBSERVACIONES SOBRE LA CONSTITUCIÓN DE 

CHILE. 

Mi aprcciaUe amigo: ai el Sr. Egafía se hubiera 
limitado, en sns memorias políticas, á manife^r.los 
d^ectoa, que según él, encierran las constítuciantís 
federales, y las utilidades de las. consolidadas ; ten* 
dría derecho á la tolerancia^ porque su notorio pa« 
triotismo,, m^ luoes^ y Ja .posición que. ocup9i enljpe 
sus cQuciudadaups. ]0 autorizan, para publicar sub opir 
niones ; pero que después de haber examinado las 
formas de. todos Ipp gobiernos hasta aquí conacidos, 
quiera hacer pasar por un dechado de perfecciqn 
la origf^alísima constitución de Chile, es lo mas 
lastimoso, y lo mas digno de censura. 

Aseguro á Y. con la sinceridad que forma mi ca- 
rácter, que la vez primera que leí dicha constitución, 
llegué á persuadirme que los defectos que en eUa 
notaba, nacian de no haber penetrado bien su espí- 
ritu, atribuyendo á la cortedad de mis luces los 
contraprincipios que mis cortos cpnocimientos me hi« 
cieron hallar en esta producción del patriotismo chi- 
leno; pero las memorias políticas, y el exámeu 
instructivo de la referida constitución, obras ambas 



18t 



del 9r. Egafía, me han conyéneido de que los defeis- 
tos que en elia ádrie^o, no son híjog de mi ig« 
norancia, sino de las imperfecciones de ¿a base. Las 
tiene itmy notables, y con el fin de acreditárselo á 
y. y de evitar los extravíos que puedah causar en 
k opinión pública la autoridad del Sr. Egaña j el 
prestido que le acompaña como letradb, como le- 
gislador, y como senador, empeñado como lo está en 
sobreponerla á la que trazó él célebre Washingtoo, 
me pemnithrá V. hacer unas breves y sucintas «i1}sér* 
yaoiones Kobte eke monumento, acaso único en sa 
ciase; Compilación de máximas desacreditadas por la 
experiencia, y arca, poco misteriosa á la Verdad, de 
un depotismo disfrazado á medias con el nombre de 
repúbtíca^ 

PRIMERO. 

Estoy seguro de que los hispano«-americános al 
sacudir el yugo de la metrópoli, solo trataron de hacerse 
independientes y libres, y de asegurar su prosperi- 
dad ; porque para no lograr tan nobles fines, sobre 
vana, les seria atroásmente perjudicial la revolu- 
ción. Trataron, pues, de llevarlos á cabo, y aunque 
el Perú, Colombia y Buenos Ayres, acomoda- 
ron á sus respectivas necesidades las formas guber- 
nativas mas conocidas ; Méjico y Goatemala, conven - 
* cíflos de que la experiencia y los resultadoís de los 



188 

ensayos modernos eran la guia nms segura para dí- 
r^ir sa mapa ; dejando en un santo reposo á las re* 
públicas antiguas ; dando incienso 4 los manes res- 
petables de Licurgo, de Platón y de Aristóteles ; y 
cubriendo de flores los nombres de los políticos 
griegos y romanos ; rindieron su dócil obediencia ¿ 
la consumada sabiduría de Washington, haciendo el 
sacrificio de su adoración sobre las aras que el genio 
de la libertad ha erigido en honor de los seres pri- 
vil^iados, que en el siglo XVIII ronípierou la 
benda fatídica que cubria los ojos del mundo, con- 
duciendo al Norte America, la luz benéfica que ha 
de afirmar al cabo el imperio de la razón y de la 
verdad entre los hombres, á despecho de la igno- 
rancia y del despotismo. Solos los chilenos, abando- 
nando los tipos antiguos y los modernos, formaron 
una constitución nueva, que en nuestro dictamen no 
llena los votos del pueblo. 

SEGUNDO. 

Partiendo del supuesto triste de, no haber '^ como 
„ dice el Sr. Egaña, en esta parte de América, ele- 
„ mentó alguno para formar pueblos soberanos ; su- 
„ ficiente número de hombres instruidos para las ma- 
„ gistraturas legales y fiscales; geniotf directores y 
„ creadores de un sólido espíritu público, que abor* 
„ reciendo la tiranía y el desenfreno, fijaran la 



l^p 



^, o|«BÍ6n en un punto necesario^ :para;que la jmódem-» 
,y cíún y las virtudes, condujetañ el pueblo á . su 
9, pro8péfidad(*) :!' en uña palabra, contando con 
un pueblo i tan mal dispuesto, como' el Sr. £ga&l dioet 
estaclo el de Cbile para recibir huenaá formas 
políticas, los legisladores Ib hicieron pasar de tín 
golpe, bajo las influencias de un gobierno que 
requiere todas las' circunstancias y todas las virtudes 
de que se halla desnudo el chileno, convirtiéndole 
de monáxquico en republicano (f), 

TERCERO. 

\ 

A una nación desprovista, según se ve^ de todas 
las cualidades absolutamente precisas para recibir 
las impresiones bienechoras de la libertad, se le hizo 
recibir por lev la máxima de que la soberanía resú 
de esencialmente en ella^ y el egercicio en sus re' 
presentantes. Máxima cuyo valor, á lo que se infiere 
de lo referido, no es capaz de conocer, y que inserta en el 
código, servirá solo de muestra de la ilustración de 
sus redactores. ¿Y un pueblo sin espíritu público, " 
sin directores de la opinión, y sin capacidad para ma* 
nejar sus intereses domésticos, podrá penetrarse de la 
importante trascendencia de la máxima que se le inculca, 
tan fecunda en útiles resultados cuando está bien 

-_ ■ _ ■> — — I — ■ -^ _i 1 1 1 1 ■ i ^. 1 1 I -I i Ji ■ I I J III m^ II I' ■ ^ I ■ ,1 ■ I 

(*) Memorias poh't. fol. 39. (f ) Art. 1 de la conUituclon. 



190 



eiitiaidida, como aimndosa en daflos, cuando la igiMyan- 
óa, sdbre sa verdadero BÍgnifieado, acompaña á los 
foc '^«bea disfrutar su influencia, ó reducir á la 
plfábtica suB atributos? i V qué juidb foimaié el 
m^uido del carácter de los que hiúbiendo conocido la 
Akiguna pvepamcioh del pueblo de Chile, le han 
comprometido en una lucba qué no puede tener 
buena cima, cuando el que la há de sostener no co» 
noce kM», móviles que la proihuevieh, el derecho coii 
que se , emprende, y las ventajas con cu jos alicientes 
se mantiene ? 

Sin duda los legisladores, conociendo esta desven- 
tajosa posición del pueblo chileno, al paso que pro- 
curaron hacerle aparecer con igual soberanía que 
á los demás de Aínérica, eligieron una forma de 
gobierno, que dejándole con una soberanía tan no- 
minal casi como la que los rejes de España égerzen 
en Flandes j el Tirol, y lé6 de Francia én Inglater- 
ra y Navarra ; se refundiera todo el podet en manos 
áél direcior supremo y del ^enado^ resultando una 
repúbiíta en el nombré, tan uiiítaria, como que los 
representantes de la nación forman un cuerpo de 
ciónsültá para dirimir las disputas que se promueven 
sobre la parte mas sublime del gobierno, entre los 
que sé han abrogado la facultad de decidir de la 
suerte de la nación, sin contar con su voluntad : en 
una palabra, erijieron un gobierno republicano^ en el 



TM 



cual^ á pretexto de eyrtar el despotismo nacional^ se 
sometió el pueblo al régimen de wm oligarquía po^ 
pular. 

Tal es, amigo mió, la estructura de la república 
de Chile, producto del melindroso desden á las luces 
europeas j á las Americsu^ias, de que hace . alarde el 
8r. Egaña,; y este el. modelo de perfecciones que 
dicho escritor nos: pseaenta para eclífisar l^- gloria 
inmacee^bte del q^e nos deja WafifhiogtGO* Si I^ankr 
lin arrebató el cetro á los tiran<^S) y el raya s^lincar 
sador á las deidades i los d¿rectox;e&^ de la r^voli^cion 
cjúlena^. al; separar á su pais dql mando de la pen^n'- 
sula, pueden yaaiagloriarse de hablar puesto en mat 
nos 4e].. puí^lp una frágil cañaheja, símbolo de fií; 
poder soberano, concentranda en. las del gefe^supi^mo 
y de nueve senadores el Ueno de la. autoridad. . Jifas 
para que no. se fie Y. en mi palabra voy. á hacer ánX, 
una lápida descripción de esta repáblica. 

El gobierno de Chile se. desempeña por medio ' de 
los tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial.: 



192 
PRIMERO. 

PODER LEGISLATIVO. 

Se divide en dos cámaras. 

PBIMERA* 

Cámara de consultores. — Este nombre tiene la de 
los representantes del pueblo en una república. Son 
cincnenta, y no pueden pasar de doscientos : los elie 
ge el- pueblo en las asambleas departamentales de 
distrito y municipales. 

Para ser consultor^ ademas de la cualidad de ciu* 
dadano, se requiere la de benemérito : calificación que 
exije minuciosísimas circunstancias ; las cuales^ ofre* 
ciendo la idea lisongera de asegurar la idoneidad^ 
estrechan el círculo de ios candidatos, y centralizan q 
mejor diré, monopolizan de tal modo las elecciones, 
como que el senado, el director supremo, -y los con- 
sejos departamentales abren ó cierran la puearta del 
nombramiento, pues que solos ellos declaran los bene- 
méritos. 

Del número de los individuos que forman las asam- 
bleas electorales, se excluye la mitad, y el resto hace 
la elección de los consultores entre los que indi- 
ca la lista de beneméritos que le dirige el poder eje- 
cutivo. 

Los consultores pasan á la capital, en donde se 
reúnen cuando el senado ó el director los llama para. 



198 

dirimir alguna competencia snsciiada entre etlon so* 
bre el pase de una ley: reduciéndose las funciones 
de estos diputados en simulacro ^, á ser, como dice 
,9 el Sr. Egaña, conciliadores^ é iris de paz entré los 
9, choques del gobierno y el senado (*).*' 

SEGUNDA. 

El Senado consta de nueve individuos elegidos 
como los consultores. Duran en su oficio seis años» 

SEGUNDO. 

POUER &JECVTIVO. 

Reside en un director supremo^ nombrado por el 
mismo orden que los consultores. Dura en su cargo 
cuatro años. 

TERCERO. 

PODEB JUDICIARIO. 

Se desempeña por . un tribunal supremo^ otro de 
apelación, los jueces conciliadores, los jueces prác-^ 
ticos, y los alcaldes. 

El Director nombra los jueces de primera instan- 
cia ; las juntas electorales los del tribunal supremo 
y de apelación ; y las mismas y los consejos depar- 
tamentales los alcaldes. 

Hay jurado solo en los pleitos de comercio. 



(*) Meikiorias, fol. 90. 

2 A 



IM 



CUARTO. 



I 



GOBIBRNO INTERIOR. 

El de cada departamento está al cargo de un 
gobernador político y militar que nombra el direc- 
tor : de subdelegados que este elije, á propuesta 
del consejo departamental: y de prefectos é inspec- 
tores nombrados por los subdelegados, con aprobación 
del gobernador. 

El consejo departamental se compone de uo vocal 
por cada distrito, nombrado en las asambleas popu- 
lares. ^El cargo dura tres años, y sus funciones 
cerca del gobernador son las que designa el nombre. 

Los ayuntamientos se erigen en los pueblos en que 
el director lo tiene por conveniente. Los regidores 
los nombran los consejos departamentales, con apro- 
bación de los gobernadores. 

QUINTO. 

• f 

DE LAS FUNCIONES DE ESTOS POJ)£RES. 



PRIMERA. .'. 

Cámara de consultores. 

Es una asamblea momentánea, que se reúne cuan- 
do el senado resiste la ley que le propone el ¿t- 
rector supremo, ó cuando este se opone á la que 
aquel ha sancionado. Solo se d^n á los diputados 



196 



veinte y caatro horas parn reunirse desde que se pro* 
nuncia el veto, y tr^s días para enterarse de sus 
fundamentos, y para decidir si debe 6 no debe san- 
cionarse. Los diputados no pueden ampliar los tér- 
minos de la ley ni modificarla. En el caso de su 
reunión, no lo hacen todos los cincuenta diputados, 
porqué se rebaja la mitad por suerte : de modo que 
solos veinte y cinco dan el que el Sr. Egaña llama 
[fallo á sentencia nacional: y yo apellidaré asesoría 
forzada de unos peritos, á quienes se les ata las ma- 
nos, y se les da hasta el tono de la vo2 con que 
deben dar su opinión, 

SEGUNDA 

Senado. 

Es cuerpo legislativo permanente, dotado con las 
facultades generalmente atribuidas á esta reunión. 
Ademas tiene : primero, la de poner, el veto & las 
leyes que le propone el director: segundo, reúne 
muchas de las facultades que corresponden indispu* 
tablemente á los diputados, y al poder ejecutivo : 
tercero, recorre por medio de los senadores las pro- 
vincias, para conocer el estado de la administración 
pública en ellas, y hacer las oportunas propuestas : y 
cuarto, tiene la iniciativa de las leyes en dos ¿pocas 
cortas del año, una de ellas cuando reúne los datos 



196 

necesarios para formar juicio de la conducta del 
gobierno á fin de proponer ante él las reformas 
oportunas. 

TERCERA. 

w 

Poder ejecutivo. 

Tiene las prerogaiivas qne te reconoce los gohieriios 
libres, y ademas : primero, nombra unos empleos con 
dictamen del senado^ otros con el del consejo de es- 
tado, y otros libremente : segundo, tiene la iniciativa 
de las leyes al senado. No debe hacerla sin previo 
dictamen del consejo de estado, que se compone de 
un eclesiástico, un gefe militar, dos ministros del su- 
premo tribunal, un inspector de rentas y dos directo- 
res económicos. 

Si el senado aprueba la propuesta, queda sancionada 
la ley, y si no, la devuelve con sus ilustraciones al di« 
rector, el cual sino se aquieta, la devuelve con nuevas 
observaciones, y si el senado insiste en no aprobarla^ se 
llama á los consultores (diputados) para que decidan 
la duda. 

CUARTA. 

Poder judiciario. 

Falla los pleitos, con inhibición del director supre- 
mo y de sus inmediatos agentes. 



» >■ 



19T 



QUINTA. 



Gobierno interior. 



Le desempeñan absolutamente los gobernadore» 
políticos y militares de las provincias, á quienes el 
Sr« Egaña lluma representantes del direetor supremo 
que los^. nombra, j los cuales se valen de la inter<- 
vencíon de los representantes provinciales que com* 
ponen el consejo departamental, lo mismo que el 
supremo director lo hace con los diputados para el 
egercicio de sus funciones. 

SEXTA. 

Libertad de imprenta. 

Finalmente, hasta las garantías de la libertad pú* 
blica^ que en todos los gobiernos bien constituidos 
hallan apoyo en la imprenta, reciben en Chile di 
barniz de la originalidad de su constitución. 

¿ A un pueblo al cual se' le coarta del modo que 
se hace. en Chile, la facultad de hacer por sí mis- 
mo las leyes que deben gobernarle, se le sujeta al 
mando discretivo de solos diez hombres que le eger- 
cen sobre 1.500,000 habitantes: se le obliga á 
elegir sus representantes entre los que estos mismos 
diez mandatarios le aseguran ; ser dignos de la con- 
fianza ; se te obliga á sufrir una especie de inquisi* 



m 



cion monacal sobre su moralidad, objeto de las visitas 
provinciales de los senadores : se le despoja del derecho 
de elegir sus alcaldes y gobernadores municipales ; y 
por último se le sujeta al mando de gobernadores 
políticos y militares^ no debía dejirs^e Ubre el 
pensamiento ? En efecto, los lagisladoies proclakna- 
ron • como base de la república W mioleranciu re- 
ligiosüj que tanto agrada al Sr» Egaña, y sujetaron 
la imprenta^, que se dice libre^ al fallo de un tribu- 
nal, y á la censura previa de un consto literario 
de hombres ilustrados que reciben su nombramieiito 
de la cámara de consultores. El tribunal falla los 
delitos cometidos en la imprenta, entre los cuales se 
hallaren las calumnias, y las discusiones sobre la 
disciplina religiosoj y la moral que generalmente 
aprueba la iglesia católica: y el consqjo ejuamina 
los escritos antes de sü publicación, ad virtiendo al 
autor los errores que en su dictamen oontíenen* En 
su vista puede evitar la impzesion, ó vindicarse en 
un juicio público, especie de^ certamen académicQ, ó 
imprimirla con sujeción al fallo del tribunal ^roteo^ 
tor de la libertad de imprenta. 

Si comparamos esta singular estructura de gébier" 
no formado para un pueblo liscmgeado con el nom- 
bre de libre y soberano, cuyo significado no cono- 
ce, según la pintora que el Sr. Egaña nos hace del 
atmso de su civilización, para una natíon compuestíi 



199 



de 1.500,000 hi^bit^ntes dirijidos é influidos por botn- 
bres que aspirando á obtener la patente de invento» 
res poltijíces^ han construido un . e4ificio social con 
forniQs, que ni; son romanas, ni grieg&s^ ni godas, 
ni árabes, ni republicanas al estilo de la edad pre- 
sente, y mvan con un lastimoso desprecio las luces 
europeas y americanas (^) ; y si la cotejamos con la. 
qtie nos ofrecen las repáblicas federales anglo^ame'- 
ricana, .mejicana y goatemalteca, y con la de las^ 
consolidadas dé Cólíombia, Buenos Ayres, y el Perü 
no^ convenceremos de qtié la índole de la comstitu- 
cion cbilena, en vez de ventajas, solo promete' los 
tristes resultados de un régimen absoluto, acaso 
mas. dañoso que el que hasta aqoi tenia, porque 
al cabo las demasías podían hallar correctivo, 
mas en Ohile diez soberanos disponen de su suer • . 
te; y cuando el golpe de su poder llegue á l^e-^ 
rir á algún ciudadano, no hay autoridad ante quien 
reclamar, el agravio, tanto mas sensible cuanto se 
hace por manos encubiertas con el velo Ikongero de 
la libertad; 

lY después que se ha despojado al pueblo del> 
egercioio dejos prmeipales atributos de la soberanía^., 
no me ' dirá V. á qué viene la facultad que se deja 

- '* ■!■ lllllllMIBl , || I I I II Blllll ' - 

(*) Véase lo que 'dice el Sr. Egslna en el fol. 55 y 
62 de su| Memorias. 



SMO 



i las asambleas electorales de calificar la conducta 
de los consultores, del director, de los senadores, de 
los ministros y demás empleados ? ¿ Se ha querido con- 
tentar al pueblo con esta especie de censura ? ¿Y qué 
cenETura egercerá un pueblo tan desprovisto de luces^ y 
de ten sólido espíritu público^ como el Sr. Egafia 
nos demuestra estarlo el de Chile, y sobre el cual el 
director supremo influye inmediatamente por medio 
de' los gobernadores políticos y militares cuya mez- 
cla atentatoria de facultades, es el indicante mas fuer- 
te del despotismo á quien debe su existencia? ¿Y 
los legisladores que tanto miedo han manifestado á 
que el cuerpo legislativo aspirase al despotismo, si 
se le dejaba egerc^r libremente sus indisputables fun- 
ciones, no han recelado del abuso que esta ' especie 
de censura revolucionaria pudiera ocasionar á la 
república? 

¿Y qué me <lice V . de las facultades que se reúnen 
en el director supremo^ gefe del poder egecutivo? 
Dispone de la fuerza y de los recursos pecuniarios : 
tiene inmediata acción en los nombramientos de los 
empleados, y en la calificación de los beneméritos^ 
única que habilita los ciudadanos para ser diputados, 
senadores y directores : constituye los ayuntamientos : 
interviene indirectamente en el nombramiento de ios 
regidores, y disfruta el derecho de indicar las leyes 
al senado. Por manera, que haciendo cinco senada- 



801 



res la mayoría de este cuerpo, y siendo muy fácil 
á un hombre revestido de tamañas facultades con- 
quistar el corazón de un número tan corto de votos, 
queda en sus manos la formación de las leyes : co- 
mo tiene en las provincias gobernadores á su devoción, 
pues que de él pende su fortuna, revestidos con la fuer- 
za militar y la política, el gefe del poder ejecutivo se 
convierte en un absoluto regulador de los destinos de la 
nación : mas claro, es á mis ojos un mandarín mas 
poderoso que los generales que han gobernado las Amé- 
ricas en nombre de España, y cuyos retratos fueron 
reducidos á cenizas por los chilenos, cubierto con el 
nombre de director ; dictado menos modesto que el 
que llevan los gefes de las demás naciones ultramarinas* 
¿•Y podrá llamarse republicano el gobierno de Chile ? 
¿Podrá emparejar esta nación con la anglo-americana, la 
argentina, mejicana, colombiana, peruana y goatemalteca? 
¿Al reconocer la forma de su gobierno, no tendrán estas 
derecho para mirará Chile comoá una región que se ha 
separado de la comunión social dé las demás, sirviendo 
de matiz en el cuadro político que forma el mundo nue- 
vo aproximando sus colores á los del gobierno del Pa- 
raguay ? 

¿Y á que viene él procurador general qne establece la 
constitución de Chile? No se conoció entre nosotros este 
empleo, creado para promover el bien público, hasta que 
comenzó á ser muy tardía la reunión de las cortes y muy 

2 B 



202 



limitadas las facultades de los diputados ; pero en un 
gobierno como el de Chile, en donde hay, mal ó bien 
constituida, una representación nacional permanente, la 
existencia de este fantasma del espíritu de libertad so^ 
lo sirve para convencernos de que los chilenos disecaron 
las atribuciones propias de los diputados, repartiéndolas 
entre el senado, el director y el procurador general^ cu* 
yo nombre descubre la debilidad de su acción sobre el 
público general. 

I Y cómo se propagarán las luces en una nación co- 
mo la chilena, en la cual la imprenta sufre la tra« 
ba de la censura ? ¿ en un país en donde ademas 
de ser la intolerancia religiosa un dogma político, 
se prohibe escribir sobre disciplina eclesiástica^ y 
entrometerse en la moral que generalmente aprueba 
la iglesia católica? En Chile, pais que se llama 
librey i no ha de ser dado ilustrar al pueblo acerca 
de las relaciones que median enfxe el poder tempo- 
ral y el espiritual, ni contrarrestar los tiros de la 
usurpadora autoridad de la curia romana? ¿En Chile 
se han de dejar correr inpunemente las bulas in 
^oena y autorem Jidei^ en donde á pretexto de con- 
servar la moral se minan los cimientos del imperio? 
¿y se han de respetar obras fraguadas en el taller 
jesuítico • . . ? Si los chilenos cotejan las modernas 
disposiciones de sus regeneradores con las de la an- 
tigua metrópoli, encontraran motivos de desconsuelo. 



ao3 



Según la constitución chilena : no podrán re« 
imprimirse en aquella república los doctos y sabioe 
escritos de Macanaz, de Chumacero, de Roda, de 
Campomanes y Jovellanos, ni citarse las sapien- 
tísimas leyes de Indias, por la cone:^ion que tienen 
coa la disciplina, y. con lo que los famélicos 
curiales llaman moral^ para alucinar á los igno<^ 
rantes . y ati^rrar á los incautos* ¿ Y qué se en- 
tiende por moral generalmente aprobada por la igle^^ 
sia ? i Puede entenderse otra moral que la que 
dimana denlas máximas .del evangelio ? ¿Y se en- 
tiende por iglesia la congregación de los fieles 
cristianos, ó los concilios generales, ó el papa pre- 
sidiendo el areopago de los cardenales, ó sentado á 
la cabeza de su dataría? Es tan vaga la expresión 
de que se vale la ley, que me hace (Sreer eixprwtos 
á los. que intenten descubrir sus opiniones, ó ilustrar 
á los chilenos por medio de la prensa. 

2 Y qué libertad, y qué prosperidad puede pro- 
meterse una república, en la cual rio se nivela el 
número de diputados por la población, y se da á los 
representantes del pueblo el humilde nombre de cdfi- 
sultoresy huyendo del que designa sus augustas atri- 
buciones? Si el Sr. Egaña *' cree arriesgado el dar 
„ al poder ejecutivo el derecho del veto^ por ser 
„ atentatorio de la soberanía nacional, y por convertir 
„ al cuerpo legislativo en poco mas que lin conscgo 



2(H 



99 como el de Castilla é Indias/' yo me tomaré la 
Ucencia de asegurarle, que sobre no existir tal usur- 
pación, cuando se organiza el veto del modo que lo 
hacen las constituciones de las repúblicas federales 
y unitarias de América ; la cámara nacional chilena 
que inmediatamente representa al pueblo, tiene me- 
nores facultades que las que desempeñan los citados 
ccmsejos. En éstos reside el derecho de proponer las 
leyes, de dar su dictamen sobre las que el rey les 
consulta, y de detener hasta tres veces el cumplimien- 
to de las que emanan de su libre y absoluta volun- 
tad, representando sus inconvenientes. Todos los con- 
sejeros toman parte en el examen y deliberación: no 
se les fija plazo para verificarlo : todos pueden ma- 
nifestar individualmente su dictamen cuando no se 
conf<9rmen con el de la mayoría, y ampliar ó 
enmendar la propuesta. ¿Y en Chile qué sucede ? 
El número de los consultores se reduce á la mitad cuan- 
do han de ejercer sus funciones, que es lo mismo que 
disminuir la masa de las luces que deben contribuir 
al acierto : se les obliga á enterarse del negocio en 
setenta y dos horas : y se les reúne á las veinte y 
cuatro de anunciarse el veto. 

¿Hay en Europa nación alguna en donde se ob- 
serve tal conducta á pesar del carácter absoluto de 
sus gobiernos? Pueden los reyes sin consejo previo 
hacer las leyes que se les antoje, y apartarse de la 



306 

opinión de sus asesores ; pero disminuir su número 
cuando requieren su opinión, ponerles el dogal al 
cuello para que la enuncien, llevar el frenesí de la 
superioridad y la tiranía mental hasta el grado su- 
blimemente despótico de obligarles a contestar por 
trisílabos y cuatrisílabos^ es lo mas monstruoso de 
que ofrece ejemplo la historia de las naciones. 

,,Para evitar el influjo y partido externo, dice el Sr. 
,9 Egaña (*), se toma la precaución de reunir los con- 
yy sultores (diputados) á las veinte y cuatro horas de 
,, darse el veto, y la de sortear la mitad del número de 
„ estos para que la otra únicamente decida la cuestión'". 
Estas precauciones, amigo mió, son un verdadero aten- 
tado contra la soberanía nacional. ¿Con que para evitar 
el influjo exterior no se deja a los consultores el tiempo 
preciso para formar con imparcialidad y fundamento 
su opinión? ¡Para evitar el acceso de las luces de 
los sabios, y los consejos de la amistad y del patrio- 
tismo se les encierra en un cónclave leguleyo en el 
cual no se les deja oír otra voz que la de los con- 
tendientes ! Diez hombres ponen en tortura á veinte 
y cinco, establecidos y autorizados por el pueblo 
para velar sobre su bien. 2 Y las leyes, no son la ex- 
presión de la voluntad general libremente emitida ? 
¿ Y qué libertad se encuentra en unos hombres á quienes 



(*) Memorias políticas fol. 56. 



206 

fle les trata de un modo tal? La tienen c(Mnpleta 
loB senadores y el director para proponer, discutir y 
resolver, y se cercena á los que se dicen poderhabientes 
de aquellos á quienes se dirijen los resultados de las 
propuestas del director y de los senadores. ¡Horrible 
contradicción ! ¿Y se dirá que han manifestado libre* 
mente su opinión cuando no se deja á los que represen- 
tan esa misma voluntad general, el tiempo necesario 
para formarla y para calcular los bienes y los males 
que pueda producir lo que se quiere elevar á la 
cat^oEÍa de leyes ? La conducta de Chile en la 
materia, envuelve la idea de que hay un empeño ter- 
co en diez hombres de mandar á la nación absolu- 
tamente, haciéndola pasar por lo que ellos oreen serle 
nyiB conveniente. 

¿Y cómo se supone que en una corporación formada 
al estilo de la cámara de consultores de Chile se 
reúna, como dice á Sr. T^aña^ la soberanía nacional, 
cuando 4 los que desempeñan su ejercicio se les es- 
claviza de un modo tan opresivo? Si, según el artí- 
culo segundo de la constitución, la soberanía reside 
en la nación, y su ejercicio corresponde á sus re* 
preseníantes^ ; I por qué se les coartan sus facultades? 
¿porqué se les Umita este mismo ejercicio? ¿por qué 
se les impide obrar con entera franqueza en la deli- 
beración de las leyes? ¿Y cómo se sostiene que la 
mayor bondad de la institución chilena consiste en 



207 



ia organización de la cámara nacional f Para ase- 
gurarlo de buena fe, es preciso desconocer los princi- 
pios legislativos que el mundo entero reputa incon- 
cusos. La perfección de cualquiera gobierno republicano 
ó moderado en el punto en cuestión, consiste en el 
establecimiento de un congreso nacional, que por el 
número de vocales, por la franca entrada en él de los 
ciudadanos, y la libre facultad de proponer y votar, pue* 
da decirse que representa la nación, que esta conserva 
el noble ejercicio del poder soberano que en ella 
reside, y que sus deliberaciones son la expresión mas 
ó menos inmediata de su voluntad. ¿Y se encuentran 
estas cualidades en el congreso de Chile, en el cual vein* 
te y cinco hombres hacen las veces de un millón y 
quinientos mil, y otros nueve con el titulo de sena** 
dores ejercen las funciones que debe desempeñar un 
cuerpo conservador, compuesto de individuos cuyo nú» 
mero les pusiera á cubierto de las tentativas del po- 
der doméstico? ¿ En un congreso como el de Chile 
formado de diputados elegidos por la mitad de los 
que debieran , tomar parte en ello, y elegidos, no 
por la libre manifestación de las opiniones de los 
electores sobre el mérito de los candidatos, sino 
sobre los que les designa la tabla misteriosa de 
los beneméritos foxnmdEí por el senado y el director: 
en un congreso en fin, cuyos individuos están conde- 
nados á no ejercer sus cargos hasta que la fuerza 



238 



de una disputa entre los diez soberanos, los reúne para 
decidirla, pero circumbalados de fórmulas ridiculas, 
buenas para asegurar el mando absoluto de unos po- 
cos sobre la obediencia de la muchedumbre? 

Concederla iniciativa de las leyes al director raan- 
comunadamente con la cámara administrativa ó con- 
sejo de estado, compuesto de empleados de nombra- 
miento de aquel, despojando de esta prerogativa á los 
diputados ; es poner en manos del gobierno la función 
mas grande y de mayor trascendencia de las que distin- 
guen á la soberanía. „ Esta disposición, que á juicio 
„ del Sr. Egaña, consigna en quien conoce la necesidad 
„ y oportunidad de la ley, el derecho de proponerla, y 
„ se evita uno de los mayores errores que suelen come- 
„ terse en política, cual es el derecho de sanción dado 
„ al poder ejecutivo," en mi dictamen pone á la 
nación chilena bajo la tutela de los eclesiásticos, milita- 
res, togados y rentistas, reputándola incapaz de conocer 
y de promover sus verdaderos intereses. ¿ Y esto se lla- 
ma perfección de un sistema político ? El pretexto con 
que se justifican las novedades tan substanciales 
como sorprendentes que encierra la constitución chi- 
lena, es mas especioso que atendible. Evitar se dice, 
los choques del cuerpo legislativo y el ejecutivo I 
Esto solo . se logra con la interposición del senado ; 
cuyas funciones deben reducirse, á templar las efer- 
vescencias populares, y á celar la conducta del gefe 



209 



supremo, eon la amovilidad de los diputados y la 
mayor duración de los senadores : con una exacta y 
bien marcada descripción de las facultades del con* 
greso, con el eficaz antídoto de las responsabilidades ; 
y con el derecho concedido al gefe supremo de de- 
tener el curso de las nuevas leyes, cuando hallare 
algún inconveniente en su ejecución. Lo demás es 
empeñarse en evitar los choques, poniendo en manos 
del poder ejecutivo, propenso siempre al abuso, 
los instrumentos de la opresión. 

^< Para que el cuerpo legislativo con la augusta 
„ dignidad de representar inmediatamente á ht nación, 
„ no pretenda abrogarse pías facultades que las ne« 
„ cesarias para su comisión, y para que no se cons- 
„ tituya en déspota perturbador de la constitución, 
„ continua el Sr. Egaña, el pueblo en sus eleccio- 
„ nes solo le concede la facultad de que le represen- 
„ te en un acto momentáneo, ^^ ¡ Convertirse en déspota 
un congreso nacional, cuando se componga de un 
número de individuos proporcionado á la población ! 
¡ abrogarse mayores facultades que las que le cor- 
respondan ! Aseguro á V. que no lo entiendo. ¿ Y 
á los legisladores chilenos no les ha ocurrido otro 
medio para evitar este abuso, imposible de realizarse, 
que el de limitar el número de diputados, que es 
precisamente el único camino de facilitarle ? ¿Es 
posible que hayan temido la inclinación al despotis- 

2c 



210 



mo en unH asamblea de hombres, cuya autoridad 
solo dura dos años, y no en un senado compuesto de 
un corto número de vocales, y con una autoridad 
mas duradera que la de aquellos ? 

¿ Y qué diremos del articulo de la constitución 
de Chile por el cual se obliga á los cuidadanos á 
enterarse de las prendas de los candidato» para 
la cámara nacional en un día ? Diremos que el 
legislador ha mirado con celosa suspicacia al pue- 
blo, cuando ejerce las funciones mas importantes 
de la soberanía, y que á pretexto de corregir de- 
masías, le ba llenado de cadenas, desfigurando la' fi- 
sonomía, y alterando la forma constitutiva del go- 
bierno republicano, con cuyo goce le ha lisongeado. 

Concluyamos, amigo, porque si hubiera de decir 
cuanto me ocurre sobre la constitución de Chile, ne- 
cesitaba escribir un tomo en folio ; con que scm tales sus 
defectos, que en mi opinión no solo no es digna de ponerse 
en el grado superior que la concede el Sr. Egaña, mas 
ni aun de cotejarse con . (as que se han proclamado 
en Hispano-América, en las cuales brillan otro tanto 
los rectosprincipios de la política, cuanto se encuen- 
tran subvertidos en aqueUa. Que eLSr. Egaña, ni 
con BUS argumentos, ni con el modelo que en su república 
ha presentado, como cuerpo de reserva de sus ra- 
ciocinios, logra probar los vicios de los gobiernos 
republicanos federativos, y. las ventajas de la novísima 



211 



república chilena : y finalmente, que de los datos que 
ha presentado, y de los que hemos traido en cont^^ 
se deduce, que las repúblicas federales son mas úti- 
les que las consolidadas. 

Sin embargo, no es mi ánimo acalorar á las na- 
ciones americanas á que abandonen momentánea- 
mente los gobiernos que hubieren abrazado, cam- 
biando repentinamente su forma por la JederaL 
£sto seria un arrojo que prodnciria males sin cueu- 
to. Dando como doy el parabién á las que la han 
admitido; solo aspiro á que las demás aprovechán- 
dose de la calma que disfrutan, y de la superiori- 
dad indisputable que su posición geográfica y po- 
lítica les da sobre sus enemigos, caminen á la fede- 
ración, seguras de obtener tan rápidos y mayores 
resultados que los que han conseguido los anglo- 
americanos. 

I Y cómo no esperarlo de su carácter y decidido 
amor á la libertad ? ¿ Cómo no esperarlo de la 
cooperación de los directores de la revolución del 
Nuevo Mundo, y hasta de los esfuerzos de los que 
quizás hayan sufrido algún dia los daños de una 
extemporánea adopción del régimen federal ? Si las 
épocas de inquietud no son á propósito para estable- 
cer este sistema, las de la paz y de los triunfos son 
las únicas en que pueden llevarse á cabo con in- 
mensos resultados. ¿ Y el genio victorioso que pro- 



212 



tege á los hispano-ramerícanos, no reservará esta nue« 
va corona de gloría para el hijo de la guerra^ para 
el hombre á quien los combates ha^ elevado á la ma-» 
gistraturaj para el ciudadano ilustre que ofre^ 
ció hacer sacri^io» en el ara sania de la patria^ y 
^e al tomar posesión de la presidencia de su repú- 
blica, estableció la máxima de que esta no podía 
. existir donde el pueblo no estuviese seguro del 
ejercicio de ^ sus propias facultades} ¿El qae 
llenó de gloría su. patria, y saeó de la opresión i 
otros pueblos, al restituirse á sus . hogares no influirá 
eficazmente en dar al gobierno que le dirige la forma 
mas perfecta, haciendo él el primero el. sacrificio de su3 
derechos en di ara de la felicidad de su nación ? 
Los hombres libres esperan, confiados, el dia en que 
el guerrero ilustre que ha asegurado la independen- 
cia americana, se ocupe en dar á la libertad todas laa 
garantías necesarias para su conservación. 

Filadelfia, 
16 de Enero de 1826. 



FIN. 



LONDRES ! 

Imprenta Española de M. Calero, 17, Frederick Place, Goswell 

Road. 



ERRATAS, 



Pág. Lin* Dice, 



19 


6 


23 


20 


55 


12 


97 


17 


115 


26 


118 


19 


174 


6 


176 


3 



resaltarán 

contribuyentes 

consiguen 

respectar 

hibernica 

11.000,000 

120.0000,000 

llevaba 



Léase, 

resultaran 

constituyentes 

consignen 

respetar 

hibérica 

12.000,000 

18.000,000 

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